Sensaciones y sentimientos

Sociales 14 de enero de 2020 Por Hugo Borgna
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FOTO ELPAIS.COM// IDIOMA/ Recibe influencias de distintos tipos que lo forman y deforman, también.
FOTO ELPAIS.COM// IDIOMA/ Recibe influencias de distintos tipos que lo forman y deforman, también.


LOS QUE DEBEN ENSEÑAR EL IDIOMA
Parece tan obvio decir que es la escuela la que enseña a leer y escribir, que se pierde de vista la influencia –que no es poca- de muchos factores, personas y funciones.
El del idioma es un complejo mundo donde sujetos, predicados, modificadores, verbos, adverbios y demás componentes (“sagrado y sencillo como una oración” decía Discépolo, aunque refiriéndose a otras cosas) nos acompaña desde muy niños. Recibimos influencias y propuestas de todo tipo, durante la totalidad de las horas escuchadas o leídas.
Seguimos entendiéndonos con facilidad a la primera oída, gracias a las Academias que desde hace mucho tiempo, y después de unificar la lengua, nos recuerda qué palabra es correcta y cuál no. Sin ellas seríamos Babel sin siquiera haber siquiera podido hacer la marcación del terreno.
Como no vamos a eludir la cuestión principal, debemos decir quienes influyen y hacen propuestas (muchas veces con prepotencia) atacando al idioma. Que no es débil, a pesar de mostrarse cauteloso, callado, siempre expectante.
El hombre común (nosotros) tiene esa tendencia, ayudado o impulsado por los medios de comunicación “orales, escritos y televisivos”, y por personajes que ocupan funciones importantes dentro de la organización social y política. Para reconocerlos fácilmente, son los que tienen (y buscan, obviamente) a su alcance micrófonos con llegada para todo un país.
A muchos les gusta innovar y crean verbos donde no había (“frizar”, en lugar de “colocar en el frízer”), pero otros van mucho más lejos y profundo y le atribuyen actitudes propias de los humanos parlantes que no tienen interés en querer informarse a fondo.
¡Acusaron al idioma de machista!
Las lenguas son un conjunto de reglas con las suficientes variantes para unificar o asimilar unos conceptos a otros, y son dueñas de una rica variedad, esa que ahora se está empobreciendo.
Antes de comenzar las noticias, los canales de televisión previenen del “contenido no apto para niños, niñas y adolescentes”. Es como para preguntarse el porqué de esa aclaración ¿habrán descubierto de pronto que las niñas también miran televisión?
La feminización, actualmente generalizada, que complementa e “incluye” es innecesaria y llega su abuso llega a ser abrumador (ciudadanos y ciudadanas, abogados y abogadas). El plural masculino comprende a las dos posibilidades de sexo.
El tan abundantemente corregido mal uso del participio activo (palabras terminadas con “ente”) indica funciones. Si una mujer ejerce la presidencia, es “presidente” y no “presidenta”. No decimos ni “ayudanta o ayudanto”, “adolescenta ni adolescento” ni “practicanta ni practicanto”. Así lo dispone el idioma; y es sumamente abusivo hacia él intentar adaptarlo para que represente emblemáticamente a una entidad o sector, sea de la naturaleza que fuera.
“Todos y todas” no tiene tampoco justificación.
Se lo usa porque sí intentando una forma de transgresión, cuando pocas cosas son tan abarcadoras como el masculino plural “todos”.
Por supuesto, se entiende la intención de colocar en título principal compartido, a la mujer con el hombre, como si fuera una imaginaria marquesina de teatro. Pero ni así funciona, porque en lugar de eso, está manifestando una clara y previa exclusión, y por eso hay que usar el vocablo “todas”.
Quien sabe, habrá que ver. También puede ser que lo hagan así sólo “porque suena lindo”.

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