Ante la consulta de algunos lectores acerca de cómo se desarrolla una cacería de jabalíes en un coto de La Pampa, comentaremos algunos aspectos de la misma. Primero debemos aclarar que en La Pampa casi la totalidad de cacerías de Jabalí se realizan al “acecho”. Es decir, de noche apostado en algún lugar donde frecuentemente bajan los chanchos. De día el jabalí sólo se puede cazar con perros pero en la mayoría de los cotos evitan esta modalidad ya que se espantan los ciervos y jabalíes (generalmente son furtivos quienes cazan con perros). Por lo general las cacerías se organizan sobre una base de tres días con dos noches de apostada. Aunque se caza de noche la actividad comienza por la mañana. Luego del desayuno se sale a recorrer los apostaderos y a cebar los mismos. En cada uno se tiran unos cuantos kilos de maíz y luego se tapan con ramas, huesos, yuyos para que el chancho pueda hozar antes de encontrarlos. Además de cebar los lugares de caza se verifica en cada uno si hay rastros de chanchos que hayan bajado la noche anterior, si las huellas corresponden a lechones, padrillos jóvenes o viejos.Mientras se recorren los apostaderos, siempre separados varios kilómetros entre sí, en algunos cotos permiten recechar algún ciervo de descarte o alguna hembra para carne.En esta recorrida se ve cuáles son los lugares más prometedores y cada cazador elige el suyo.No es conveniente caminar mucho por los sitios de caza ya que podríamos dejar olores que luego espantarían a los animales salvajes. Luego el almuerzo y una buena siesta como para aguantar la noche de espera. Unas dos horas antes de que caiga el sol se marcha hacia los apostaderos. Algunos cazadores prefieren apostarse solos. Recomiendo para quienes se inician hacerlo acompañados por un guía local. La presencia del guía será importante para determinar de que lado bajarán los chanchos, reconocer algún ruido que para el cazador pasaría desapercibido, determinar el tamaño del jabalí en la oscuridad total, no disparar sobre otros animales por equivocación, es decir, salvo que uno sea un cazador muy experimentado, la ayuda del guía es imprescindible. Muchos habrán visto en las revistas apostaderos de todas clases, algunos a ras del piso, otros tipo mangrullo, algunos arriba de árboles y un largo etcétera. Pues bien, todo depende de la dirección del viento. A veces hay apostaderos de altura muy confortables pero no se pueden usar porque el viento esa tarde está de frente, así que hay que improvisar uno con ramas y yuyos. Ya ubicados en el apostadero hay que buscar la posición más cómoda para sentarse y para apuntar, con gran ángulo de visión. Trataremos de tener todo al alcance de la mano y preparado de tal forma de no hacer ninguna clase de ruidos. Una hebilla que suena, un cierre, una silla que hace ruido, ropa que cruje, una envoltura de papel, pueden espantar al padrillo con el que estuvimos soñando durante años. Una vez acomodados no nos podemos mover por un lapso de seis a ocho horas. Cuando digo no podemos movernos, implica eso, no podemos movernos (olvidarse de hacer pis, pararse porque está acalambrado, tiene frío, calor o lo pican los mosquitos). Antes de dejarnos el encargado del coto habrá pactado con nosotros una hora para volver a buscarnos. Hasta tanto, y aunque hayamos cazado debemos permanecer en el lugar. Nunca, ni en caso de tormentas, debemos emprender el regreso solos. Los montes tienen miles de hectáreas y es muy fácil perderse. La mayoría de las veces a eso de la dos de la madrugada nos pasarán a buscar. A decir de los guías: si el chancho no bajó temprano –entre las 22 y las 24– no bajará más esa noche, porque nos olfateó, escucho o porque no irá a comer a ese lugar. De regreso a la base viene el reencuentro con los otros cazadores, un asado o una picada bien regada y la charla larga sobre lo que cada uno vivió.Si se cazó los guías se encargarán de despanzar y dejar al sereno la pieza y a la mañana siguiente cuerear y depostar.En todos los cotos la carne se prepara por cortes y se guarda en el freezer para luego poder viajar. Importante: llevar una conservadora grande o varias. Si se tiene suerte cada cazador traerá entre 50 y 70 kilos de carne así que hay que prevér el transporte.
ARMAS Y CALIBRES PARA EL JABALI
Cazar implica el apoderarse de la pieza objeto de la caza y además, es parte de la ética de la caza, utilizar un medio tal que permita dar muerte rápida y sin sufrimiento a la presa.Por ello, en cualquier situación cinegética utilizaremos un arma y un calibre que nos permita cumplir con estos dos preceptos propios de esta actividad.Así que si vamos a cazar jabalíes deberemos llevar un arma que por su contundencia nos asegure que la bestia caerá fulminada al primer disparo.Desde mi punto de vista esto se logra con cualquier arma larga, rayada, con calibre superior al ’30 (7 mm). Calibres inferiores son muy marginales y corremos el riesgo que el proyectil no tenga la suficiente fuerza como para inmovilizar de inmediato al animal. Recordemos que seguir el rastro de un jabalí herido no es cosa muy sencilla. Primero es sólo tarea de baqueanos con mucha experiencia, por lo que no podemos hacerla solos. Segundo, muchas veces se necesita de un buen perro entrenado en seguir rastros de sangre. Tercero, un jabalí herido escondido en un monte tupido puede ser tan peligroso como un león africano. Cuarto, en muchas oportunidades no se encuentra al animal y además de perder una pieza que luego sólo servirá de alimento a los caranchos, si estamos en un coto, deberemos pagar como si lo hubiésemos agarrado.Por todo estono aconsejo utilizar calibres como el 223, 243 o similares. Tampoco es aconsejable ir a cazar jabalíes con un Winchester en cal. 44-40 ó 44 special, siendo sólo aceptable el 44 Magnum.Seguramente existirán algunos cazadores que han cazado jabalíes con estos calibres, pero siempre se habrá tratado de situaciones de tiro cercanos entre los 10 y 20 metros, con buena luz que permitió apuntar correctamente, a un animal estático, etc. etc. Ahora, con la luz de la luna –a veces semitapada por las nubes- y a unos 50 ó 60 metros, sólo se puede divisar un bulto negro sobre un fondo negro donde la mayoría de las veces ni siquiera se puede saber de qué lado está la cabeza de un animal nervioso que en segundos saldrá como un rayo, el disparo es casi instintivo y, si se trata del padrillo, que durante años estuvimos esperando, no nos podemos permitir dejarlo ir herido, arriesgando luego el no encontrarlo.Tampoco se trata de utilizar calibres aptos para elefantes. Por eso, si alguien me consulta le recomiendo cualquier calibre 30, por ejemplo, 308, 30-06 SPR o 300 WM, 30-30, como los más aptos. Respecto del uso de escopetas, sólo utilizaría una que permita montar una mira óptica, en cal 12 y en tiros no superiores a los 25 metros. Creo sí que es el arma ideal –cargada con postas– para rastrear en el monte a un jabalí herido.