Del fogón en la Rural a las primeras elecciones del Centro de Estudiantes

Locales 23 de mayo de 2022 Por Redacción
Me pidieron escribir una columna para LA OPINIÓN sobre mi experiencia como estudiante y docente. Y opté por centrarme en aquellos buenos viejos tiempos antes de obtener el título.
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Por Sergio Sara

Los cincuenta años de la Facultad Rafaela de la Universidad Tecnológica la encuentran como una institución activa, referente y reconocida por la calidad de sus egresados. De los 44 años de relación ininterrumpida que llevo con la Facultad, quiero referirme a la época que con más cariño recuerdo, que fue la de estudiante. Son innumerables los momentos y anécdotas vividos, pero deseo destacar algunos que fueron una construcción colectiva y abarcaron distintos aspectos del quehacer universitario.
El Fogón estudiantil es un emblema genuino de los estudiantes de la UTN Rafaela, que nació a finales de los 70’ cuando estábamos en la necesidad de visibilizar el problema, que a nuestra Casa de Estudios la dictadura cívico militar, le había quitado a la Delegación local 4 de los 6 años de dictado de las carreras de Ingeniería Electromecánica e Ingeniería en Construcciones. Solo podíamos cursar aquí 2 años. El gobierno militar consideraba que el desarrollo de universidades en el interior del país fomentaba la creación de elementos “perturbadores” para la sociedad (asociaban a eso a los estudiantes) y en los centros de estudios más grandes y tradicionales, les era más fácil controlarlos. Pese a que esa retrógrada medida fue impuesta, la comunidad de Rafaela reaccionó y se movilizó para revertir la situación. En ese contexto, nació el FOGÓN de los estudiantes que comenzó a repetirse todos los años el 20 de septiembre, como un momento de compartir y disfrutar de los estudiantes secundarios, guiados y organizados por los estudiantes universitarios. Pero también trascendía en forma paralela un verdadero acto de protesta en plena dictadura, por la injusta decisión de no permitir a Rafaela desarrollar su deseo de formar universitarios en la ciudad.
Más de 2.500 estudiantes y jóvenes se congregaban en el predio de la Rural, identificados por escuelas, saltando en una tribuna que gracias a Dios resistió, pero puedo asegurar que temblaba. Alentaban a sus candidatas a reinas, a grupos de representaciones teatrales, musicales, de magia, grupales o individuales que actuaban en el escenario que tenía al Lolo Bauducco como maestro de ceremonia y en alguna oportunidad también al Gran Quique Pessoa, gustos que nos dábamos por aquella época. Fluía creatividad y era una cosa muy pensada cada año, el momento de encendido de los tres fogones que presidían el encuentro y daban comienzo al mismo.
De las representaciones en el escenario lo más destacado que recuerdo, era un rejunte integrado por alumnos del Instituto de Profesorado y otros que ya habían emigrado a estudiar fuera de la ciudad, que se llevaban siempre el primer premio. Lencioni, Perotti; Galfré (gran juliense) son algunos de los que me vienen a la mente de ese grupo, siendo digno destacar aquella actuación del Dani Galfré caracterizando un obrero con mameluco de SeMATA, quien, emulando una propaganda de televisión, corría detrás de un sándwich de mortadela y caía en forma espectacular del escenario; fue simplemente una actuación memorable.
Los momentos de camaradería y festejo en la vida de los estudiantes universitarios son un sello de identidad que nunca falta. De los incontables que vivimos los de "electro" y los de construcciones en aquella época, se distinguen sin ninguna duda los encuentros entre profesores y alumnos que hacíamos en la quinta de los Ricotti. Lelia en el aula se desvivía para que aprendamos inglés y sepamos traducir textos técnicos de ese idioma y Raúl nos enseñó, nada menos, que Estabilidad con una calidad de conceptos que aún hoy tenemos presentes. Pero a la hora de los encuentros en su quinta, se transformaban en magníficos anfitriones y creaban un clima especial que en el presente todavía, causa alegría recordarlo. Cuando la chopera empezaba a alivianarse y las botellas vacías de tinto se iban acumulando, aparecía Raúl con su guitarra y entre otras canciones entonaba su particular versión de “Cuando los santos vienen marchando”, indicando que la fiesta iba a ser larga.
Ramón Mito Larriqueta era el encargado de abrir el momento de los cuentos y los chistes, siempre previa lectura en su machete donde tenía escritos un montón de ellos, haciendo con su particular forma de contarlos que sea siempre un momento esperado y muy divertido. Mario Astesano también aportaba lo suyo en materia de cuentos y el festejo continuaba. También compartía con nosotros, en la quinta de los Ricotti el inconmensurable y eterno Cachulo, que sin previo aviso era buscado donde se encontraba y "secuestrado" junto a su guitarra, para acelerar el ritmo de los encuentros lo que con el tiempo lo transformó en uno de los nuestros.
 Lelia, Raúl, Mito, Licho, Miguel, Hugo, Marcos entre los profes y Silvia, Pancho, Mario, Daniel, Mari, Perci, Liliana, Nanci, Susana, Juan Carlos, Norma, Jorge, Dani, Nono, Marcelo como estudiantes son los que recuerdo. Perdón por los que no recuerdo.
La democracia llegada al país y consecuentemente a la Universidad a partir de finales 1983, marcó el comienzo de la participación activa de los claustros Docente, Graduados y Estudiantes en el gobierno y todos los aspectos de la vida universitaria. Nuestra Unidad Académica en ese momento no fue la excepción y Miguel Crispín en su carácter de Director Normalizador, se abocó a la nada sencilla tarea de organizar y democratizar los claustros mediante elecciones transparentes y muy participativas, especialmente en el claustro estudiantil donde dos listas pugnaron por ganar la conducción del Centro de Estudiantes.
En particular, junto con Jorge, Marcelo y Daniel volvimos de San Francisco, donde tuvimos que irnos durante 1983 a cursar quinto año allá porque la gran tarea de la FUR Fundación Universitaria Rafaelina, la comunidad universitaria completa de nuestra Casa de Estudios, el gobierno municipal y todas las fuerzas vivas de la ciudad, que había provocado la apertura de tercer y cuarto año, se topó con una resistencia infranqueable a la apertura de quinto.
El regreso para cursar sexto aquí en Rafaela, nos presentó un cronograma electoral de elecciones del claustro estudiantil, que vencía muy pronto y si bien había en carrera una lista de Franja Morada que era encabezada por el Chano Segovia, algunos estudiantes no convencidos de esa opción, vieron en nosotros recién llegados, la posibilidad de plantear una nueva alternativa para la compulsa electoral. La movilización del grupo fue espectacular, se designó a Jorge Pruvost como cabeza de la lista y se completó rápidamente la misma con varios chicas y chicos que se sumaron a la movida. El nombre de la lista y los panfletos de difusión fueron tomados de una agrupación estudiantil que actuaba en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL, denominada LEA que derivó en nuestro LEI (Línea Estudiantil Independiente). Los panfletos para sacar ideas y formato, recuerdo haber ido a buscarlos a calle Brown donde empezaba el pavimento a la casa de un tal Omar Perotti.
La compulsa fue muy reñida pero LEI ganó en forma sorprendente y Jorge Pruvost fue el primer presidente de Centro de Estudiantes elegido democráticamente en nuestra querida Facultad, lo que nos permitió también ser par parte de la FUT, Federación de Universitaria Tecnológica que agrupaba a todos los Centros de Estudiantes de las distintas Facultades Regionales, cuyos congresos fueron verdaderas cátedras de discurso político y militancia universitaria, que tuve la oportunidad de compartir con Jorge en más de una oportunidad.
La vida universitaria no son solo las aulas y los laboratorios y todas las alternativas que ofrece, merecen ser vividas por los integrantes de la comunidad educativa. Transformarse en inquietos por naturaleza es una opción que debe experimentarse.

* Ingeniero Electromecánico graduado en la UTN Rafaela, actualmente a cargo de la Seccional de FAGDUT. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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