Carta de Lectores

Locales 24 de septiembre de 2019 Por
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A veces cuesta creer en algo

Sr. Director:

Cuando recibí en la Defensoría, el año pasado, la sentencia referida a un trámite legal que antes se llamaba Curatela (y que habíamos iniciado con mi compañero en el año 2015 para declarar la incapacidad de nuestro hijo para realizar ciertas actividades que en lo legal necesitan de un curador) , me sorprendí tan gratamente que no dudé en enviarle foto del escrito a mi hija, activa militante de la cuarta ola feminista, hablándole de esos pequeños grandes logros que nuestra lucha se va ganando. Esa sentencia me hablaba a mí y a mi familia, a mis cumpas, a la sociedad toda, de que otra manera de concebir a la discapacidad y a las mujeres era posible.
A diferencia del defensor que tomara el caso en 2015 y que me desestimara como curadora, optando sin ningún fundamento por la figura paterna, esta sentencia venía a decirnos que ambos podíamos ser “personas de apoyo” de nuestro hijo, un sujeto de derechos que no era invalidado por completo, sino que, atenta a sus capacidades, la jueza determinaba que debíamos acompañar y sostener sólo en algunas situaciones, aquellas que requerían de ciertas habilidades (leer, escribir, contar…) con las que nuestro hijo no cuenta: “… por lo que, en su beneficio, se restringe la capacidad para disponer y administrar sus bienes, contratar, contraer obligaciones, tomar y consentir decisiones…”. “Para la realización de los actos cuya capacidad se restringe, se designa como asistencia y apoyo, con facultad de ejercer los actos de administración, a sus padres... y...”.
El mes pasado la ANSeS determinó, unilateralmente, que esa sentencia no era válida para que nosotros cobrásemos su pensión, y retuvo el dinero, desconociendo la figura de “persona de apoyo”.
Solicitaban, casi caprichosamente, una ampliación o rectificación de esa sentencia que fuese explícita en lo referido a “cobrar una pensión”, ya que lo que decía la sentencia, para ellos, era poco claro (cuando lo que hacen en realidad es negar esta nueva figura legal, todo un avance en los derechos de las personas con discapacidad).
Recorriendo la Defensoría y el Juzgado, tuve que encontrarme con dos efectores del sistema judicial tan anquilosados y retrógrados que me costaba creer que formaran parte de ese mismo Poder que me había sorprendido con una sentencia tan de avanzada. El secretario de la Defensoría diciéndome en repetidas oportunidades que “si quería rapidez y efectividad fuera a pagar un abogado” (cuando yo le solicitaba plazos y estrategias viables para cobrar un dinero que, siendo de mi hijo, necesitaba) o el secretario del Juzgado diciendo risueñamente “estos cabecita negra complicano tutto” o “señora, el sistema es así y usted no lo va a cambiar”.
Respiro, muchas veces respiro, para intentar comprender desde qué lugar hablan personas como esas, desde dónde pueden ofender y denigrar sin que se les mueva un pelo, e inclusive queriendo convencer a los demás de que tienen razón.
Los que nos comprometemos socialmente sabemos cuánto nos han costado los cambios que vamos logrando, mucho andamos personal y colectivamente para transformarnos en sujetos políticos, capaces de pensarnos y pensar al sistema en el que vivimos como una construcción humana, posible de ser transformada y cambiada por quienes, a diario, sentimos que esos sistemas nos oprimen (y lo vivimos en nuestros cuerpos). Mucho andamos y crecemos, será ese esfuerzo continuo el que nos da la fuerza para tolerar semejante ignorancia... y respiré una vez más.
Espero que en este aire que exhalo en estas líneas, vaya toda mi intención de agradecerle a Nanci de ANSeS Rafaela, que ideó un mecanismo chiquito y viable para que, al menos por unos meses, cobremos la pensión. Siempre agradezco encontrarme con esas compañeras mujeres, que hacen la diferencia.
Y vuelvo a creer, porfiadamente, colectivamente, en la potencia transformadora de quienes nos resistimos...
Porque, mal que les pese a los que creen que la complicamos, si algo avanza es porque algunos estamos de pie, dando batallas, más pequeñas como esta, y grandes como las de los miles de compañeros en la plaza diciéndole NO al patriarcado, o las de los compañeros de las organizaciones sociales que aún no se cansan de decirle NO al destino de pobreza obligatoria que pretenden imponernos.

Diana Berra
DNI 22.054.593














Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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