Energías limpias

Editorial 17 de enero Por
Aunque por ahora sólo cubre el 9% de la producción total, cobran gran impulso las energías limpias en América latina y el Caribe, con una inversión de 16.800 millones de dólares sólo en 2012.
Aunque Brasil se quedó prácticamente con todo pues hizo el 78% de las inversiones, igualmente es destacable el impulso alcanzado por Latinoamérica y el Caribe en cuanto a la construcción de instalaciones productoras de energías denominadas limpias, es decir, eólica, solar, geotérmica, biocombustibles, hidroeléctricas y biomasa. El ciclo revisado, que se extiende desde 2006 a 2012, tuvo una inversión en esta clase de plantas de 106.000 millones de dólares, de los cuales 16.800 millones correspondieron al último de los años mencionados, concretando en todo ese ciclo una expansión de 296%, lo que habla claramente del impulso conseguido.
La participación inversionista de Latinoamérica y el Caribe es el 6% del total que se hizo en el mundo, donde se destinó 269.000 millones de dólares en 2012. Queda de tal manera fijado el nuevo concepto que ha comenzado a prevalecer en cuanto a la generación de fuentes de energía, un bien escaso e indispensable, al que habrá que ir reemplazando con estas metodologías de generación limpia.
Sobre el tema desarrolló un extenso informe el periodista Carlos Bodyajián en el suple Eco del diario Clarín, sosteniendo que "América latina ofrece grandes oportunidades en este campo, gracias a su dotación de recursos renovables, el sostenido crecimiento económico de los últimos años -más del 4% anual promedio en la última década- y la preocupación de varios países por su seguridad y autoabastecimiento energético. Además, los altos precios de la energía a nivel regional y la disminución de los costos de equipamiento para energías limpias (en especial eólica y solar) traccionan las inversiones en este sector", quedando muy bien explicitadas las razones por las cuales se han convertido en tan atractivas las inversiones para la generación de esta clase de energía, que solamente en 2012 fueron 20 los países que lograron captar capital para esta clase de proyectos.
De todas maneras, y aún con este importante crecimiento, la participación total de las energías limpias en toda esta región continúa siendo bastante limitada, ya que sólo el 9% del total de energía producida en Latinoamérica y el Caribe proviene de estas fuentes renovables, aunque de mantenerse esta tendencia, lo que se descuenta, esos porcentajes se irán modificando sostenidamente.  Existe sí, algunos casos realmente notables, como por ejemplo Costa Rica y Nicaragua, donde la generación de energías limpias tiene una presencia del 44% y 36% respectivamente. El contraste lo tenemos aquí en la Argentina por ejemplo, donde apenas el 2% del total de la energía que se produce proviene de esta clase de fuentes limpias.
Todos estos datos fueron obtenidos del informe "Climatescope 2013:  Nuevas fronteras para las inversiones en el sector de bajas emisiones de carbono en América latina y el Caribe", el cual fue elaborado por el Fondo Multilateral de Inversiones del BID y Boolmberg New Energy Finance.
Como algunas de las razones principales que incentivaron las inversiones en la producción de energías renovables en la región, se destaca la significación de las cadenas de valor en lo que hace a biomasa, pequeñas centrales hidroeléctricas y biocombustibles, donde se destaca como países líderes a Brasil, la Argentina, Chile y México. Respecto a nuestro país, esta iniciativa cobró impulso desde 2007, con un programa de la Secretaría de Energía, con la meta de llegar en un lapso de 10 años a un 8% del total usado, para lo cual existen incentivos económicos para energía solar, eólica y geotérmica.
De todas maneras, en nuestro país se deben superar todavía numerosas barreras para afrontar un verdadero desarrollo sostenido, puntualizándose por ejemplo la fuerte dependencia con las políticas públicas y el financiamiento, ya que se dispone de la tecnología necesaria, aunque no se entiende porque "no tenemos la Patagonia llena de molinos de viento a importamos tanto petróleo y gas", según lo puntualizado por el economista especializado en temas ambientales Antonio Brailovsky.
Justamente, el último párrafo es clave para la Argentina, castigada por una fortísima crisis energética, la cual consume 13.000 millones de dólares al año -luego de haber sido hasta hace poco un país autoabastecido-, mientras se desaprovecha esta enorme oportunidad que ofrece toda la región patagónica para el aprovechamiento de la energía eólica.

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