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Sociales Martes 10 de Marzo de 2026

Sensaciones y sentimientos: tres Helenos y más

Heleno está invitado hoy a esta página, que se siente bien cuando recibe a creadores que ponen alma, corazón y vida en sus composiciones.

Agrandar imagen Heleno, el recordado intérprete de "La chica de la boutique".
Heleno, el recordado intérprete de "La chica de la boutique". Crédito: Clarín

Por Hugo Borgna

El sonoro ámbito de la música está lleno de promesas luminosas. A veces permite que creativos compositores y frecuentados letristas se instalen en un envidiado trono, verdadero rey del aplauso y del canto. Surgen como aves precursoras de primavera esperando que muchos públicos las reciban en su corazón alegre. Y sobre todo que las canten.

Heleno está invitado hoy a esta página, que se siente bien cuando recibe a creadores que ponen alma, corazón y vida en sus composiciones, para quitarlo un poco del descuido del público (la palabra “olvido” no es bienvenida).

Existe una ingrata y dolorosa definición para la situación que atraviesan artistas que, habiendo conocido y saboreado la gloria con un tema musical, se les hace muy difícil repetirla con uno de las mismas características que el exitoso. Transcurrido un período más que prudencial sin el mismo resultado, dejan al artista en un segundo plano muy parecido al olvido.

La definición vino del ambiente musical de los Estados Unidos -le ponen siempre una adecuada etiqueta a todo- que los denomina “one hit wonder”, lo que vale a encasillarlos como “cantantes de un solo éxito”, siendo esta cruel clasificación aplicable al resto de sus carreras mediante la música. Queda, sí, aunque no sirve para consuelo tampoco, que cada cierto período alguien los rescata con placentera nostalgia, los busque en Google y- hasta- los cante.

Desde el norte habitado de multiplicadas grabadoras llega la evocación de nombres: “Cantando bajo la lluvia” y Gene Kelly, “Caminando en la lluvia” por Johnny Ray, “Oh, Carol” por Neil Sedaka, “Es pecado mentir” por Smith y sus pelirrojos, “Solo tú” por Los Plateros y…

Entre nosotros la lista es visible, extensa y emotiva. Se puede rescatar con algún suave esfuerzo a Daniel Magal, que popularizó “Cara de gitana” y a Yaco Monti (Julio César Eugenio, 1944) con su “Lágrimas para un recuerdo”. (Se llama así, por más que el calor del público de entonces la haya identificado como “¿Qué tienen tus ojos…?”)

Un poco más lejos en el tiempo se puede escuchar a Ricardo Yarke, un coetáneo de Roberto Yanés, que conociera el éxito con “Soy un extraño” y, unos años más cerca, a Salako (Julio Cesar Capano, La ocasión hizo al ladrón) quien compusiera temas para el canto de Sandro.

No nos hemos olvidado del invitado especial, el dueño de casa y anfitrión. Heleno.

Miguel Angel Espinosa vivió 83 años e impactó con tres temas. Durante el primero, bautizado como Darío Coty, fue con “En el cohete lunar” y “Esa condena” (“me traicionaste y castigaste mi corazón… y a la vida yo le pido que tí te cobre esa condena”).

Fue la primera vez que se presentó en Rafaela. Después de ese moderado éxito pasaron unos años hasta que tuvo su decisivo lanzamiento con… Si, lectores, el que están pensando: “La chica de la boutique”

Los directivos de la grabadora establecieron un diferente estilo e imagen para la propuesta de nuevo canto. Lo hicieron calvo, al modo de presentación del actor Yul Brinner y, en otro ámbito, del personaje de la serie policial de televisión “Koyak”.

¿Por qué “Heleno?”

Los creativos de la empresa grabadora, hábiles para sorprender con renovadas imágenes de cantantes, sentían fascinación por la literatura y el relato de las guerras troyanas. Por eso ese producto, que tanto impacto produjo, debía llamarse, exhibiendo además su identificadora calvicie, como “Heleno”.

Fue un giro más notable en modo y estilo. Originariamente se había apoyado, como tantos contagiados por el rock and roll y por Elvis Presley, pero su timbre daba más para el canto suave. “Darío Coty” fue a descansar plácidamente al baúl de los olvidos.

Volvió a Rafaela como Heleno. Su llegada al público fue decisiva, penetrante, con sabor a segunda parte que se impuso antes de la maduración de la primera.

Heleno y La chica de la boutique sellaron una época. La identificaron con su simple mención. Para darle más variantes a esta ya de por sí variante historia, habrá que reconocer que el éxito, muchas veces veleidoso, le quitó la posibilidad de nuevos temas-sucesos como ése. La boutique no logró renovar el exitoso vestuario de la sólida primera propuesta.

Pero llegó algo inesperado. Un tema que dijo presente y se hizo escuchar con atención, mediante un solo vocablo.

“Palabritas”, con mayor simplicidad en la letra y melodía sentimental y pegadiza, con más melodía y menos ritmo, encontró vidriera en un nuevo y bien visible local de ventas.

Heleno quedó otra vez a la vista general. El público se vistió ahora con esas sentimentales prendas. Y con modesto modo, como si tratara de llamar poco la atención: “Palabritas”

Es injusto, es cierto.

Algo debe quedar en el camino para la instalación de una verdad o un modo no previsto.

Por más que se evolucione, la teoría de que todo tiene un valor asignado, sigue siendo la pauta de inserción en la sociedad.

El éxito importante fue también de una chica -que dialogaba con el cantante-enamorado- y del recuerdo de la boutique: la letra se siguió apoyando en el modo de exhibir el local de venta.

No es exagerado decir que muchos recorren, todavía ahora, Florida o Corrientes. Están atentos a que se les aparezca una sonrisa contagiosa, de chica y mano incluidas, preparadas para saludar al viento que guste de presentarse como brisa romántica.

Y completar en sí mismos la fiesta de los sentidos, donde nada pasa de moda.

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