El policía de Susana que fue repelido a balazos en el lugar

Locales 07/01/2014 Por
Se trató de la luego conocida como Operación Primicia, cuando Montoneros atacó al Regimiento de Formosa, huyendo los integrantes del grupo en un Boeing que descendió cerca de Susana. El policía del lugar Héctor Zeballos -fallecido en 2009- trató de llegar al sitio, llevado por Pepe Blatter, ya que la comisaría no contaba con móvil. Pensaban se trataba de una emergencia, pero fueron repelidos a balazos.
El domingo 5 de octubre de 1975 en horas de la tarde (17 hs. aproximadamente) un Boeing 737 a vuelo rasante despertaba la calma pueblerina de la localidad de Susana y la región. Era la última fase de la Operación Primicia. Sin embargo el agente de policía a cargo de la comisaría de Susana en esos momentos, Héctor Zeballos, desconocía lo que ocurría y decidió intervenir en la situación, informando a sus superiores de la Jefatura.
Zeballos junto a 2 personas (una era José Blatter que puso su camioneta a disposición ya que la comisaría no tenía móviles, la otra sería un policía de licencia) fueron al encuentro de la máquina voladora. Se pensó en una situación de emergencia y trágica, sin embargo antes de llegar al lugar donde había aterrizado el Boeing, fueron repelidos por grupos armados.
38 años después Mabel Noemí Menighini, viuda de Zeballos (falleció en 2009), trata de rememorar parte de lo vivido por entonces.
Héctor Pedro Zeballos nació en Humberto, luego de casarse con Mabel se trasladan a la localidad de Susana a comienzos de la década del ´70, donde estuvo a cargo de la comisaría en carácter de agente, siendo la única persona que ejercía funciones de seguridad (“personal único”).
“Yo estaba planchando y él (Zeballos) llegó con “Pepe” Blatter, entró al dormitorio y buscó una caja de balas para su pistola calibre 45. La gente decía que caían paquetes del avión, se supuso que era un contrabando, después era que estaban tirando clavos "miguelitos" en la ruta 34. Ellos fueron con un comisario que encontraron en la estación de servicio en la entrada del pueblo. Cuando van, ellos ven una caravana de autos y camionetas que salían, entonces Zeballos levanta la mano y los quiere parar, esto da origen a una balacera descomunal. Una rubia agarró una metralleta y le picó el paraíso donde estaba escondido, porque cuando abrieron fuego él se cubrió. Luego se arrojó detrás de un bebedero y pensó “que zonzo venir a morir acá en el medio del campo”. Blatter a todo esto fue en búsqueda de más ayuda. Yo no sabía lo que estaba ocurriendo, entonces vino el presidente comunal y me dijo “vamos a ver”. Entonces fuimos y encontramos a mi marido sano y salvo y nos contó lo que había pasado. Muerto no había ninguno, heridos tampoco. El se cuidó mucho de hablar por temor a alguna represalia, para resguardar a la familia. Nunca le dio una nota a nadie”, sintetiza Mabel en relación a los sucesos del 5 de octubre de 1975 que alteraron la calma dominguera y pueblerina.
En la nota de Edgardo Peretti “El día que aterrizó el avión”, publicada en LA OPINION el 4 de octubre de 2000 relata sobre el accionar de Zeballos de la siguiente manera: "Avisó por radio a la Jefatura y al hospital y sanatorios porque pensaba que se avecinaba una tragedia. Pidió ayuda a dos vecinos y con una camioneta salieron a la ruta 34, hacia el sur, donde se veía que el Boeing daba vueltas cada vez más cerca del piso sobre la “estancia” (de la familia Boll)… A todo esto el policía y sus amigos ya estaban en el interior de la estancia -un lugar de 30.000 hectáreas, con caminos interiores y hasta un canal que oficiaba de “pecera”, que comienza frente a la “curva de Fessia”- mientras que los policías que habían salido de Rafaela con el comisario inspector Héctor Vivas y el comisario Teófilo Graf, se encontraron con que los caminos rurales estaban “sembrados” con clavos “miguelitos”. Mientras esto sucedía el avión aterrizaba en una pista improvisada en un potrero distante, con rastrojos de sorgo, señalizada con banderas y hasta una manga de orientación. En el improvisado lugar, el piloto realizó una maniobra brillante y lo “bajó” en una distancia inédita, sobre la tierra y al final en un bajo húmedo. A bordo viajaba un grupo no determinado de secuestradores que huyó en cuatro vehículos que los estaban esperando (dos Ford Ranchero, una pick-up Chevrolet y un Peugeot 504 blanco).”
LLUVIA DE BALAS
“Cuando los secuestradores bajaron del avión los esperaban cuatro vehículos los que para dejar el lugar y tomar por caminos no “sembrados” tenían que hacer 600 metros hacia el sur y doblar luego hacia el oeste. El policía y sus amigos que llegaban de Susana no tuvieron problemas con los “miguelitos” porque pasaron por calles internas de la estancia y cuando llegaron al lugar donde doblaba el primer auto, recibieron la primera andanada de balas a las que respondió el agente con lo único que tenía: una vieja pistola Colt.45, tirando sobre el Peugeot 504 que se iba en sentido contrario. En esa esquina del campo había dos silos -hoy ya no están- que recibieron impactos, por eso el grupo siguió a los primeros sin advertir que por detrás se aproximaban las otras tres pick-up, cuyos ocupantes se habían “demorado” moliendo a palos a uno de los hijos de los puesteros que casualmente se aproximaba al lugar donde vivían sus padres, cerca de la pista. Estos sacaron a relucir todo el arsenal del que disponían y tiraron a mansalva sobre el policía y sus dos improvisados ayudantes quienes debieron resguardarse detrás de algunos paraísos que los salvaron de las balas de nueve milímetros y cuyas huellas aún permanecían hasta hace una año cuando una tormenta los terminó de derribar. El otro testigo era un bebedero donde se guareció por unos minutos el policía y que quedó convertido en un colador. Al igual que los silos y árboles, hoy sólo es un recuerdo”, según la experiencia y la pluma de Edgardo Peretti en la nota de LA OPINION del 4 de octubre de 2000.

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