La pobreza nos ganó a todos

Editorial 04 de octubre de 2019 Por
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Una vez más la medición de la pobreza nos coloca, como sociedad, ante el fracaso. El aumento de este flagelo que ahora afecta al 35,4% de la población del país no es el resultado de la impericia de un gobierno sino de todos los que se han sucedido en las últimas décadas. Porque la pobreza no comenzó en 2015 ni tampoco en 2011 ni en 2003 sino que es un legado no deseado que viene de lejos. Ni los de derecha, ni los de centro ni los de izquierda que han estado en el Gobierno o en el Congreso han podido crear los consensos necesarios para definir las bases de un modelo de país con crecimiento sostenido y una distribución de los ingresos con justicia social.
Por tanto, la responsabilidad de no haber podido diseñar un formato de país más inclusivo en términos de economía social es colectiva, es de todos puesto que no hemos sido capaces de acordar políticas públicas para gestionar aceptablemente un país rico en recursos naturales. Más allá del enorme potencial que se advierta una y otra vez del campo o de áreas industriales pujantes como puede ser Rafaela, lo cierto es que uno de cada tres habitantes de la Argentina es pobre mientras que uno de cada dos niños vive en medio de la pobreza con expectativas de futuro condicionadas por ese contexto donde las oportunidades no florecen. 
Porque la crisis continuada en la que el país vive achica las perspectivas de progreso y no hace otra cosa que promover una frustración colectiva alarmante en la que crece esas ganas de los jóvenes por huir en busca de una vida mejor fronteras afuera, siempre y cuando tengan la posibilidad de subirse a un avión. 
Ahora en tiempos electorales se insiste, desde distintos espacios que juegan el poder en las urnas, con la necesidad de avanzar hacia un pacto social o consensos en el que participen los trabajadores, los empresarios, el Estado, la Iglesia y otras instituciones de la sociedad civil. Se trata de un manual desgastado ya utilizado por todos los candidatos pero rara vez por el ganador, que una vez que llega al poder trata de imponer un plan, un programa económico olvidando rápidamente la idea de los acuerdos. 
De acuerdo a los datos que el INDEC dio a conocer a inicios de esta semana, en los últimos doce meses, la cantidad de pobres aumentó en 3.250.000 habitantes. Así, los números de pobreza e indigencia reflejaron fuertes aumentos en comparación con el primer semestre de 2018 y fines de ese mismo año. Lo más triste es que la pobreza afecta con más fuerza a los chicos, ya que el 52,6% de los niños estaba en esa condición en el primer semestre del año, cuando aún no se había producido la fuerte devaluación de agosto. El dato refleja que unos cinco millones de chicos menores de 14 años son pobres en la Argentina, un millón más que hace un año. En ese rango de edad también subió fuerte la indigencia, que pasó de 8% a 13,1%. De acuerdo con los registros del primer semestre de este año, la pobreza infantil -menores de 14 años- aumentó del 41,4% al 52,6%, y la indigencia saltó del 8 al 13,1% en sólo 12 meses.
Es decir que sobre 9.500.000 chicos de menos de 14 años, 5 millones viven en hogares pobres. Según la estadística oficial, uno de cada 2, o 5 de cada 10 chicos, vive en hogares pobres. De estos niños pobres, 1.200.000 viven en hogares indigentes, así definidos porque sus familias no tienen ingresos suficientes para comprar los alimentos básicos.
Hace un mes, a principios de septiembre, el economista Ricardo Arriazu aseguró que debe esperarse un "fuerte salto" de la pobreza por la crisis. Dicho y hecho. Al mismo tiempo, señaló que para bajar ese flagelo al 10% el país debería crecer en forma sostenida al 2,8% durante treinta años. El economista advirtió en esa oportunidad que sin restaurar la macroeconomía, la Argentina no podrá crecer: hay que eliminar los déficit gemelos, estabilizar el tipo de cambio nominal y erradicar la inflación. Las tres cosas hay que hacerlas al mismo tiempo, dijo.
La inflación, está visto, continúa imbatible y ha derrotado a todos los ministros de economía de los últimos años sin excepción, los de un gobierno y los de otro.
Arriazu dijo que en el largo plazo la inflación es un fenómeno monetario, pero en el corto y mediano es mucho más complejo, por lo que hay que atacarlo desde múltiples frentes. Sostuvo también que la crisis actual forma parte de "un ciclo, y los ciclos pasan", pero el problema argentino es estructural dada la decadencia secular de la Argentina que lleva casi un siglo, y sigue allí. Y continuará en la medida que la sociedad en su conjunto priorice la grieta por sobre el bien común. 








Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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