Sensaciones y sentimientos

Sociales 29 de septiembre de 2020 Por Hugo Borgna
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LA SIMULACIÓN AL GRAN SIMULADOR
Que las letras que se cantan en las “versiones castellanas” de los éxitos de otras latitudes no corresponden a las traducciones literales, no es nada nuevo: al fin, lo que interesa es que se cante en cada idioma, a pesar de que se pierdan en su traducción la densidad y belleza de las letras.
En la época dorada de los cantantes argentinos en el disco (los 50 y 60) los éxitos internacionales (principalmente los estadounidenses) eran también grabados por artistas nuestros en castellano. De Los Plateros llegaban, entre otros, “Solamente Tú”, “Mi oración” y “El gran simulador”.
¿Cómo hacíamos para cantarlos, si llegaban en inglés?
Principalmente por grupos y cantantes, de estilos similares a los originales de otras tierras. Entre ellos “Los Cinco Latinos” (de ahí el nombre del grupo nuestro, formado por cuatro hombres y una chica, al igual que Los Plateros)
“Oh, sí, corazón sonríe, esconde tu infelicidad / igual que el clown que al reír llorará / pone un disfraz a su amarga verdad / Oh, sí, corazón sonríe serás el gran simulador / el mundo pensará que en tu canción / solo hay dicha y amor / Pretendo creer que aún me dan su luz / aquéllos tus ojos que no olvidaré / Oh, sí, corazón sonríe…”, decían en su canto Los Cinco Latinos.
Pero no es esa su traducción literal y cantada, sino otra bastante más compleja.
“Oh, sí, soy el gran farsante / fingiendo que me va bien / mi necesidad es tal que finjo demasiado / me siento solo pero nadie lo diría / Oh, sí soy el gran farsante / a la deriva en un mundo que yo he creado / he jugado al juego pero en mi gran desgracia / me has dejado solo llorando mis penas / Esta sensación de fantasía es demasiado real / cuando siento lo que mi corazón no puede esconder / Si, soy el gran farsante / solo riéndome feliz como un payaso / parezco ser lo que no soy, ya ves / llevo mi corazón como una corona / fingiendo que tú sigues cerca de mí”.
Para lo que es estrictamente el canto, no representa un problema: cantamos en castellano y nos ganan la musicalidad y también, aunque ligeramente, el mensaje.
Se sabe que la felicidad en estado puro no origina necesariamente hechos artísticos, y sí el dolor, el sufrimiento y la soledad, sensaciones que hacen que la vida sea algo digno de transcurrir.
Hay un ejemplo en contrario; en “Felicidad” Armando Manzanero describe el bienestar por tener a su lado la mujer ideal y eso hace que perciba a la vida de un bello color. Pero es una minoría en cuanto a los temas cantables. Y volvemos ahora a la cuestión principal.
De las traducciones que tuvimos más a mano –canciones en inglés, italiano y francés, principalmente- alcanzamos a notar la tendencia en simplificar los contenidos de las letras. Se les había quitado –o atenuado- muchos elementos y vivencias propios de la vida cotidiana que, por otra parte, no resultan tan traumáticos como para excluirlos de los textos cantados.
La gente común –nosotros- siente satisfacción cuando advierte en los contenidos de las letras buena dosis de filosofía y valoración de su pensamiento individual. La percibe y absorbe sintiéndose más completa e integrada a los demás (que también somos nosotros).
Como hay que ser tolerante con los mensajes que no le dicen nada nuevo (la música al fin es un instrumento para transmitir también emociones simples) esa gente escucha con mente y corazón abierto, reteniendo en su caso metáfora y síntesis y, asimismo, cuando es una sensación directa.
El tema de siempre es saber si somos simples o nos atrae más la complejidad.
Muy pocos se complican buscando la respuesta; entonces sabiamente consultan a su sensible interior, y comienzan diciéndole: “Oh sí, corazón, sonríe…”

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