Por REDACCION
MOISES VILLE (Por Marta Zinger).- En esta población cuna de Integración cultural, paradigma de convivencia y tolerancia en la diversidad, celebramos Pascua y Pésaj. Celebramos la vida y la libertad.
La festividad de Pésaj (paso, salto), se origina en el gran acontecimiento del Éxodo de Egipto: Los hijos de Israel salen de la servidumbre a la libertad. Los preceptos que rigen la celebración tienen por objeto rememorar ese hecho. La salida de Egipto se menciona a diario en las oraciones rituales. Pero es en la noche del Seder (orden), cuando se recuerda el Éxodo de manera especial y la Hagadá (narración de Pésaj). En su texto marca la celebración paso a paso; y nos dice expresamente: “Cuanto más relata uno acerca del Éxodo de Egipto, tanto más merece ser elogiado”.
La Pascua, también llamada Pascua de Resurrección, Domingo de Gloria, Domingo de Resurrección…es la fiesta central del Cristianismo, en la que se conmemora, de acuerdo con los Evangelios canónicos, la Resurrección de Jesús, al tercer día, después de haber sido crucificado.
La Comunidad Judía de este poblado histórico, celebró el Seder Comunitario de Pésaj con una cena y la Narración: Hagadá, el 24 del corriente, al finalizar la semana en la que se come Matzá (pan ácimo),
La Comunidad Cristiana el 14 de abril realizó la Bendición de los Ramos de Olivo en la Plaza San Martín y la Procesión a la Cuasi Parroquia Nuestra Señora de la Merced, como símbolo del calvario de Jesús hasta llegar a su crucifixión, el Jueves Santo: la Eucaristía en la última cena y el Viernes Santo: la Muerte de Jesús. El Domingo de Resurrección se celebró la Misa solemne, se encendió el Cirio Pascual, símbolo de Cristo Resucitado.
Estas Pascuas, tan judías y tan cristianas, tienen la celebración común de lo mesiánico. Implican redimir el mundo y lo humano en imagen y semejante a lo divino. Son celebraciones del tronco común judeo-cristiano, en el que podemos apreciar la raíz profunda que compartimos, más allá de las ramas que dieron diferentes frutos, pero una misma cosecha, la de la gran familia que somos. Si al Mesías lo espera con completa fe la tradición judía; y si fue recibido y proclamado en Jesús como Cristo por la tradición cristiana; esta importante diferencia que debemos aceptar y valorar como tal en la riqueza singular de cada una de nuestras tradiciones, no debemos alejarnos de la común unidad que somos. Juntos rezamos y trabajamos por hacer mesiánico un nuevo tiempo, donde el amor, la justicia y la paz nos encuentren siempre celebrando como hermanos.
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