Sensaciones y sentimientos

Sociales 26 de marzo de 2024 Por Redacción
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18 sensaciones

DEFENDIENDO A LINDA

Por Hugo Borgna
Si se la atiende bien, encierra una semicrítica encubierta, y aparenta ser elogio. Se podría decir, sin ser despreciativo, que es una palabra solamente linda y con eso ya estamos en tema.
En un lindo tema.
Las dificultades de aceptación de “linda” como palabra decisiva no están en las conversaciones diarias de la gente. En esas circunstancias se luce y define con precisión: es muy útil cuando se quiere elogiar y no se encuentra vocabulario más preciso.
En lo que hace a la escritura empiezan los cuestionamientos. Entran en juego valores tales como que no es bueno incurrir en repeticiones de vocablos que hayan perdido su brillo debido a su permanente uso.
“Linda” es más que necesaria cuando una mujer quiere hacer sentir bien a otra y le dice, respecto a su vestuario, que está “muy linda”. Allí la palabra brilla en todo su esplendor: pero si quien la dice practica la escritura, en sus textos para publicar no usará “linda”, sino “hermosa” o “bella”.
La literatura pide que no se caiga en lugares comunes ni en vocablos gastadas por el uso generalizado. Puede ocurrir que cuando se describa una situación ideal de una pareja, se diga que han tenido una linda relación, que ella en el casamiento haya lucido un lindo vestido blanco y que hayan ido a vivir a una linda casita blanca.
Igual es la situación cuando hay que definir como “fue” la película que alguien acaba de ver (queda aclarado que el hecho de terminar no hace que la película en cuestión desaparezca). Puede suceder que quien acaba de mirarla no tenga demasiado conocimiento técnico, ni tiempo para pensar en cómo decir su conclusión, ni -como también sucede- ganas de ponerse a pensar una respuesta más profunda o, para decirlo mejor, que eso lo averigüe mirándola.
Para cualquiera de esas circunstancias está, serena y paciente, la palabra en cuestión, que no luce como de significado punzante y certero, pero hace salir del apuro, ya que quien vio hace poco la película está ahora en otra cosa más importante: experimentar la ficción de los propios sucesos. La respuesta a la cuestión llega como anillo apto para cualquier dedo: la palabra “linda”, servicial y siempre sonriente está aceptando con buena predisposición ese modo impensado de ser suplente de sus propios sinónimos.
(Por supuesto, el modo de experimentar cada vida puede verse como ficción o como realidad sonora e irrebatible, pero ese es un tema de cada uno que hace a la libre discrecionalidad y albedrío. No invadiremos ese sector con paralelas cuestiones de léxico).
Y llegamos al punto de la discriminación hacia “linda”. La novia en cuestión estaba “hermosa, con esa elegancia natural que la caracteriza”; la casa en que empezó su vida de casada pasó a ser “confortable, con bellos espacios interiores y, en cuanto al color, tiene la tonalidad de encanta dores sentimientos de pareja”. La película vista es “sugestiva, con estremecedor suspenso, acción ininterrumpida y música que se apodera de los sentidos. Si se trata de una romántica, se está cerca de decir que esa película es “linda” y así cerrar la definición y clasificación, pero tampoco se llega a ese extremo: se la define con un profundo suspiro que culmina con el sonido “ah…”
Con todo, hay situaciones en que resulta irreemplazable, habiendo ganado el derecho de ser titular. Hay ejemplos. Si alguien conocido nos muestra un ambiente o casa recién pintada o el auto que compró, se debe decir, con expresión de entendido, es “lindo” o “linda”, según la circunstancia. Y hacer un prudente silencio para que en la palabra se apoye todo el peso de la opinión.

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