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Sociales Martes 2 de Junio de 2026

Sensaciones y sentimientos: botones, policías y delincuentes

El botón humano -y con movimientos previsibles- no tiene oportunidad de entablar una conversación medianamente interesante con los pasajeros, los que esperan que se retiren para gozar de la habitación

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El botón hizo su aparición en la sociedad de las más diversas maneras. Crédito: 123RF

Por Hugo Borgna

“El tango es un naipe que no tiene contra, es el as de triunfo para la emoción” dice una frase hecha que necesita multiplicar con frecuencia dos por dos para marcar vigencia. Otras letras popularizadas se manifiestan en esta dirección: “todo naipe tiene contra y toda contra se da”

Viene al caso entonces, en esta instancia de acomodar valores, premiar a los merecedores y levantar el ánimo a los que les tocó ocasionalmente el castigo de la suerte. Que es grela.

Hablemos ahora de botones. Ellos saben prender bien las nuevas y las recientes viejas. Tienen lo que los franceses definen como “savoir” y lo ponen bien a la vista.

Se sabe que los botones, sin tener que destacarlo ahora ni continuadamente, que son los principales destacados y su protagonismo se da, en silencio pero con seguridad, en el vestuario. Asumen el rol principal para ganar en distinción y precisa elegancia.

Algunas veces se los ha menospreciado, pensando solo en su función utilitaria, ubicándolos sobradamente en su consagración como elementos indispensables, pequeños y meticulosamente diseñados.

Hay que referir también a otros botones. Los que nacieron con los hoteles. Incluso se puede asegurar que cuando se origina un hotel, lo primero que se asegura tener son esos sujetos anónimos pero infalibles.

Cargan con mucho más que las valijas. Uniformados, inconfundibles, se puede decir que son todos iguales. Necesariamente discretos, tienen el movimiento incorporado del brazo derecho (si son diestros, claro) hacia adelante y mediante la mano abierta, discreta y contundente en su mensaje.

Con ellos se cruzó la línea del respeto que deberían tener asegurada los botones-objeto y la valoración por el solo hecho de estar.

El botón humano -y con movimientos previsibles- no tiene oportunidad de entablar una conversación medianamente interesante con los pasajeros, los que esperan que se retiren para gozar de la habitación.

Los “botones” (en plural porque son muchos) son útiles, pero no alcanzan la jerarquía de aquél metálico que se forjó en la remota antigüedad. “Botón” pasó a ser calificativo identificador de un ser masculino que cumple la función sin llegar a conocer casi nunca conocidos por el nombre; un menosprecio en casi todo el término para. Será porque nacieron de a muchos y en bandada.

Hay variables para usar el vocablo “botón”.

La primera a mencionar no es nombre sino adjetivo. Ofensivo de marca mayor y de aplicación universal. Se la utiliza sola, cuando alguien, conociendo que ha sido objeto de divulgación de una acción penada por la ley -o por las buenas costumbres- queda en mala posición en la estima de los demás.

¡Sos un botón!, es la deshonrosa exclamación. Si ya ha “batido” varias veces, el adjetivo toma caracteres catastróficos: “botonazo”. La vergüenza del atacado, en esos casos, no se puede limpiar ni con el mejor detergente.

Y hay más. Los agentes de policía también ganaron, para un sector de mala gente, el adjetivo genérico. Los tangos consagraron al “botón de la esquina”. De rebote, injustamente: la acción de unos le otorga sanción genérica al funcionario policial (un “botón” pasivo, podría decirse) y muchas veces por frecuentar las mismas “malas” amistades.

Hay (mejor dicho, hubo) una forma más de usar esa terminología.

Exclusiva para circunstancias totalmente criticables.

En 1890, ocurrió la “revolución del Parque”, conocida también como “la revolución de 1890” Fue una insurrección cívico-militar, en la actual Plaza Lavalle de Buenos Aires.

En esa ocasión, para ubicar con certeza a los del otro bando, se fijaban en la vestimenta. Si al frente tenían botones brillosos, ellos eran indicadores precisos de quienes debían recibir el ataque armado. A ellos había que disparar.

. . .

Como se ve, el botón hizo su aparición en la sociedad de las más diversas maneras.

Se nota en el respeto que le tienen los diseñadores de moda, especialmente en la femenina, donde los botones están, pero no se ven.

Esos creativos de la elegancia son muchos y de prestigio bien ganado en la sociedad.

Ganaron respeto y admiración, no solo de los seguidores de la moda. También de los entendidos de cada hogar, que aprenden de la televisión cuando las figuras conocidas del ambiente hacen la explicación de su vestuario.

Ellos, más que los demás, pueden quedarse tranquilos.

Si les toca ir a un almuerzo o cena con brillo, ya conocen los nombres de los profesionales a dónde concurrir para asesoramiento.

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