Por Antonio Fassi
Dos motivos de reciente actualidad nos fundamentan a tomar la iniciativa de documentar a través de esta nota, lo que indica el encabezado de la misma, pues ambos acontecimientos fueron preclara muestra de lo que simboliza, encarna y significan pasado, presente y ¿por qué no? futuro de este pequeño distrito, enclavado en la inmensidad de la pampa húmeda, a escasos 30 kilómetros de la cabecera jurisdiccional, Rafaela.
El pasado viernes, 26 de octubre, en el comedor del club 9 de Julio (Ayacucho y Pellegrini), un pequeño grupo de exhabitantes de esta Colonia, se dieron a la tarea de congregar a un centenar de originarios de dicha comunidad, esparcidos por doquier en las provincias de Córdoba y Santa Fe. Saludos, abrazos, evocaciones, apretones de manos callosas por el rudo trabajo del campo, acompañadas por algunas lágrimas que se deslizaban sus trayectorias descendentes por rostros curtidos por soles estivales y gélidos vientos invernales. El fin: reverdecer las raíces enclavadas en el pueblo natal.
Y tallaron los recuerdos, anécdotas de horas juveniles, ya sumergidas en el pre olvido, tomaron forma y fuerza de evocación a través de estos anecdotarios chacareros, donde primaba el trabajo diario, el respeto por el otro, el amor a la familia y las ganas de vivir.
Y el domingo 30, en horas del mediodía, mientras las espigas de trigo continuaban su proceso de maduración, y los astros prolongaban inmutables sus perpetuos giros, Colonia Egusquiza alteró su derrotero para celebrar los 80 años de vida de uno de los máximos referentes, cuya existencia se desarrolló totalmente bajo los cielos de esta colonia.
Con convicciones claras y precisas, trabajó incansablemente por su terruño natal desde siempre, integrando consejos civiles, oficiales, deportivos y religiosos, habiendo conseguido el tan ansiado camino pavimentado, siendo Antonio Eusebio (el ofrendado) presidente comunal durante el tratamiento para dicha obra provincial.
Descendiente de familias fundadoras, sus antepasados reposan en el campo santo local; y como dice el gran poeta rafaelino Mario Vecchioli. "Hoy, las calandrias cantan sobre sus tumbas". Antonio Eusebio fue capaz de continuar con su tarea, el legado de aquellos hombres y mujeres justos y sabios, cuya consigna fue de paz, pan y trabajo, a tal punto que hoy, en Egusquiza aún se puede dejar la puerta sin llave, y ningún habitante del pueblo tocará nada, y se pueden ver niños jugando por la calle sin peligro de ninguna especie. Ese es un mérito grande, urbanidad, respeto, educación. Pero para esas concreciones es necesaria una buena dosis de madurez reflexiva.
Por eso el título del escrito. Sobre el pasado heroico se estableció este presente, y el futuro ya queda esclarecido. Si somos capaces de mantener este precepto, este orden y esta regla, sin duda que el futuro será... laboriosidad, armonía, alegría y abundancia para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
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