Sensaciones y sentimientos

Sociales 01 de octubre de 2019 Por
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LOS CARAMELOS COTIZARAN EN BOLSA
La Bolsa de Valores, con ese sonoro título, impresiona a cualquiera y no es cuestión de tomar su importante nombre para comentarios jocosos y fuera de lugar, como asimilarla a las “bolsas de gatos” y menos aún relacionarla con las que contienen residuos, por ejemplo.
En el diario devenir por nuestras calles nos encontramos con (demasiada) frecuencia con que en general los comercios tienen poco “cambio”. Por eso, antes de que se resuelva si vamos a recibir el vuelto que corresponde, se producen cotidianas negociaciones con los que atienden los locales, generándose situaciones y posibilidades que, a pesar de ser pocas, siempre resultan de final inesperado. La buena, casi ideal, es cuando quien nos atiende, sin hacer gesto, comentario, o alarde de generosidad, nos da un vuelto de dos o tres pesos “de más”.
Empezaremos con las situaciones difíciles pero no tanto; el vendedor queda un instante serio, analiza las consecuencias del momento y después de hacernos saber que no tiene cambio, nos propone dar el vuelto en caramelos y, si se lo acepta, estará todo bien y en paz. Pero si recibe como respuesta el inesperado “no recibo caramelos de vuelto” hace un breve e intenso silencio y
- con visible sufrimiento- da un vuelto un poco superior a lo que corresponde.
Una variante se produce cuando avisa de la posibilidad de dar el dulce (¿) vuelto en especie mientras propone “¿Cómo hacemos?”, “¿Le debo yo o me debe usted?”. Si el comprador contesta “resuelva usted”, él puede cerrar la negociación en favor del cliente, recordándole que cuando pase otra vez por allí se lo devuelva, cosa que el cliente agradecido hace y vuelve a comprarle.
Hay una mala. Es aquélla en que el vendedor directamente intenta ponerle en la mano dos insignificantes caramelitos que ni siquiera deben ser dulces y da por terminada unilateralmente la operación, el pago y el vuelto. Ante el reclamo del cliente, dice airadamente “no tengo cambio” y continúa con lo que estaba haciendo antes de la venta, dando por hecha la mala relación y asumiendo que el cliente no volverá a su local, pero si el comprador como ironía le propone pagarle futuras compras con esos caramelos, mostrará sin disimulo una genuina cara de odio y desprecio hacia el “complicado” cliente, sin que se escuche lo que entre dientes ha murmurado.
Lo cierto es que existe una ley de defensa del consumidor -con impactante nombre en número en miles- que establece que cuando el vendedor no disponga de pequeño cambio para un vuelto (la ley no dice “pequeño”, surge del espíritu de la misma) la diferencia debe darse en favor del cliente; no dar por sobreentendido que éste deba afrontarla, ni que si reclama dos o tres pesos de vuelto, seguro que es un miserable y con demasiado tiempo libre.
Pero el caso es que es siempre el mismo sector el que paga los vueltos rotos, quedando olvidado y archivado así el consagrado dicho de que el cliente siempre tiene razón. Debe ser porque es quien aporta el dinero a la operación mercantil.
Y no es justo. Implica cobrar encubiertamente de más o hacerle pagar al comprador una mercadería que no quiere ni necesita. Y ni siquiera pidió, ocurriendo muchas veces que en lugar de de “tener siempre razón”, pasa a ser humillado y menospreciado.
Los caramelos han ganado inusitada importancia, sin importar si son de marca reconocida. Están bien a mano de comerciantes, para ser entregados con la mayor naturalidad como valor dinerario.
No nos deberá extrañar entonces que el menospreciado producto de devaluada dulzura, logre alguna vez cotizar en Bolsa, esa del nombre respetable y sonoro, aunque a veces otorgue ganancias que duran menos tiempo que un caramelo en la boca.
Hugo Borgna
Especial para LA OPINION de Rafaela

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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