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Suplemento Aire Libre Lunes 20 de Febrero de 2012

Caza

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Redacción

Por Redacción

Relatos de caza


YAGUARETE (PANTHERA ONCA): Los gauchos le llamaban "Tigre".


La Caza del Tigre en 1825 (Francisco Bond Head)  


"… Encontraron a un anciano

gaucho cazador con dos mocetones y numerosos perros. Tenía varios caballos

sueltos, en uno de los cuales colgaba una res de guanaco. Había andado buscando leones y estando dos

días entre montañas, pero con poca suerte. El gaucho era un lindo retrato del

viejo aficionado a la caza. Tenía boleadoras atadas a la cintura, cubiertas de

sangre engrumecida. Sus rodillas estaban admirablemente protegidas de los

arbustos por guardamontes de cuero. Montaba un buen caballo, con lazos y

envoltorios atados a los tientos. Así

que nos paramos, lo rodearon los perros que formaban jauría muy rara. Algunos eran muy grandes y otros cuzcos y

todos parecían de diferentes razas; muchos habían sido estropeados por tigres y

leones y varios ostentaban cicatrices honrosas. Sentí realmente muchísimo no

tener tiempo para incorporarme a la cacería que debe haber sido sumamente

interesante.Tan pronto como los perros

sacan de su guarida un león o tigre, lo persiguen hasta que se detiene para

defenderse. Si los perros lo atropellan, el gaucho salta del caballo; y

mientras la fiera pelea con sus enemigos, lo golpea en la cabeza con las

boleadoras; a las cuales puede imprimirse un momentum extraordinario. Si los

perros son tenidos a raya y temen atacar la fiera, el gaucho la enlaza y de

galope la arrastra por el campo mientras los perros se precipitan y la

despedazan”. Nota: Francis Bond Head,

ingeniero militar inglés, fue nombrado en 1825 gerente en la Argentina de la

Río de la Plata Mining Company, una de las dos firmas que por entonces se

constituyeron para explotar la  riqueza

del Famatina en minerales preciosos. A su regreso a

Inglaterra publica el libro “Las pampas y los Andes” con sus impresiones del

país.


Simón Carvajal (Jorge Luis Borges)

 

En los campos de Antelo, hacia el noventa mi padre lo trató. Quizá cambiaron unas

parcas palabras olvidadas. No recordaba

de él sino una cosa: el dorso de la oscura mano izquierda cruzado de

zarpazos. En la estancia cada uno

cumplía su destino: este era domador, tropero el otro, aquel tiraba como nadie

el lazo y Simón Carvajal era el tigrero. Si un tigre depredaba las majadas o lo oían bramar en la tiniebla,

Carvajal lo rastreaba por el monte. Iba

con el cuchillo y con los perros. Al fin

daba con él en la espesura. Azuzaba a los perros. La amarilla fiera se abalanzaba sobre el

hombre que agitaba en el brazo izquierdo el poncho, que era escudo y señuelo.

El blanco vientre quedaba expuesto. El animal sentía que el acero le entraba

hasta la muerte. El duelo era fatal y era infinito. Siempre estaba matando al

mismo tigre inmortal. No te asombre demasiado su destino. Es el tuyo y es el

mío, salvo que nuestro tigre tiene formas que cambian sin parar. Se llama el

odio, el amor, el azar, cada momento.

Nota:

El gaucho y aún hoy mucha gente del campo, especialmente en el norte del país y

por la cordillera, llama “león” al puma y “tigre” al yaguareté.  Ambos tan 

abundantes  en una época que llegaban

a asolar los campos de las afueras de Buenos Aires.


Caza: se acerca

la brama


Con la

llegada del mes de marzo, a veces unos días antes, comienza la “brama” del

ciervo colorado (Cervus Elaphus) en los montes pampeanos, o en la falda de la

cordillera andina.

La

brama propiamente dicho es un mugido ronco que emite el ciervo macho durante el

período de celo una vez al año. Para ser un poco más claro, a fines del verano,

comienzo del otoño los ciervos entran en celo. El Ciervo Colorado voltea

sus astas todos los años en septiembre/octubre. Aquí comienza una carrera

contra el tiempo, ya que las hormonas del animal empiezan a trabajar en la creación

de una nueva cornamenta, el tamaño generalmente es todos los años más grande y con

más puntas cuando es joven y está en su plenitud.  Luego cuando entra a envejecer la cornamenta

entra en regresión, se engrosa y pierde puntas. Cada año la cornamenta crece blanda y con una

velocidad espectacular, ya que en menos de tres meses alcanza su tamaño final. Aún blandas y con una capa de una felpa que

la recubre llamada velvet, aquí la cuerna está en su apogeo hormonal, en la

base donde están unidas al cráneo están comunicadas por vasos sanguíneos que le

dan vida, en el momento en que está terminada, estos vasos se cierran y dicha

cuerna empieza a osificarse y endurecerse, a mediados de febrero el ciervo está con su cornamenta totalmente terminada pero con felpa.  Este velvet tiene una carga hormonal inmensa,

al limpiarse las astas contra las plantas el animal deja marcado su territorio,

aquí el ciervo va a armar su bramadero o territorio de apareamiento.  Los primeros días de marzo ya concluyó su

cuerna y está listo para la brama que se da exactamente cuando los días se

empiezan a acortar, las hembras tienen en sus ojos una partículas que detectan

estos cambios lumínicos y entran en celo, el macho olfatea las hormonas que

liberan las hembras y comienza la época de reproducción o celo. Luego de esta

época, la cornamenta va perdiendo solidez en su unión debido a la falta de

irrigación sanguínea y la pierde para empezar un nuevo ciclo. Cada ciervo brama de una manera muy particular y se diferencian unos de otros.

Para muchos cuanto más ronco y largo es el bramido más viejo es el ciervo, pero

a decir verdad esta regla no siempre es de oro, muchas veces en el monte

pampeano está bramando un ronco y cuando llegamos a él es un ejemplar joven.

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