Por REDACCION
Durante 7 años -entre 1953 y 1960- la Policía tucumana recibió a diario denuncias de vecinos de Monteros que aseguraban haber visto volar a un vampiro en algún lugar del pueblo.
Una sucesión de casos le daba entidad a la leyenda del vampiro asesino, y el mito motivó importante cantidad de noticias policiales y sucesos de buena parte de los diarios argentinos.
ASESINO SERIAL
El relato estaba basado en la aparición de un asesino serial: Florencio Roque Fernández, un joven oriundo de Monteros, nacido en 1935 en la periferia más pobre de esa población.
Los asesinatos cometidos, su modus operandi y la falta de resolución de un caso que necesitó de la participación de la Policía Federal para ser esclarecido, llevó a un diario tucumano a bautizar al asesino como "el vampiro de la ventana" o "el vampiro de Monteros".
PSICOPATA Y
ESQUIZOFRENICO
De niño, Fernández fue diagnosticado con una psicopatía que nunca fue tratada y que, con el correr de los años, se transformó en una severa esquizofrenia. Abandonado por su familia y obligado a vivir solo en la calle, mendigó, rapiñó y durmió a la intemperie, padeciendo el hostigamiento de quienes lo veían como "un loquito suelto".
¿LO MARCO UNA
PELICULA?
Un hecho nunca corroborado, pero que circuló entre los investigadores de la época, señala que Fernández vivió a los 15 años un episodio que cambió su vida: fue al cine local a ver la película Drácula, estrenada en Nueva York el 12 de febrero de 1931, que cuenta la vida de un sanguinario conde de Transilvania.
Versiones indican que los psiquiatras que alcanzaron a tratarlo en la cárcel consideraron que Florencio Fernández se mimetizó con el personaje del vampiro, tanto es así que salía solamente de noche cuando, justamente, cometía sus crímenes.
PRIMER HOMICIDIO
El primero crimen sucedió en enero de 1953, cuando luego de haber acechado durante horas a la víctima, Fernández ingresó en la habitación de una mujer joven, la golpeó con un martillo y luego mordió su cuello hasta desgarrarlo y provocar su muerte. Tenía solo 17 años de edad.
MAS CRIMENES
Aquella forma de atacar a sus víctimas se repitió un mes después, y luego sucesivamente hasta alcanzar, en siete años, los 15 asesinatos que le fueron atribuidos a Fernández. Una vez que elegía a su víctima, la seguía durante varias noches. La observaba en la oscuridad y, cuando por fin la encontraba sola en su casa, se metía por la ventana y mientras las mujeres dormían, comenzaba a golpearlas hasta dejarlas inconscientes.
Luego les mordía el cuello hasta provocarles desgarros e, incluso, destrozarles la tráquea y la carótida. Así, las dejaba desangrarse hasta la muerte. Y se sospecha que al igual que el conde Drácula bebía la sangre de las víctimas.
NO ABUSABA NI
VIOLABA
Los peritajes forenses realizados en los cuerpos de las mujeres muertas por el "vampiro", afirmaron que Fernández nunca violó o abusó sexualmente de sus víctimas.
ALEJANDO EL MAL
Por entonces, en Monteros muchos vecinos colgaban grandes crucifijos para protegerse de la maligna presencia del "vampiro", o le pedían al cura del pueblo agua bendita para rociar las habitaciones y alejar al espectro diabólico. Y otros guardaban en sus domicilios palos con punta para clavárselo en el corazón al desafiante asesino nocturno, tal como se vio en la película.
¿Y LA POLICIA?
La Policía local -que no podía ocultar su incapacidad para resolver el caso- trabajó sobre una hipótesis errónea: se convencieron de que debían ir tras una persona que presumían culta, adinerada y con gran capacidad para borrar rastros. Pero estaban equivocados, y no pudieron dar con el asesino.
Y llamaron a la Policía Federal para que colabore en la investigación. Los investigadores porteños trazaron un mapa de acción y concluyeron que todas las víctimas estaban dentro de un radio que tenía como eje central la calera, la misma donde Fernández moraba en una cueva. Así, fijaron puntos de posibles ataques y lo esperaron para sorprenderlo.
LA DETENCION Y
EL JUICIO
Finalmente, "el vampiro" fue detenido el 14 de febrero de 1960.
No opuso resistencia al arresto. Al contrario, parecía aliviado tras su detención.
Fernández tenía 25 años, y cayó la noche en la que la Policía estaba esperando el 16º ataque mortal.
En el juicio de Florencio Roque Fernández, las autoridades pidieron exámenes psiquiátricos y físicos para el reo. De esta forma diagnosticaron su esquizofrenia, que nunca había sido tratada, y descubrieron que su estado de salud era deplorable, producto de haber pasado varios años en la calle, con mala alimentación y en una cueva sin ningún tipo de higiene.
Finalmente, fue declarado inimputable y se decidió internarlo en un psiquiátrico de San Miguel de Tucumán, donde murió en 1968.
* Por: Daniel Santa Cruz (Archivo de Rubén A. Armando)
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