BUENOS AIRES, 18 (NA). - La palabra tiene un poderoso
efecto, influye sobre quien la pronuncia y afecta emocionalmente a
quien la recibe. Frases ofensivas, descalificaciones,
humillaciones y burlas son algunas de las formas del maltrato
verbal. Puede ser directo o sutil, y los comentarios se pueden
hacer con enojo o, incluso, con una sonrisa: es cuando duele, pero
no sabemos bien por qué.
En nuestra sociedad, en la que justificamos algún tipo de
castigos como método de crianza, los chicos son los más expuestos
al maltrato verbal.
¿Quién, que sea padre, no le ha dicho a su
hijo en un gran enojo alguna frase descalificadora? No medimos las
consecuencias ni cuestionamos nuestras reacciones, sólo nos
justificamos en los últimos tiempos pensando que los chicos de hoy
no tienen límites. Muchas pueden ser las razones por las que los
chicos de hoy son más "desobedientes" que los de antes, una, la
más simple, es que sus papás son el ejemplo de desobediencia más
cercano que tienen: cuando pasan un semáforo en rojo, cuando se
burlan de la maestra, entre otras situaciones en las que los
chicos aprenden mirando.
Observando. Copiando conductas de sus
ejemplos más cercanos. En lugar de quejarnos deberíamos comprender
que son un reflejo de nosotros. Así estamos.
Las palabras y frases descalificantes de parte de los padres
hacia sus hijos se escuchan a diario porque existe la creencia que
de esta forma van a controlar o corregir a sus hijos. Para un
chico la verdad es la que le dicen los padres y si le dice
"estúpido" se va a identificar así, porque es el lugar en el que
el otro, sus papás, lo posiciona. Se va a brindar al mundo de esa
manera, y va a encontrar siempre en la esfera social otros que lo
van a confirmar en ese rol.
La violencia verbal hacia los chicos, los papás en general, no
la reconocen y la ejercen sin medir las consecuencias. Además,
bien sabemos que la violencia engendra violencia, entonces después
nos preguntamos por qué los chicos están como están. Antes, es
verdad, también existía la violencia, pero antes también existía
el miedo y otras respuestas a la figura de autoridad. En el caso
de los chicos la violencia verbal es grave porque crecen con una
imagen de sí mismos deteriorada, si le dicen que es tonto, así se
sentirá aunque frente a los padres demuestre lo contrario.