Entre la necesidad y la responsabilidad

Deportes 01 de junio de 2020 Por Redacción
Todo ha sido concentrado sistemáticamente desde hace décadas y en ocasiones como estas, el federalismo se ha quedado tomando café en la mesa de al lado, lejos de las decisiones trascendentes, demandando algo de misericordia.
Ver galería FOTOS ARCHIVO D'HOOGHE. "El mundo no está preparado para que vuelva el fútbol competitivo".  ALEMANIA. El festejo con el "codito" de Haaland y Hazard de Borussia Dortmund.
1 / 2 - FOTOS ARCHIVO D'HOOGHE. "El mundo no está preparado para que vuelva el fútbol competitivo". ALEMANIA. El festejo con el "codito" de Haaland y Hazard de Borussia Dortmund.
No se trata de un falso dilema, en todo caso es un dibujo pendular que golpea incesante ambos extremos y distorsiona, lo que podríamos llamar, sentido común.
El tema no está agotado ni mucho menos; la pandemia y su dinámica, sigue ofreciendo un escenario futuro complejo, frente a las escasas certezas y al amplio espectro de incertidumbre en casi todas las actividades, que han perdido sus tradicionales parámetros.
Los deportes de alta competencia se fueron relegando en ese marco donde los aspectos sanitarios, desplazaron drásticamente los derechos individuales y los hábitos comunitarios; en consecuencia, aquello que se produjo a fuerza de decretos en todo el planeta poniendo el tiempo a cero, ahora frente al desafío de reimpulsarlo, se ofrece alicaído y plagado de objeciones.
Dice el doctor Eduardo López, miembro del equipo asesor del Gobierno Nacional: "Para la vuelta del fútbol, el coronavirus tiene que ser un virus de contagio ocasional, disminuir la cantidad de casos a un ritmo menor al 1 por ciento diario".
Dice el presidente del Comité Médico de la FIFA, doctor Michel D'Hooghe: "El mundo no está preparado para que vuelva el fútbol competitivo. Espero que esto pueda cambiar rápidamente, pero necesitamos más paciencia" y luego amplió, "es la situación más dramática que hemos vivido desde la Segunda Guerra Mundial, no deberíamos infravalorarlo. Tenemos que ser realistas, el fútbol solo es posible si el contacto es posible de nuevo".
Dice Luis Cereijo, epidemiólogo y profesor de Ciencias del Deporte de la Universidad de Alcalá de Henares: "Para tener la seguridad de que un jugador infectado da positivo, como mínimo tienes que esperar una semana desde que se produce la infección".
Estas argumentaciones que se presentan como irrefutables, han calado hondo en el ánimo del mundo del deporte y si bien en los últimos días las señales de reactivación han devuelto las expectativas, perdura la dicotomía entre la necesidad y la responsabilidad.
Ya sabemos desde la lógica científica todo aquello que no es posible recuperar en las condiciones previas a la devastadora presentación en sociedad del Covid-19; también entendemos los riesgos a los que se someterían deportistas y sus entornos mientras no se pueda inocular a la población y los otros efectos colaterales de una enfermedad que se contrae con facilidad, pero que dejarla atrás, conlleva un tiempo de zozobra; ahora bien, la prolongación de la inactividad ha comenzado a hacer mella en ese tejido que en general, siempre se mostró saludable, pero que esta avalancha que se vino encima, parece haberlo debilitado peligrosamente.
Hay miedo y en alguna medida culpa, por persuadir a las autoridades del escaso margen que hay entre devolver esos alicientes a todas las disciplinas deportivas o aplastar sus últimas fuerzas.
En nuestro país, en la tabla de prioridades, el debate sobre los tiempos y las formas de las nuevas competencias, está opacado por las estadísticas y las asimetrías regionales; mientras que en lo que se define como AMBA (Area Metropolitana de Buenos Aires) la propagación del coronavirus es exponencial y angustiante, en el resto de nuestro territorio, el virus ha encontrado barreras que por el momento, impiden su circulación, alentando así a la reactivación del entramado productivo.
Esas dos caras de una misma realidad, recorta las mejores intenciones de trabajar para alcanzar los principales lineamientos de un protocolo común, que respalde los proyectos de regresar a las competencias profesionales.
Todo ha sido concentrado sistemáticamente desde hace décadas y en ocasiones como estas, el federalismo se ha quedado tomando café en la mesa de al lado, lejos de las decisiones trascendentes, demandando algo de misericordia.
El fútbol argentino, por ejemplo, no tiene un plan de contingencia, no por falta de creatividad, sino de acción solidaria, de esa pisca de autonomía que en estos tiempos se deja ver de forma patética, por lo tanto, toda su geografía se hunde en ese ombligo que lo condiciona absolutamente todo.
Cuando se especula sobre el legado de esta crisis y las nuevas tendencias a incorporar, una de ellas debería ser la de una discusión profunda sobre los valores federales tan fuertemente declamados y tan pobremente ejecutados.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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