¿Crujen las democracias?

Notas de Opinión 04 de noviembre de 2019 Por
La nómina de países sacudidos en nuestro continente latinoamericano por protestas violentas ante crisis autoritarias y políticas, ha crecido de forma inaudita, sin importar ideologías gubernamentales.

Arden las calles en varios países latinoamericanos, europeos y asiáticos Vg., Venezuela, Nicaragua, Haití, Honduras, Perú, Ecuador, Chile, Bolivia, Francia, Inglaterra, España, Turquía, Hong Kong; ello en el contexto de sostenidas y resistentes protestas sociales con el resultado luctuoso provisorio de centenares de muertos y millares de heridos.
La nómina de países sacudidos en nuestro continente latinoamericano por protestas violentas ante crisis autoritarias y políticas, ha crecido de forma inaudita, sin importar ideologías gubernamentales.
Por mencionar sólo algunas, durante estos últimos días hubo enfrentamientos en las calles de Bolivia por acusaciones de fraude electoral, en Chile por la desigualdad, en Ecuador por la eliminación de los subsidios a los combustibles y en Haití por la escasez de gasolina y alimentos.
A su vez, el presidente hondureño, Juan Hernández, ha enfrentado manifestaciones que exigen su renuncia ante el juicio por narcotráfico a su hermano en Estados Unidos, mientras el mandatario peruano, Martín Vizcarra, disolvió el Congreso en el marco de una larga crisis política por casos de corrupción.
Este sombrío panorama contrasta con el avance de la democracia en América Latina, antes del estallido de las gravísimas crisis autocráticas, dictatoriales ¿pos políticas?, singularmente en Venezuela y Nicaragua.
En el caso de Chile, las manifestaciones continúan expresando el creciente descontento social con las élites del poder y con la prolongada falta de respuesta a legítimas demandas básicas de la ciudadanía. Esto mismo acaba de admitir ´pero, insidiosamente´ el presidente ecuatoriano Lenin Moreno en la inauguración de la VII Reunión de Ministros en Materia de Seguridad Pública de las Américas, acto organizado por el Ministerio de Gobierno de Ecuador y la Organización de los Estados Americanos (OEA) al expresar: “En esta ocasión la reunión transcurre en un momento muy difícil para la región. Varios de nuestros países enfrentamos serios intentos desestabilizadores, no a un gobierno, menos a un presidente, sino al Estado de derecho y a nuestra democracia”
Lo cierto es que nada tienen de intentos desestabilizadores. Se trata de legitimar protestas ciudadanas que crecieron con enfrentamientos entre el 3 al 13 de octubre cuando pueblos indígenas y sectores sociales empobrecidos, se manifestaron determinadamente contra la eliminación del subsidios a los combustibles, medida que luego fue derogada por el gobierno.
Moreno agregó que muchos de los países de la región “han heredado crisis provocadas por regímenes corruptos, que con políticas irresponsables y demagógicas han pretendido influir en la voluntad de nuestros pueblos”. Se refirió al caso de Ecuador, donde se vivió recientemente «un momento de conflicto». 
Vaya vaya, nada dijo Moreno respecto a su condición de heredero privilegiado de su antecesor, Rafael Correa. 
Descaradamente el mandatario ecuatoriano apuntó que los que buscan generar el caos son grupos “anti sistémicos que valiéndose de la violencia organizada pretenden devolvernos al pasado resquebrajando nuestras democracias”.
Preconclusivamente ¿cómo omitir tanto cinismo intelectual en cada silencio oficial gubernamental pretendiendo subestimar e ignorar la realidad? ¿Cómo no defender nuestros valores, principios y satisfacciones democráticas sin envalentonar a sus verdugos?
Más que penosamente los pueblos en cuestión, hartos de padecer una subespecie recurrente, atónita e injusta de “el castigo de Sísifo”, por el “derrame” de abundante de corrupción, de Desigualdad y de privilegios, han decidido, 
resueltamente, (a su modo y razón en cada caso) hacer valer y recuperar su propia soberanía, ante tanto vilipendio y dispendio de sus infieles representantes constitucionales.
Como remate y epílogo, huelga añadir el cruel audio en plena crisis de la primera dama chilena entre su grupo de amigas: “Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás". 
Finalmente, cuando acabamos de iniciar los 37 años de la recuperación democrática argentina, no olvidemos a Theodor Roosevelt: ¡Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia!

* El autor es investigador del CIJS / UNC.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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