La formación profesional en el arte*

La Palabra 04 de abril de 2020 Por None
por María Alba Bovisio - docente e investigadora (Buenos Aires)
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archivo María Alba Bovisio - Viaje iniciático: Machu Picchu, Perú, un referente valioso para María Alba Bovisio

Mi formación es bastante particular porque el campo de la historia del arte prehispánico es un campo muy incipiente hablando en términos históricos. Me formé en la UBA en la carrera de Historia de las artes que ahora se denomina Carrera de artes. La Historia del arte es la carrera que tuvo materias dedicadas a lo prehispánico y a las artes populares en los años setenta. Después por supuesto todo eso desaparece durante la dictadura, y reaparece y se institucionaliza la materia, la asignatura Historia del arte precolombino a mediados de los ochenta. O sea que en términos históricos es ayer. Aún más frente a una Historia del arte europea que va a remontarse al Renacimiento. En ese sentido está todo por hacer. Y hay un trabajo muy arduo de configurar realmente una importancia de la conciencia de lo interdisplinar de lo que puede aportar cada disciplina. Porque en general si pensás quiénes estudiaron los objetos que provienen del registro arqueológico: la arqueología básicamente. Pero lo cierto es que esos objetos son objetos históricos, escultóricos, o sea los podés pensar en los mismos términos que podés pensar en cualquier escultura como objeto construido en la tridimensión, con materiales, portador de una imagen. Tradicionalmente en la Argentina tenemos una incipiente arqueología a fines del siglo diecinueve, que a principios del siglo veinte se institucionaliza con el campo disciplinar que se inscribe en el ámbito de las universidades, en La Plata, en Buenos Aires, Ambrosetti empieza las excavaciones sistemáticas, campañas y expediciones. Vale decir en ese momento la Historia del arte existe en la Argentina, pero abocada netamente a lo europeo o el arte argentino del siglo diecinueve en adelante que claramente tiene una impronta europea porque todas las academias latinoamericanas se fundan en modelos europeos. Entonces cuando se pensaba en Historia del arte, la historia del arte se ocupaba claramente de esos objetos, que se inscribían en el campo de las bellas artes, fundamentalmente escultura y pintura, y en segundo lugar grabado y dibujo, y después la arqueología claramente se ocupaba de estudiar objetos que provenían de excavaciones del sitio arqueológico. Es muy incipiente y nuevo el momento en el que se empieza a pensar que esos objetos que provienen del sitio arqueológico, igual que los que vienen de la antigua Grecia, o de Egipto, o de la Mesopotamia, también son objetos que se rescatan en un sitio arqueológico, y demandan no solo el abordaje que puede plantear un arqueólogo, con todo lo que provee la arqueología, saber cómo excavar, estudio del contexto, análisis de orden material, los sistemas de datación, etcétera. Pero hay una dimensión que es la dimensión de la imagen, la arqueología como disciplina no provee herramientas para el análisis específico de la imagen, aunque un arqueólogo lo pueda hacer, y hay que echar mano obviamente a elementos teóricos y herramientas que claramente vienen de la Historia del arte, vienen de la psicología del arte, vienen de la psicología de la percepción, vienen de todo el campo disciplinar que estudió el problema de la imagen, de la sociología del arte, de la iconografía, de la iconología, de distintas vertientes de la Historia y de la teoría del arte que se ocuparon de estudiar qué es una imagen, cómo se configura, cómo incide la percepción humana y la relación entre la percepción, la imaginación y la figuración. Toda una problemática que es muy específica.

Continuar los estudios

Todas las herramientas que tenían que ver con la teoría y la Historia del arte fueron dadas durante mi formación en la Facultad de Filosofía y Letras. Después cuando me recibo de Licenciada y Profesora en Historia de las artes, elijo hacer el doctorado con un objeto que tiene que ver con estudiar los problemas teóricos metodológicos para abordar objetos arqueológicos. Objetos que entiendo entran dentro del campo de las artes más allá de discutir la relación con la idea del arte como obra de bella o no bella. Toda esa problemática de identificación del arte con lo bello la corro, no me interesa. Y sí me interesa siguiendo una línea que hace varias décadas está muy vigente y muy presente en campo de la Historia del arte, pienso que me importa a mí cómo funcionan los objetos portadores de imagen. Lo que me interesa es encararlo dentro de una antropología de la imagen. Y la mirada para saber qué función cumple en las sociedades hermanas las imágenes, implica una mirada completamente amplia, donde podés influir desde una obra clásica hasta arte popular, hasta arte prehispánico. Cuando decido hacer mi doctorado sobre este tipo de objetos, sobre arte prehispánico, elijo un período que es el período medio que está identificado sobre la cultura de la Aguada, elijo un director que viene de la arqueología pero también de la historia, que es el doctor José Antonio Pérez Gollán, y que se había especializado en ese período, él era discípulo del Alberto Rex González, que es un arqueólogo pero que tuvo una formación en Estados Unidos vinculada al campo de la Historia del arte, era un conocedor de la teoría del arte. Entonces ellos se inscribían en una línea que justamente permitía el diálogo interdisciplinario. Cuando ingreso al doctorado la comisión de la carrera -en la UBA- te señala áreas en las que tenés hacer seminario. Ahí sugieren y de la oferta que te dan, elegís. Tenía que hacer cuatro seminarios, y fueron vinculados a la arqueología del NOA, a teoría arqueológica, a etnohistoria, al uso de fuentes coloniales para analizar el pasado prehispánico. Y elegí un corpus de seminarios, algunos más teóricos, uno fue sobre estructuralismo en antropología, uno de etnohistoria, uno sobre área surandina que es el área en el que se inscribe en NOA y uno vinculado a la teoría de la historia y etnohistoria. A medida que estudiaba y desarrollaba mi tesis, mi énfasis fue combinar -y de hecho fue mi tesis- la lectura de textos que vienen de la antropología, de la psicología del arte, de la semiótica, textos con el estudio arqueológico que ya se había hecho sobre esos objetos. Y a partir de ahí, todo mi trabajo después dirigiendo grupos de investigación y el trabajo que hago en general apunta a desarrollar algo que todavía es muy incipiente que es un campus donde estos objetos se inscriban dentro de la historia del arte argentino. Por eso cuando el año pasado inauguramos en el Museo Nacional de Bellas Artes, la sala de Arte prehispánico, que curé, estuvo a mi cargo, quise empezar esa sala dedicada al arte de los pueblos del noroeste argentino, porque me interesaba empezar a inscribir el pasado prehispánico dentro de la historia del arte argentino. Que cuando lo decís, parece obvio, pero no está. Cuando a los chicos adolescentes les decís culturas originarias te dicen mayas, incas y aztecas. Aunque las fronteras no existían, hay una especificidad en el área que hoy forma parte de territorio argentino que se desconoce y el NOA que era un área densamente poblada tuvo una producción muy interesante, quizás no con la grandilocuencia de México o Perú, pero en el NOA hay situaciones sociales complejas, lo que permitió un desarrollo de la cultura material muy importante de tecnologías muy complejas, en metalurgia, textil queda muy poco pero hay indicios de un desarrollo de esa industria, ni que hablar de la cerámica, de la lítica, de espectaculares trabajos en la piedra de momentos muy tempranos, como el seiscientos antes de Cristo. Tienen relación con el mundo andino, pero también tienen especificidad. En cada valle había gente que le daba una impronta específica. Los famosos suplicantes de los que tanto se habla, pero es porque no encontrás absolutamente nada comparable en otras áreas. Entonces ahí hubo un grupo de escultores que tuvieron una tradición, plástica, técnica, iconográfica, que la desarrollaron hasta que se terminó. Para mí el aporte de la Historia del arte es que suple el problema propio que es el estudio de la imagen, el rol que cumplieron las imágenes entendidas en su materialidad, contexto, complejidad. Y creo que ése es un aporte que es ineludible que si vos rastreás en la Historia del arte argentino, cada vez que desde la arqueología se planteó algo vinculado a la interpretación del análisis de las imágenes ineludiblemente esos arqueólogos tenían que recurrir a marcos teóricos que provenían del campo de la historia y de la teoría del arte. A mí no me interesa la disputa de quién es sino abrir el diálogo y reconocer que hay un problema específico que hace a la interpretación de la imagen. Y no es un problema colateral. Puedo necesitar para sacar este objeto de una tumba a un arqueólogo, ahora una vez que los sacamos, voy a necesitar pedirle ayuda para un análisis, dataciones, información específica del terreno, del registro arqueológico, del contexto, y todo eso es clave y fundamental. Pero eso no cubre analizar cómo está hecha la imagen, qué procedimientos metafóricos, si hay sinécdoque, si hay anatropismos, qué relación tiene, cómo puedo o no identificar esa imagen con algo existente en el mundo real que me lleva al problema de la percepción, cómo funciona la imaginación, la configuración de imágenes mentales, entonces hay todo un núcleo importantísimo del problema que la arqueología no menciona. A la vez si no tengo toda la otra información me quedo sola en el análisis del objeto. La intención es ésa, trabajar desde ese lugar. En mi caso estoy trabajando con objetos de colecciones no de excavaciones. Porque todo lo que está en los museos proviene del huaqueo, de excavaciones ilegales, no sistemáticas, entonces necesitás analizarlo y la manera que tenés es cómo hago poner estos objetos en relación con objetos que sí se sabe de dónde provienen. Puedo analizar toda una dimensión, pero también necesito después ir a ver qué me dice la arqueología para que me confirme y que me dé información contextual. Del mismo modo que se haría con un objeto histórico. Encuentro un cuadro, digo que puede ser de tal siglo o de tal momento, cómo lo inserto en su realidad histórica y seguramente voy a apelar a historiadores. Para poder hacer hablar a los objetos en algún momento necesitás de distintas disciplinas porque ninguna por sí sola se basta. 

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a María Alba Bovisio

 

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