Por Redacción
Bogas
y Dorados en Cayastá
PESCA. Los Dorados y las Bogas dominan el pique.
PESCA. Los Dorados deben ser devueltos al agua con vida.
Eran las ocho de la mañana cuando de un golpe de
soga pusimos en marcha el Yamaha 40 y la proa de la lancha apuntó hacia el sur,
aguas abajo. Cayastá es un pesquero
tradicional para los rafaelinos. Esta localidad está ubicada sobre la ruta
provincial Nº y a unos 180 kilómetros de nuestra ciudad de Rafaela. Con Andrés y Gustavo salimos bien temprano ya que
la idea era pasar el día en la isla y probar suerte con los Dorados y las
Bogas. Para ello compramos dos docenas de Morenas grandes y unos cuantos
triperos de Sábalo. Con el traker de 5,20 metros de eslora remontamos el San
Javier, cruzamos frente a las ruinas históricas de Santa Fe la Vieja y
agarramos un arroyito que pasa frente a la cabaña de Marcos, propietario de una
conocida guardería de lanchas de Cayastá. Unos quinientos metros más adelante
paramos frente a la boca de una lagunita chica. Como el día estaba nublado y
fresco decidimos esperar para probar con la carnada viva y armamos los aparejos
para la Boga. Andrés y yo preferimos
armar el tradicional aparejo de fondo con plomada pasante y chicote de acero.
Gustavo armó con plomada al final de la línea, rotor y chicote de nylon.
Encarnamos con tripero pero como se notaba que había estado congelado tuvimos
que trabar la tripa con un pedazo de tongorí. El tripero de Sábalo es una
carnada excelente pero si es fresca ya que cuando fue congelada al querer
usarla se desarma y no queda en el anzuelo. Así que el consejo es: si le
ofrecen tripero de Sábalo congelado... no sirve. Al poco tiempo de arrojar los aparejos
tuvimos los primeros toques. Unos tironcitos suaves al principio para luego
tomar la carnada de forma más brusca es sinónimo de Bogas. Lamentablemente el
tamaño de las Bogas fue bastante chico y no pudimos guardar ninguna que alcance
la medida mínima. En uno de esos intentos el pique fue mucho más violento y
luego del cañazo a lo lejos saltó un Dorado. Andrés lo fue trayendo despacio y
con ayuda del copo lo subimos a bordo para sacarle el anzuelo. El Dorado de
unos tres kilos aproximadamente fue devuelto al agua previa foto con el
pescador. Luego de esto y notando la actividad de los Doradillos cambiamos los
aparejos, pusimos un anzuelo Nº 10 y encarnamos con Morena. Los piques se fueron sucediendo rápidamente
proporcionando diversión a una jornada que pintaba muy linda. Ya cerca del mediodía buscamos un lugar con
sombra para el tradicional asado. Todos sabemos que las horas del mediodía no
son las mejores para la pesca así que la sobremesa fue larga y recién a las
cuatro de la tarde reiniciamos la actividad. Otra vez buscamos a las Bogas que
seguían mostrándose activas. Acá pudimos sacar dos bien grandes que a la
noche se doraron en la parrilla del rancho. Ya sobre la tardecita y cuando
hicimos la última parada Gustavo decidió gastar las pocas Morenas que quedaban.
Anclados en el arroyo que llaman el “chinchulín” y cuando la lógica indica que
no es hora ni lugar para los Dorados tuvimos la gran sorpresa. Tirábamos hacia
una corredera y dejábamos salir línea hasta que el aparejo estaba a unos
setenta u ochenta metros. Ahí estaban cazando los Dorados que tomaban furiosos
las morenas. Así fue que al caer el sol sacamos unos cuantos Dorados que, por
supuesto fueron devueltos con vida al agua. Ya
con el sol sobre la línea del horizonte llegamos a la guardería con la
satisfacción de haber pasado un día hermoso entre amigos, en la isla y con unos
cuantos piques que coronaron la salida.
Andrés y yo utilizamos una caña de 2 metros apta para lanzar pesos de
hasta 30 gramos, reeles frontales y línea 0.30. Gustavo usó una caña de 1,80
metro de acción de punta y apta para lanzar pesos de hasta 60 gramos. Además, un reel rotativo con multifilamento de 0,22. La caña un poco más rígida que las
nuestras y el multifilamento que no se estira le permitió realizar mejores
clavadas con los Dorados.
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