Reconversión ecológica o el riesgo del ecocidio

Notas de Opinión 25 de noviembre de 2019 Por
Lograr una renovada sociedad humana se hace impensable sin el cultivo, abono y aforo de una ecología integral.
FOTO ARCHIVO ECOCIDIO. El término surgió en Vietnam con el uso de agentes químicos en la guerra.
FOTO ARCHIVO ECOCIDIO. El término surgió en Vietnam con el uso de agentes químicos en la guerra.

Por Roberto Fermín Bertossi *

Por su propia positividad, pero también y, sobre todo, por las amenazas y los daños que sufre, lo ecológico está sobre el tapete de la actualidad. La “biosfera” es más antigua que el propio ser humano, quien sólo recientemente, pareciera, tomar vivida conciencia de su estrecha interrelación y vital dependencia.
La reunión internacional (sínodo) de obispos celebrada hace pocos días (6-27 octubre) en Roma sobre la Amazonía ha sido expresión patente de que la suerte del ser humano en el planeta no puede pensarse abstrayéndola de la referida vinculación.
La reunión de Roma asumió un nuevo paradigma: “la ecología integral, el cuidado de la casa común y la defensa de la Amazonía”, según leemos en su Documento Final. Éste recoge y concreta la preocupación del Papa Francisco, expuesta en su encíclica Laudato Si´ (24 mayo 2015).
Cuando el Papa nos habla de “Casa común”, o, más recientemente, sobre “Ecología integral”, claramente nos quiere evitar el dañino error colectivo de interpretar a esa casa común o “la casa de todas las casas” como una naturaleza extraña a nosotros y objeto de pura y simple utilización pragmática, o de escueta explotación crematística y mercantilista en la línea de un paradigma tecnocrático, tan disruptivo como inhumano.
La integralidad de lo ecológico subraya la intrínseca relación entre ecología y justicia social, entre cuidado de la naturaleza y solidaridad humana, especialmente con los más necesitados y empobrecidos. En lo ambiental se integra así lo relativo a los derechos (deberes) humanos, a la construcción de una convivencia amigable y de una nueva sociedad fraterna, que propicie el “buen vivir” de toda la comunidad humana.
La praxis ecológica no sólo ha de evitar la devastación forestal, la contaminación del aire y de recursos hídricos esenciales, sino también una planificación urbanística deshumanizante y la concepción de la ciudad como simple escenario físico aceptable. Se tiene que combatir la degradación ambiental y la destrucción de la naturaleza, sí, pero, sobre todo, de modo positivo, posibilitar un entorno que favorezca el desarrollo cultural (comunicacional, educativo, recreativo, deportivo, amical, ético, espiritual) de todos los animales racionales. 
Si los humanos tratamos bien la naturaleza (al menos, como los animales), ésta se portará del mismo modo con nosotros porque una mala conducta ecológica, va contra “toda naturaleza”.
¿Quién no advierte entonces la inmoralidad de empresas como vg., el Arco Minero y la tranquila aceptación de vecindarios urbanos inhóspitos y violentos? que vienen impidiendo una digna y amigable convivencia entre todos los todos del todo social, lo que ha originado un término eclesial nuevo: “pecado ecológico”.
A propósito, hablar de pecado ecológico es hablar de “ecocidios”. Este término hace referencia a un deterioro a nivel general del ambiente en una zona determinada, con un nivel de daño tan amplio que puede llegar a poner en ”ascuas” la vida de quienes habitan en esa zona en particular. Este tipo de daños puede ser irreparable cuando un hábitat o ecosistema en particular sufre destrucciones que sobrepasan su capacidad para autoregenerarse.
Generalmente este tipo de acciones se encuentra vinculado a agentes externos vivos, que pueden llegar a afectar la vida de las especies en una zona determinada. Otro agente que promueve en gran medida “ecocidios” es la contaminación a gran escala. Ejemplos de ellos son los provocados por los desecho industriales sin sus tratamientos oportunos apropiados como aquellos otros causados por el mal uso y abusos de sustancias químicas en la tierra.
La terminología “Ecocidio” se originó en la Guerra de Vietnam, cuando el uso de químicos tales como el famoso agente naranja, produjeron serios daños irreparables al destruir ecosistemas completos de bosques, eso sin mencionar la contaminación al agua y el propio uso de químicos en contra los habitantes de la región. Toda esa situación incentivó a la comunidad internacional a la creación de tribunales internacionales con el fin de que fueran juzgadas y condenadas dichas acciones y los criminales responsables, para de esa forma evitar más daños al ambiente todo.
La urgencia de una “Reconversión ecológica” implica y nos exige, un cambio profundo en la reinterpretación humanizada de todo aquello concerniente a materia ambiental, tangible e intangible.
Finalmente, lograr una renovada sociedad humana -duraderamente vivible- en términos y con el alcance de comunión universal, se hace impensable sin el cultivo, abono y aforo de una ecología integral, para lo cual resulta imprescindible una reconversión ecológica que nos asegure, intergeneracionalmente, no solo las condiciones de vida sobre la faz de la tierra, sino el destierro de todo ecocidio.

* El autor es investigador Cijs / UNC

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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