Sensaciones y sentimientos

Sociales 08 de octubre de 2019 Por
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SUPERHÉROES DEVALUADOS
No se sabe si nacieron por la simple idea del entretenimiento, por el deseo de crear estética -por medio del dibujo-, por la necesidad de dar buenos ejemplos a la gente (nosotros) o por todo eso junto, pero no importa: nunca es tarde cuando la lluvia de buenas intenciones es buena.
Tal vez llegaron en el mismo momento y se hicieron conocer de a poco. En 1938 Jerry Siegel y Joe Shuster le dieron suficiente vida en el papel a Superman (el que conocimos aquí antes en revistas mejicanas como Superhombre y en castellano como corresponde). Casi simultáneamente ganó la pantalla grande y su popularidad desde entonces fue en crecimiento, reconociéndose siempre a Superhombre como una creación propia de la historieta. Un año después (1939) Bob Kane y Bill Finger originaron a Batman. Esta vez no hubo traducción a nuestro idioma del nombre del hombre murciélago y así quedó, acompañado por Robin, desde el dibujo y la televisión. Por entonces los padres de los personajes recién nacidos fueron un dibujante y un guionista.
Uno de los superhéroes, munido de superpoderes, surgió de la necesidad de sus padres de salvarlo de la destrucción del planeta Krypton: lo enviaron casi recién nacido en una cápsula bien protegida a la Tierra y se dedicó a salvar a este planeta de los peligrosos proyectos de terrícolas con mucha capacidad de destrucción. El otro superhéroe, vernáculamente humano, se ocultaba bajo la apariencia de un benefactor millonario, y estaba dotado de notable inteligencia y deseo de que triunfe la justicia. Él y su colaborador Robin, conectados a las autoridades de una ciudad especialmente creada, perseguían a ingeniosos delincuentes de raras y perversas inclinaciones.
Fueron pioneros. Poco tiempo después la imaginación, ayudada por el deseo de copia, dio intensa vida en papel (la historieta no es un género menor) a justicieros como Hombre araña (luego Spiderman), Mujer maravilla y una variedad importante de “capitanes”, habitantes también de estelares espacios en la televisión y el dibujo, y cada uno a su modo y estilo ayudó a despejar el mundo de molestos y exageradamente ambiciosos villanos que pretendían subvertir la moral y buenas costumbres, todos generosa y casi humildemente sin esperar recompensas.
Habían años desde la circulación de aquellas primeras aventuras en papel cuando el cine de enormes pantallas y envolvente sonido recuperó el poder de convocatoria de los originarios superpersonajes, ejemplos de virtud e inteligencia, asépticos y necesarios arquetipos a nivel de Mío Cid (buen esposo y padre, obediente vasallo de la ley y el orden y, por sobre todo, triunfador). Pero algo había que cambiar para concordar con los modos de vida del humano común de las recientes décadas; los mostraron más cotidianos y terrenales, sin su perfección original; capaces de acciones impensables para los, lejanos en el tiempo, creadores iniciales. Batman finalmente quedó sin Robin, y fue convertido en un ser oscuro, a veces vengativo y casi siempre hosco. Superhombre, que vivió temporalmente en estado matrimonial, fue mostrado como débil y hasta lo hicieron morir, pero (por supuesto) la magia del cine lo resucitó oportunamente.
No se entiende por qué esa insistida relativización de valores. Se pretendió que tener virtudes sin fallas era cosa antigua y aburrida; debían por eso devaluar a los superhéroes inmaculadamente nacidos. Y sin necesidad: la Industria cine, podría haber crear nuevos personajes del estilo. Sin superpoderes pero con la misma buena intención y eficacia en los actos justicieros.
Lo de ellos no era inocua candidez o infantil inocencia: las aventuras en papel ya habían dejado el claro mensaje de que el mal siempre tiene castigo y de que las virtudes y el valor son necesarios.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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