Derrotas en capitales que Cambiemos no quiso ver

Notas de Opinión 01 de octubre de 2019 Por
El Presidente inició su gira por 30 ciudades con la que quiere darle vida a una campaña en terapia intensiva. El gobierno le apunta a una clase media a la que castigó casi todo su mandato y que terminó dándole la espalda.

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Por José A. Di Mauro*

Cuando todavía la posibilidad de llegar al poder algún día se advertía lejana, el entonces presidente del radicalismo, Ernesto Sanz, era uno de los que destacaban como prueba del importante peso específico que le asistía a su partido el hecho de que gobernaran la mayoría de las grandes ciudades. En efecto, las capitales de provincias tenían al frente a dirigentes radicales, que daban crédito al activo más reconocido del radicalismo: su poder territorial.
Fue la clave de que el PRO apelara a la UCR en 2015, en su objetivo de llegar al poder. Necesitaba como complemento para el triunfo el poder territorial del partido centenario. Y el argumento utilizado por el macrismo a la hora de justificar el estilo personalista ejercido desde el gobierno nacional -prescindiendo en general de los socios de Cambiemos- fue que esa poca participación se veía compensada en el interior del país, donde les dejaban encabezar las principales candidaturas.
Fue lo que hizo ilusionar a los socios de Cambiemos después del triunfo de las elecciones intermedias con que este año podría ganar hasta ocho gobernaciones. Ni imaginaban entonces la crisis devaluatoria que estalló a fines de abril y que en el transcurso de los meses que duró la corrida cambiaria llegó a postrar las expectativas oficiales.
En ese contexto adverso, el radicalismo perdió una capital provincial tras otra. Ese activo tan poderoso se fue diluyendo entonces, mostrando la cara más costosa del acuerdo electoral que los transformó en oficialismo. El último ejemplo fue Neuquén, capital provincial donde gobernó el radicalismo durante los últimos 20 años, y el domingo pasado fue recuperada por el Movimiento Popular Neuquino. Nadie pudo darse por sorprendido de ese resultado, ya que a lo largo del año Cambiemos no hizo más que perder en las grandes ciudades, logrando retener apenas la capital jujeña, San Salvador.
En el transcurso del año el radicalismo vio cómo se les escurrían una tras otras las ciudades donde gobernaban: Santa Rosa, a manos de La Cámpora; Paraná, con un intendente propio en vísperas de ir a juicio acusado de financiar el narcotráfico; Santa Fe y Córdoba, un histórico bastión radical que el partido centenario poco menos que entregó: primero, al arriesgarlo haciendo coincidir la elección capitalina con la provincial, y luego -y fundamentalmente- al dividir el voto llevando dos ofertas propias a las elecciones locales. Tienen más capitales donde aún no han votado… y que pueden perder también.
Durante el tiempo en que Cambiemos se ilusionaba con la reelección, no eran pocos los que minimizaban las sucesivas derrotas provinciales explicando que el fenómeno que en realidad se estaba dando era el triunfo de los oficialismos, y diferenciaban el voto provincial del que más tarde se daría a nivel nacional. El error fue haber minimizado las sucesivas derrotas sufridas por Cambiemos en lugares donde sí gobernaban, soslayando la ola adversa que esos resultados auguraban.
En ese contexto, el oficialismo espera que este fin de semana represente un punto de inflexión de cara al 27 de octubre. Una campaña que todos los actores de esa elección desarrollan a media máquina, tan contundente resultó el impacto de las PASO como para que cada una de las partes demore meterse en ritmo. Pero en el caso del oficialismo, con un optimismo palpable en la Casa Rosada que remite a preguntarse si cuentan con encuestas secretas que les permitan soñar, o bien -lo más probable- estén decididos a esparcir en la tropa propia un dejo de esperanza que les permita encarar la elección con mejores perspectivas, al menos para salvar la ropa.
El punto de inflexión que aspira encontrar este fin de semana el gobierno arrancó este sábado con la multitudinaria marcha del #SíSePuede en Barrancas de Belgrano, la primera de ese tipo convocada directamente por el Presidente, que ha dejado un poco de lado los manuales duranbarbistas para apelar a “la vieja política”, en pos de una mística que nunca pareció interesarle abonar a Cambiemos, pero que ahora busca como tabla de salvación. Fue el comienzo de una serie de actos que abarcarán unas 30 grandes ciudades… Aquellas donde el oficialismo perdió terreno en el marco de esta crisis sin fin que lleva ya casi un año y medio.
Este supuesto cambio de clima lo debe completar el resultado de la elección mendocina, donde el gobierno logró tomar aire con un triunfo que frenó la sucesión de derrotas. Con todo, no hubo festejo nacional público, habida cuenta de que el gobierno nacional debió mantener prescindencia en la campaña del radicalismo mendocino, para evitar contaminarlo del mismo modo que sucedió en las PASO. 
Un triunfo en Mendoza le permite al gobierno recuperar aliento y sentir que ese electorado que le era afín hasta hace dos años puede volver a darle una oportunidad. Por eso es que tardíamente entró razones de que necesita atender a la base de su electorado, la clase media a la que destrató prácticamente a lo largo de toda su gestión. Esa que no tuvo paliativos para sobrellevar la crisis y que lo votó convencida de que como mínima este gobierno frenaría la inflación.
Por eso los anuncios dirigidos a esa castigada clase media que en el marco de estos 30 actos por otras tantas ciudades buscará el gobierno hacer durante este mes de campaña.
Aunque la realidad cotidiana sigue siendo áspera. No quiso faltar el Presidente de la que probablemente haya sido su última cita en la ONU, y allí estuvo en un viaje relámpago, en el que ya no se lo vio como era habitual departiendo con los principales gobernantes del mundo. Tan solo una foto junto al matrimonio Trump, ni siquiera con la presencia de Juliana Awada, quien anduvo en cambio esta semana por España. Si hasta la reunión con las autoridades del Fondo Monetario Internacional no alcanzó el efecto deseado. En rigor, esa reunión que mantuvo Mauricio Macri bien pudo haber representado un error, pues no tiene sentido someter al Presidente a esa experiencia sin la certeza de que saldrá de la reunión con un anuncio positivo para hacer. Y todo el mundo sabía que el FMI no le iba a dar el OK al gobierno de Macri para recibir los 5.400 millones de dólares que le permitieran tener un final de mandato más o menos ordenado. Igual fue a esa reunión a exponer los argumentos por los cuales considera que el organismo debería desembolsar en nuestro favor lo pactado, y se fue con las manos vacías.
Con todo, el buen clima para Juntos por el Cambio durará nada, pues ya este lunes se anunciaba el nuevo índice de pobreza, correspondiente al primer semestre, y el número está por encima del 35%. Muy lejos de la “pobreza cero” declamada al menos como horizonte. Será el último índice que se anuncie durante esta gestión; cuando probablemente Macri haya dejado el poder se conocerán los datos del segundo semestre, que andarán por los 37 puntos.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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