Por REDACCIÓN
Por Hugo Borgna
Los escritores de textos para canciones son pérfidos. Si son cantautores, todavía más. Si el músico se ha convertido en socio productor de uno o más temas musicales, ya hay que dar por reconocida su responsabilidad por los insidiosos contenidos.
Y nadie puede disimular -definitivamente- la perfidia total de los directivos de empresas grabadoras, por generar en el calculado y desprevenido público que sufrirá cantando esos versos, esa intranquilidad interior, muchas veces traducida en angustia cantada.
La letra de “¿Y cómo es él?” hace pasar por todos esos estados de ánimo, con el agregado de no proporcionar la identificación del personaje culpable del conflicto insertado en los sentimientos de toda la comunidad cantable.
Pero… ¿la culpa es sólo de José Luis Perales?
“Mirándote a los ojos juraría – que tienes algo nuevo que contarme – empieza ya, mujer, no tengas miedo – quizás para mañana sea tarde – y cómo es él – en qué lugar se enamoró de ti – de dónde es – a qué dedica el tiempo libre – Pregúntale – por qué ha robado un trozo de mi vida – es un ladrón que me ha robado todo”
La historia -la verdadera, de entre casa- comienza cuando la grabadora, conociendo su virtuosa inspiración de compositor, le propone que él mismo cante sus temas creados. El resultado a la vista y al oído es la consagración como cantautor exitoso.
En ese esquema, la empresa, conocedora de que Julio Iglesias estaría en trámites de divorcio, le propuso a José Luis Perales que compusiera una canción que refleje el ánimo de un hombre en esa situación, sin dejar de atender al espíritu de la mujer.
Dentro de ese conjunto de historias a punto de separarse-unirse, el compositor encaró su tarea.
“Arréglate, mujer, se te hace tarde – y llévate el paraguas por si llueve – él te estará esperando para amarte – y yo estaré celoso de perderte. Y abrígate, te queda bien ese vestido gris – Sonríete, que no sospeche que has llorado – y deja que vaya preparando mi equipaje – y perdóname si te hago una pregunta más - ¿Y cómo es él?”
Por muchos años, el interés del público (nosotros) se volcó en averiguar quién hacía el planteo de conocer la destinataria de la canción. Primero fue la lógica: una ex a punto de divorciarse. Pero, como era demasiado elemental; hizo nacer otra pregunta, también de la vida diaria de las personas: el casamiento de una hija; y como muchos matices no coincidían. A la gente (nosotros) le gustó esa alternativa mientras no hubiera otra mejor. “Sonaba linda”.
Aparte de todo lo demás, ¿que tiene que ver esa situación con el consejo de que “te queda bien ese vestido gris”? Las hijas se casan de blanco, por lo que había que buscar por otra circunstancia.
Debía resolverse por el lado sentimental; la dedicatoria a la hija puesta para que se case quedó flotando, aunque sin apuro por ser resuelta por el conjunto canoro de siempre (nosotros).
Algo más (por si todo lo dicho fuera poco): por qué descartar la dedicatoria que estaba a la vista? Los datos de la empresa grabadora surgieron nítidos.
Un final cantado. Hubo una canción para una hija, una niña que empezaba a descubrir el mundo del primer crecimiento. Se había grabado unos cuantos años atrás.
“Carta a Maria (a mi hija)” se registró y grabó en 1984, y es parte del álbum “Amanecida”, donde con mucha poesía y ternura, se describe el universo de una niña feliz, espacio habitado por hadas y dulces presencias.
Parece ahora que la cuestión quedó debidamente aclarada; era una presencia femenina la que había motivado ese conjunto de posibilidades. Una hija, sí, pero “otra”. Real y sensitiva, lejana de circunstancias dramáticas.
La vida de los hombres y de las empresas con las que desarrollan su arte, tiene estos matices.
Nika Costa (hija de Don Costa, arreglador de Franck Sinatra) era una niña que grabó un tema con la orquesta de su padre. Una versión limpia, adolescente: “On my won”.
Ella, como la hija de José Luis Perales, podrían haber coincidido jugando a las muñecas blancas y negras, saltando como duendes universales de la boca ansiosa de importantes teclas de un piano.
¿Y por qué no?
La música, sublime modo de comunicación, abre la boca dando claramente un sí.