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Carta de Lectores 03 de abril de 2021 Por Redacción
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Democracia y opinión pública 

Sr. Director:

A pesar de ser una expresión de uso corriente en los sistemas democráticos no existe una definición generalizada de opinión pública. 
Este concepto está íntimamente ligado a la Teoría Democrática y Liberal del Siglo 19 y en sus orígenes se relacionaba a la discusión, al intercambio de información y se asimila a la idea de "bien público", "espíritu público" o "conciencia pública". 
Se trataba de la opinión política de los filósofos de la ilustración, que en charlas de café y salones literarios comenzaban a construir una crítica liberal del Estado. A medida que se consolidaba la burguesía, el ilustrado del siglo 18 ganaba fuerza pública y su opinión se transformaba en un nuevo y poderoso instrumento para examinar las acciones del gobierno. 
La modernidad separa definitivamente lo público de lo privado. En tanto se desvanece la idea de "bien común" sustentada por los republicanismos medievales, toma cuerpo el concepto de "bien individual" a la luz de otro movimiento filosófico: el Humanismo. 
¿Cómo articular tantas concepciones diferentes del bien? Era necesario un mecanismo que arbitrase intereses tan distintos. La solución: el gobierno de la mayoría establecido por elecciones. A principios del siglo 19 nace la Democracia Moderna o Liberal. La opinión pública deja de ser el pensamiento de algunos ilustrados para ser "la idea más comúnmente sostenida" que se expresa a través del sufragio universal. Los avances en educación y en medios de comunicación contribuirían a expandir la opinión pública. 
Desde sus orígenes esta idea fue cuestionada ya que no se especificaba como se ejercería el control de los actos de gobierno, y lo más relevante, quién instruiría al pueblo sobre temas políticos ajenos a sus saberes cotidianos. 
En el año 1852, Alberdi advierte en su libro "Bases": ¿De qué sirvió al hombre del pueblo saber leer? De motivo para verse ingerido como instrumento en la gestión de la vida política, que no conocía, para instruirse en el veneno de la prensa electoral, que contamina y destruye en vez de ilustrar, para leer insultos, injurias, sofismas y proclamas de incendio, lo único que pica y estimula su curiosidad inculta y grosera". 
El siglo 20 dejó en evidencia lo que la propaganda política puede hacer con la opinión pública. Creo que es es un tema a repensar de nuestra democracia, que nos obliga a llevar una permanente vida electoral, sumergidos en una vorágine de mentiras, acusaciones, cruzadas y coaliciones absurdas. En estas condiciones, emitir un voto se torna un acto de irresponsabilidad que repugna a cualquier ciudadano de bien. 
Nuestra democracia necesita de todos sus partidos políticos, de su dirigencia joven fundamentalmente, para que nos inunden de nuevos ideales, de proyectos de bien, de esperanza, de futuro, de amor. Así nos estamos ahogando. 
Susana B. F. Sánchez
DNI 10.636.304

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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