En busca de… Patricia Deleo, cantante lírica

La Palabra 11 de enero de 2020 Por
La ópera a domicilio Canta desde la infancia con impronta lírica. Incentivada por el ambiente familiar, se formó en selectos ámbitos que le permitieron ingresar al mundo de la música y el canto profesional. Con importantes momentos en su trayectoria, emprende y gestiona a la vez que participa de diversas propuestas clásicas y novedosas. En este encuentro con LA PALABRA resume sus experiencias vocales
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1 / 3 - archivo Patricia Deleo - Expresión: El trabajo profesional de Patricia Deleo

LP - ¿Cómo conociste la música lírica?

P.D. - Fue por mi papá que siempre la escuchaba y siempre me llamaba la atención. Se ve que en mi inocencia infantil, imitaba los sonidos jugando mientras mi hermana estudiaba en sus largas horas de piano yo bailaba alrededor de ella y cantaba. Mi hermana es diez años mayor que yo, entonces siempre fue mi ídola. Como yo cantaba sobre lo que ella tocaba, ella misma me estimulaba a que yo cantara. Y así como un juego a los nueve años me llevó -siendo ella una adolescente- al Teatro Colón a audicionar. Fuimos solitas yo sin saber lo que era ese monstruo gigante con total frescura e inocencia audicioné frente al Maestro Valdo Sciamarella. Canté Malena, le gustó mucho y quedé seleccionada. Debo haber cantado bien. Después de eso me fui con mi madre a un largo viaje, y en ese ínterin me llamaron para que me incorporara, pero no pude porque estaba de viaje y me perdí esa oportunidad. Al regreso mis padres decidieron ponerme un maestro para estudiar formalmente digamos. Yo ya cantaba con una voz lírica, pero desde una cosa muy intuitiva. Cantaba el Ave María de Schubert, cantaba en el colegio, con naturalidad de niño. Ese fue mi acercamiento más intuitivo con el canto lírico. Luego dejé en el momento de la muda de la voz y retomé para nunca más dejarlo a los diecisiete. 

LP - ¿Estudiaste en el Teatro Colón?

P.D. - Sí, fui al Instituto pero ya de grande. Y cursé la carrera.

LP - ¿A partir de ahí te dedicaste exclusivamente a la lírica?

P.D. - Exclusivamente me dediqué a partir de los veinticinco años. Hasta que pude estar un poco más formada para poder empezar a vivir de la música. Dando clases particulares y hacer algunos roles.

LP - ¿Qué momentos destacados de tu carrera podés mencionar?

P.D. - Hoy lo recordaba con una alumna. Tuve una masterclass con la gran gran Joyce Di Donato -la mezzosoprano norteamericana- en el Teatro Colón y canté como alumna activa seleccionada para participar lo que me significó una emoción enorme estar al lado de ella. Eso fue un gran hito. Puedo decir con felicidad que tuve una experiencia hermosa en el Teatro Argentino de La Plata con una ópera contemporánea de Luciano Berio que se llama Un re in ascolto y tengo allí un aria extensa de diez minutos de mucho lucimiento. Me convocaron para esa ópera dificilísima. Para mí fue un desafío profesional enorme. Quedé muy contenta porque las críticas fueron excelentes. Esas vueltas de tuerca que uno va dando en su carrera. De esta ópera tuvimos solo dos funciones. Tuvimos muchos meses de estudio porque es muy difícil porque es atonal, con muchas dificultades técnicas y musicales. La estuve preparando intensivamente dos meses de mucho trabajo.

LP - ¿Llevás adelante otros emprendimientos con la música?

P.D. - Soy integrante como miembro estable del Coro de cámara de Quilmes cargo que gané por concurso y es un lugar estable desde lo laboral. Sigo haciendo conciertos, me gusta seguir desarrollando varios estilos, trato de no quedar en uno solo. Estoy con el tenor Santiago Sirur y Gabriel Vinker en piano, tenemos un espectáculo armado que se llama Pasiones y es un concierto lírico que llevamos por el país. Es muy ameno, interactuamos con la gente, llevamos un repertorio variado, desde cosas más formales, líricas operísticas a cosas más desestructuradas, incluso algo de comedia musical, zarzuelas, que la gente tiene en el oído y en el corazón, entonces se torna una fiesta realmente. Con Santiago y Gabriel trabajamos juntos desde hace mucho, y tenemos mucha afinidad. Cuando uno encuentra un compañero en el camino del arte con el que ni tenés que hablar y uno sabe qué va a hacer el otro... porque somos amigos, nos llevamos tan bien en lo personal y podemos salir de gira y sabemos que va a estar todo bien en la convivencia y en lo cotidiano.

LP - ¿Cómo surgió ese proyecto?

P.D. - Los conocí haciendo ópera en la embajada de Gran Bretaña con La Traviata. A partir de ahí forjamos una amistad, personal y artística. Desde ahí empezamos a hacer eventos, muchos trabajos juntos. Después formamos este formato de espectáculo que ya hemos llevado a varios lugares del país. Gusta mucho.

LP- ¿El repertorio se selecciona según el lugar donde lo representan o ya está establecido?

P.D. - Tenemos una base armada, pero nos gusta preguntar si tienen algún pedido en especial. En algún caso nos pidieron No llores por mí Argentina, en otros el Ave María de Schubert. Y como tenemos tantas cosas hechas juntos que tenemos repertorio sabido. 

LP - ¿En qué lugares se presentaron con esta propuesta?

P.D. - Nos convocaron para hacer una performance lírica en el Cementerio de la Recoleta para la Bienal Juvenil donde nosotros ya habíamos hecho un trabajo muy lindo el año pasado llamado Violeta muere que es una reversión de La Traviata de Verdi en ese lugar. O sea que mi personaje termina muriendo en el cementerio. Con vestuario, con orquesta. Lo de este año fue otra cosa, con intervenciones en el peristilo con media hora de música. Hemos hecho intervenciones en museos, en restoranes, en reuniones privadas, ámbitos políticos, entre otros lugares no convencionales.

LP - ¿Qué te convoca el presente con vistas a lo que vendrá?

P.D. - Lo próximo es un concierto con mi dúo de Música antigua con Sergio Casanova que toca la tiorba e hicimos en Francia hace unos meses cuando estuvimos de gira por allá. Pasamos un momento maravilloso, conversamos con la gente, la tiorba es un instrumento muy dulce, maravilloso. Con este dúo que se llama Tauro Cuatro tenemos un viaje a Estados Unidos y volvemos a Francia el año que viene.

LP - La anécdota.

P.D. - Con Santiago Sirur nos pasó haciendo la Tosca de Puccini en la Embajada de Gran Bretaña. En el momento en que Tosca está por matar a Scarpia, ella descubre un cuchillo en la mesa y mientras él está redactando el salvoconducto que la va a salvar, ella toma el cuchillo, empieza a vislumbrar la posibilidad de matarlo, y en ese momento la gente que estaba en la primera fila muy cerquita -porque no es un teatro, es la Embajada de Gran  Bretaña-, yo tomo el cuchillo de la mesa y escucho dos señoras que estaban muy compenetradas y una la toma de la pierna a la otra y le dice: “¡Está loca!”. Y yo la escuché, o sea que me tuve que contener porque estaba en una situación absolutamente opuesta, ya que estaba por matar al otro. Pero fue hermoso ver cómo la gente se mete, porque puede ver todos los gestos, las caras. Que te crean una muerte vale más que mil aplausos…

por Raúl Vigini

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