Por REDACCIÓN
Por Almudena Martínez-Bordiú
CIUDAD DEL VATICANO , 13 (ACI PRENSA).-En su primer día en Argelia, el Papa León XIV mantuvo un encuentro con el cuerpo diplomático y autoridades del país, a quienes recordó que una religión sin piedad “es un escándalo a los ojos de Dios”.
En su discurso, el segundo desde que llegó este lunes 13 de abril a la tierra de San Agustín, el Santo Padre aseguró que llega como un peregrino de paz y testigo de esperanza.
“En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas cerradas”, indicó.
Al destacar la fortaleza que caracteriza al pueblo argelino, subrayó que “quienes no se dejan cegar por el poder y la riqueza, quienes no sacrifican la dignidad de sus conciudadanos en favor de su propia fortuna personal o la de su grupo”, son el futuro de la nación.
A continuación, denunció que “el injusto” es aquel que “acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios”.
“Una religión sin piedad —añadió— y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios”.
Protagonistas de un nuevo rumbo de la historia
En este contexto, lamentó que sociedades “que se creen avanzadas” se precipitan cada vez más “en la desigualdad y la exclusión”, y denunció que “las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que viviéramos juntos”.
Por ello, el Papa lanzó una invitación a la población africana: “Su experiencia puede contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos”.
En concreto, subrayó que “podrán convertirse en protagonistas de un nuevo rumbo de la historia —hoy más urgente que nunca— ante las continuas violaciones del derecho internacional y de las tentaciones neocoloniales”.
También exhortó a las autoridades del país a “promover una sociedad civil viva, dinámica y libre, en la que especialmente a los jóvenes se reconozca la capacidad de contribuir a ampliar el horizonte de la esperanza para todos”.
“La verdadera fuerza de un país —precisó— reside en la cooperación de todos para la realización del bien común. Las autoridades están llamadas no a dominar, sino a servir al pueblo y a su desarrollo”.
Al hacer referencia al mar Mediterráneo, el Papa León XIV recordó que, junto al desierto, son lugares de enriquecimiento mutuo entre pueblos y culturas:
“¡Ay de nosotros si los convertimos en cementerios donde muere también la esperanza! ¡Liberemos del mal estos inmensos depósitos de historia y de futuro! ¡Multipliquemos los oasis de paz, denunciemos y eliminemos las causas de la desesperación, luchemos contra quienes lucran con la desgracia ajena! Son ganancias ilícitas, en efecto, las de quienes especulan con la vida humana, cuya dignidad es inviolable”, exhortó.
Bajo esta premisa, indicó que el Mediterráneo, el Sáhara “y el inmenso cielo que los domina nos susurran que la realidad nos sobrepasa por todas partes, que Dios es verdaderamente grande y que todo lo vivimos en el misterio de su presencia”.
El fundamentalismo y la secularización
A continuación, León XIV se refirió a la expansión del fundamentalismo y de la secularización, dos tendencias que se contraponen y “por las que muchos pierden el sentido auténtico de Dios y de la dignidad de todas sus criaturas”.
“Es así que los símbolos y las palabras religiosas pueden convertirse, por una parte, en lenguajes blasfemos de violencia y opresión y, por otra, en signos carentes de significado, en el gran mercado de consumos que no sacian”, advirtió.
El Santo Padre remarcó que “estas polarizaciones absurdas, sin embargo, no deben asustarnos”, sino que “hay que enfrentarlas con inteligencia.
“Son señal de que vivimos una época extraordinaria, de gran renovación, en la que quien mantiene libre el corazón y despierta la conciencia puede obtener de las grandes tradiciones espirituales y religiosas nuevas visiones de la realidad y motivaciones inquebrantables para el compromiso”, afirmó.
A partir de esta idea, subrayó que “es necesario educar en el sentido crítico y en la libertad, en la escucha y en el diálogo, en la confianza que nos hace reconocer en quien es diferente a un compañero de viaje, no a una amenaza”.
“Debemos trabajar por la sanación de la memoria y la reconciliación entre antiguos adversarios”, concluyó.