Por Marcelo Muriel (*)
Gracias SELECCIÓN.... Las primeras palabras afloran repentinamente en lo que queda de nuestras gargantas.
Hoy el alma duele después de la derrota en la final y seguramente el silencio se siente pesado. Sin embargo, cuando el humo de la batalla se disipa, emerge la única verdad inalterable: la gratitud eterna de todo un país.
El fútbol tiene esa crueldad inexplicable que se expresa en una derrota. Pero claro, noventa minutos no pueden teñir de gris un proceso dorado, ni jamás podrán borrar la historia escrita con letras de molde.
Hoy el vestuario duele, pero la perspectiva del tiempo obliga a levantar la cabeza.
En los últimos ocho años, este grupo humano transformó la identidad deportiva de toda una nación, regalando un legado que trasciende un resultado adverso.
La caída duele, innegable... Pero para quien esto escribe, les aseguro que el dolor del presente nada representa frente a la gloria eterna.
El orgullo sigue intacto porque la dignidad no se pierde en la derrota. Fue muchísimo el tiempo de entrega incondicional para recuperar una identidad que le devolvió el sentido de pertenencia a la camiseta.
Cuántas alegrías colectivas nos dieron, unieron a todo un país en una sola herencia: pusieron la bandera en lo más alto del mapa mundial. Y entre tanto legados, mostraron el camino a las nuevas generaciones de cómo se compite.
El compromiso de este grupo y las instancias finales consecutivas convirtieron la excelencia en una saludable costumbre. Los trofeos se pueden perder, pero la gratitud de un pueblo que volvió a sonreír gracias a ellos no se va a borrar nunca.
Referirse a Lionel Messi, Lionel Scaloni y la Selección Argentina exige evocar la transformación de un sufrimiento colectivo en la mayor alegría popular de las últimas décadas.
El mensaje principal es centrarse en la resiliencia: este grupo no triunfó por ser infalible, sino por saber levantarse cuando todo parecía perdido, jugando siempre por y para la gente.
Qué decir sobre Lionel Scaloni que asumió bajo un manto de dudas y, sin levantar la voz ni buscar el protagonismo, y con mucha humildad, reconstruyó las bases del orgullo nacional.
Más allá de lo que representa como estratega táctico, Scaloni funcionó como un padre futbolístico que priorizó la salud humana y la unión del vestuario. Demostró capacidad y conducción, y que debajo del traje de DT latía el corazón de un hincha más.
Los jugadores de la "Scaloneta", de impresionante rendimiento se convirtieron en los guardianes del héroe. Un grupo de jóvenes que crecieron idolatrando a Messi y terminaron corriendo cada pelota como si les fuera la vida en proteger su legado. Identidad y pertenencia. El juego como ofrenda: Jugaron cada torneo con el cuchillo entre los dientes pero con una sonrisa infinita, contagiando una felicidad que sanó heridas cotidianas del pueblo.
Hablar de Lionel Messi es el ejemplo definitivo de que la grandeza no se mide por cómo empezás, sino por cuántas veces te levantás para cumplir tu destino.
El ejemplo de vida, su resiliencia y silencio, el soportar la injusticia, a veces recibiendo críticas desmedidas, pero su respuesta nunca fue el reproche, sino volver a intentarlo.
Tuvo lealtad a un sueño; humildad en la cima, siendo el hombre más famoso del planeta, su prioridad sigue sintonizada en las cosas simples: su familia, sus amigos, su instinto natural de superación constante y su camiseta.
Porque es el más grande. Ganador absoluto, conquistó absolutamente todos los títulos posibles del fútbol, cerrando cualquier debate estadístico sobre su superioridad.
Sostuvo eternidad en el tiempo, en la cumbre del deporte mundial durante dos décadas es un récord de constancia jamás visto en la historia humana.
Su genialidad no radica no solo en los goles, sino en haberle regalado la alegría más profunda y unánime a millones de personas.
Gracias por la unión, lograron que un país entero tire para el mismo lado.
Gracias por la dignidad: Nos representaron con hidalguía en las buenas y en las malas.
Un agradecimiento desde el corazón, por revalorizar nuestra identidad, por devolverle el valor sagrado a nuestra camiseta.
El verdadero triunfo es el legado. Estar en la cima tantos años es para gigantes. El orgullo sigue intacto: una medalla no define quiénes son para nosotros.
La historia ya está escrita: Los nombres de este plantel ya son leyendas vivientes. El reconocimiento que verdaderamente sana y reconforta es el que se da hoy, en caliente.
Un legado que debemos defender y una camiseta que recuperó su peso nos hicieron respetar en cada rincón del planeta. Unieron a tres generaciones: Lograron que abuelos, padres e hijos lloren de alegría juntos. Establecieron la cultura del esfuerzo, nos enseñaron que la excelencia es un trabajo de todos los días.
El orgullo sigue intacto, no esperemos a que pase el tiempo para mirar atrás con nostalgia. Levantemos la cabeza hoy, inflemos el pecho ahora y aplaudamos de pie a este grupo que nos dio los mejores años de nuestra riquísima historia futbolera. Gracias por todo, SELECCIÓN.
(*) Jefe de deportes de Radio Castellanos Rafaela