Editorial

La Palabra 21 de septiembre de 2019 Por
El tango sin estereotipos

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Una suerte de templo aguarda la llegada de la gente. Se forman grupos de distintos orígenes en la vereda desde temprano. Comparten charlas y otras cuestiones. Se habilita el ingreso y se alteran los ánimos para ocupar un lugar en la ceremonia anunciada. Desfilan los diversos elementos que conforman el paisaje interior. Se apresta el iluminador, actúa el sonidista, y todo comienza a transcurrir sin solución de continuidad esa noche. Días intensos, sonidos eclécticos, voces altisonantes, jornadas plenas de cultura popular más allá de un escenario. Y la satisfacción de un programador, hoy nuestro entrevistado, que disfruta su adrenalina una vez más. Misión cumplida, pudo decir. Y mira desde su lugar de trabajo la felicidad de los presentes. Todo por el nuevo tango. Donde la edad es lo de menos. Pero siempre de culto, desde ya. 

Raúl Alberto Vigini

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