Sensaciones y sentimientos

Sociales 10 de diciembre de 2019 Por Redacción
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FONTANARROSA. NO TOMEN SOLO UNA PARTE
Se puede decir que de alguna manera -o de todas- Fontanarrosa (Roberto) habrá adherido al pedido de Serrat (Joan Manuel) de que no elijan solo una parte y que lo tomen como es, por haberse dado entero (Sinceramente tuyo). Esta comparación es coherente ya que en los dos el modo respetuoso y afectivo se apoyó más en el apellido que en el nombre y asimismo los dos son “sinceramente nuestros”; pero hay un punto en que las similitudes se terminan: el canto y la escritura no son lo mismo aunque se complementen bien.
Fontanarrosa fue esencialmente escritor.
Tuvo la necesaria condición de la armonizada y necesaria apertura temática, y el dominio y presencia activa de la síntesis. En uno de los cuadros de historieta de la revista Hortensia (la papa) un blanco es obligado a caminar por delante de un indio a punta de lanza. El nativo dice “blanco llevando prisionero”, a continuación -en una auténtica fila india-, por detrás otro aborigen manifiesta “blanco torturando”, un tercero agrega “blanco matando” y un cuarto de la misma fila, dice “extracto de blanco”.
Uno de los ejemplos de su precisa síntesis se muestra en una situación de un solo cuadro de Inodoro Pereyra, el renegau (tal vez su personaje más entrañable) quien, cuando escucha a “la” Eulogia decir “estamos unidos para toda la vida Inodoro”, responde “no me tiente, Eulogia”. No olvidamos tampoco la inclusión de un inventado perro parlante y ácido de impensable nombre (Mendieta), como necesaria voz interior del personaje.
Muestra su prosa el manejo exacto del idioma y sus matices, en el ámbito donde las ideas necesitan combinarse en conjunto generando oraciones y vocablos que deben agradar e informar. Siendo famoso por sus dibujos y textos breves, hizo conocer desde el año 1981 novela y cuentos donde la acción, insinuada, comienza desde un punto ya avanzado del relato.
“Llegó un punto en que la lucha entre los trenes y los autos tomó ribetes desesperados. Todos creyeron, un poco ingenuamente, que aquél tímido Citroën, aplastado sin piedad por el Expreso del Norte (…) había sido tan solo un accidente…En junio la víctima fue un ampuloso Dodge Polara que, destrozado, despedazado e inútil, cayó al costado del Trueno de Plata”. Hubo quienes (…) celebraron el sacrificio del Dodge, contentos ante la oscura suerte del coche tan orgulloso y pedante” (“Los trenes matan a los autos”, cuento del libro con el mismo nombre).
Se podría decir que si no hubiese surgido por sí solo, la voluntad colectiva lo habría creado para aportar al mundo, gastado de situaciones repetidas y lugares comunes que ganaron la veneración de las mayorías, un panorama de puertas y ventanas inesperadas, originadas en la más pura idea de libertad de pensamiento y acción. Donde cierra un movimiento o una idea está colocando una nueva que invita a ser transitada; se entiende fácilmente por qué fue colaborador de Les Luthiers.
Fontanarrosa tiene la virtud de hacer aparecer como verosímiles las situaciones imposibles, ambiguas o incongruentes. Les regala gracia debido a una gran dosis de imaginación que pareciera no terminar nunca y que, de hecho, trascendió la vida del autor. Ha presentado textos tan exitosos que, a pesar de ser repetidos con frecuencia, parecen siempre nuevos: una clara señal del nacimiento de un autor y personajes clásicos.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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