Anticipan balances críticos de la comunicación de Milei

Notas de Opinión 17 de marzo de 2024 Por Redacción
Los expertos son muy duros con la estrategia comunicativa del gobierno. Le objetan que no está a la altura del desafío de un presidente con muy poca sustentación parlamentaria. Las últimas encuestas muestran un desgaste prematuro de la imagen de Javier Milei.
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Por Diego Dillenberger

El próximo martes los medios de comunicación van a hacer balances de los primeros cien días de gestión del presidente Javier Milei. Luego del rechazo en el Senado del mega DNU de más de 300 leyes con el que inició su mandato y el fracaso de la votación de la Ley Ómnibus en Diputados en febrero, tendrán más errores que aciertos para enumerar.
Pero habrá otro boletín de calificaciones que tampoco será positivo para el presidente libertario: cómo llega al final de esos imaginarios cien días de “luna de miel” con la opinión pública. No existe algo así como un mandato para medir los primeros cien días en los que -según la tradición estadounidense- un presidente tiene un período de gracia con el pueblo.
Pero en el caso de Javier Milei -un presidente casi sin representación parlamentaria y sin un solo gobernador o intendente de su partido- la vara de su poder se mide en las encuestas. Los políticos aliados y opositores miran los sondeos de opinión como con ningún otro mandatario en la historia de la democracia para poder olfatear el nivel de poder del economista.
Para conservar su cuota de poder, Milei precisa mantener el mayor nivel de imagen y aprobación posible. Necesitaría estirar su buena imagen para que la “luna de miel” con la opinión pública rinda por lo menos hasta las próximas elecciones de medio término del año que viene.
¿Lo está logrando? Un panel de más de cien profesionales de comunicación, consultores y encuestadores cerrado el pasado jueves indica que no es bueno el trabajo de seducción de la opinión pública que está haciendo el Presidente: “improvisada, amateur, confrontativa, desordenada, mala, agresiva”: así ven la comunicación los expertos, según la nube de palabras de un sondeo realizado por la revista Imagen.
El 40 por ciento de esos profesionales convocados por ese medio especializado en comunicación y opinión pública evalúa, a horas de cumplirse esos míticos cien días, que es directamente mala su gestión de la comunicación; mientras que otro 40 por ciento la ve regular o mediocre. Apenas el 20 por ciento le da “pulgar para arriba”.
La visión de los encuestadores, consultores y ejecutivos de Relaciones Públicas de empresas va en línea con las encuestas de opinión pública que se publicaron la semana pasada y que anticipan unos cien días con un final abrupto para la “luna de miel”. La encuestadora D’Alessio IROL Berensztein venía midiendo aprobación de gestión desde hace más de dos años, incluyendo el triste final del gobierno de Alberto Fernández.
Las curvas de negatividad y positivismo que hablaban del masivo rechazo al anterior gobierno se cruzaron e invirtieron notablemente en diciembre con la asunción de Milei. Pero ya en enero el rechazo empezó a superar a la aprobación, y febrero terminó con el “rojo” diez puntos arriba del “verde”. Milei todavía está lejos de compararse con el estruendoso fracaso de Fernández, -80 de rechazo a 19 de aprobación- pero la tendencia actual es una luz amarilla para los equipos de comunicación de Milei.
Otro parámetro que están mirando los políticos atentamente antes de votar en contra de sus leyes, y sindicalistas y piqueteros, antes de salir a las calles a protestar, es la imagen personal del mandatario. Había arrancado su mandato como el político de mejor imagen del momento. La buena noticia es que los primeros de todos los listados de imagen de políticos de todos los encuestadores son los de su gobierno. Pero la tabla ya no la encabeza Milei, sino su nueva “villana”, la vicepresidenta Victoria Villarruel, con 53 por ciento de imagen positiva, seguida por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con 48 a favor. Milei sale cuarto, pero con más imagen negativa que la positiva, de 51 por ciento contra 43 a favor. Ver liderar la tabla a la presidenta del Senado que habilitó la votación del jueves contra el mega DNU no debe ser el dato más simpático para el Presidente.
Quizás Milei deba revisar si tiene el asesoramiento adecuado en cómo manejar su comunicación.
Pareció dar vuelta una página de fracasos iniciales cuando en su discurso de apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, el 1 de marzo, sorprendió con su convocatoria a los Pactos de Mayo. Pero luego de ese impactante llamado al diálogo, no siguió nadie del gobierno explicando qué se debía acordar en esa suerte de “Pacto de la Moncloa criollo”.
Una encuesta nacional de la consultora Proyección cerrada la semana pasada tiene números de imagen prácticamente idénticos a los de la encuestadora de Sergio Berensztein y Eduardo D’Alessio. Pero Proyección agrega un par de datos inquietantes: pregunta a la opinión pública cómo ve el llamado del Presidente al pacto con los gobernadores, y el 45 por ciento eligió la opción de que “el presidente busca imponer su postura”, contra el 38 por ciento que cree que “busca generar diálogo y consenso”.
Una de las principales “reglas de oro” de la comunicación reza que no importa lo que digas ni cómo lo digas, sino cómo lo recibe el receptor de esa comunicación. O sea: decí lo que quieras, como quieras y cuando quieras; pero si se entendió otra cosa, es porque lo dijiste mal, por más que creas que te salió fenómeno.
De hecho, en la encuesta de Proyección, el 45 por ciento afirma que “el Presidente no dijo con claridad cómo va a solucionar los problemas argentinos”, contra 42 por ciento que opina que el mandatario “marcó un camino para solucionar los problemas de los argentinos”.
No hay vuelta que darle: Milei asume que el 56 por ciento que lo votó en el balotaje en noviembre comulga con todos los principios del economista de la escuela austríaca Ludwig von Mieses o el estadounidense anti-estado Murray Rothbard.
Sin embargo, los tropezones en comunicación están pasándole una factura en las encuestas que invariablemente se van a cobrar tarde o temprano los opositores a su gobierno. Un ejemplo es el amplio consenso que tenía desde la pandemia una imprescindible reforma laboral que ahora mutó en rechazo por la forma en la que intentó “colar” esa reforma estructural clave en el megadecreto escondido entre más de 300 artículos en el que, además, metía el tema derecho a huelga y bloqueos sindicales a empresas en la misma bolsa que aspiraba a reordenar las indemnizaciones que alimentan a la industria del juicio que liquida a las Pymes argentinas.
El capítulo reforma laboral se frenó en la Justicia y está en la mesa de entradas de la Corte Suprema, que no tiene plazos para resolver. La semana pasada el presidente de la Corte, Horacio Rosatti, le mandó a Milei un mensaje cifrado a través de los medios en el que apelaba directamente a la capacidad del Presidente de hacer política y comunicar sus proyectos: “No se le puede pedir a la Justicia que haga el trabajo que debe hacer la política”.
En el mundo “líquido” de las redes sociales en el que el Presidente se siente más cómodo tuitiando y retuiteando a cualquier hora de la noche, el mensaje de los expertos en comunicación podría traducirse parafraseando a Rosatti: no se le puede pedir a X (ex Twitter) que reemplace una ordenada y planificada estrategia de comunicación de gobierno. (Fuente TN.com)




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