Don Virgilio, maestro

Información General 11 de septiembre de 2019 Por
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VIRGILIO CORDERO./ El educador homenajeado por Peretti.
VIRGILIO CORDERO./ El educador homenajeado por Peretti.

Una escueta y arbitraria recorrida por su biografía nos dice que nació en 1920 y falleció en 2002. Que fue maestro normal a los 17 años y con esa corta edad, transitó por los voluntariosos caminos de la escuela rural. Que fue director, que fue educador, fundador de enseñanza y hasta intendente de su querida Rafaela, entre otras tantas distinciones.
Todo vale, pero no alcanza para definir la realidad dimensión de un hombre convencido de lo que significaba – y significa (perdón)- la educación como valor para construir sociedades mejores, a partir de hombres educados.
Don Virgilio Abelardo Cordero (tal su nombre completo) no quería que lo llamen “profesor”; él era maestro. Así de simple, así de grande, así de enorme.
Lo conocieron mis escasos 13 años a finales de 1971, cuando pisé por vez primera la Escuela Normal “Domingo de Oro”, su nido, su base, su cátedra. Había ido a ratificar mi inscripción y mientras acostumbraba mis ojos de pajarito de barrio, soslayando las alturas, en la puerta estaba el hombre. Canoso, de traje y voz firme. Me saludó y me preguntó por los motivos de mi visita, aunque – con los años- creo que ya lo sabía. Preguntó por mi escuela primaria y no se sorprendió por la mención: “Escuela 482, Manuel Belgrano, señor”, le contestó mi voz de nuevo.
Pero no inspiraba temor. Era respeto. Tuvo palabras elogiosas hacia quien era mi director en el reducto que (aún hoy) defino con soberbia como “tierra santa”, nada menos que el señor Rogelio Piantanida, aunque este era bravo en serio, pero derecho. Doy fe.
Después, me indicó el camino hacia la secretaría donde la señora de Zapata me abría la puerta de mi propia historia. Caramba, uno se pone viejo, ya es nostálgico casi por obligación.
Tres meses después nos recibió en la puerta de la Escuela y en esos tiempos que fueron desde ese día hasta su asunción como intendente (mayo de 1973) participé de varias reuniones en el salón de actos, con todos los varones, porque el director decía que los hombres hablan de frente y con respeto y era una situación que planteamos nosotros. Y él permitía que sus alumnos se expresen.
Eran años complejos y difíciles, pero el tipo estaba adelantado. Nos permitió asistir en zapatillas, con vaqueros (jeans, que le dirían) y sin corbata. “Pero el guardapolvo sigue firme!!”, dijo cuando los muchachos de tercero (que eran picantes para ese momento; hoy serían una mayonesa light) sellaron el acuerdo. Todos cumplimos.
Muchos años después lo frecuenté por diversas razones periodísticas, siendo la que mejor quedó grabada en la memoria la ocasión en que una larga charla con grabador abierto, se perdió por esas malditas cintas importadas que se cortaban en la mitad y uno no se daba cuenta. El viejo “Crown” te traicionaba sin aviso.
Al término de la conversación, el novel periodista se dio cuenta y largó al aire una sonora diatriba de palabrotas. El hombre, que tenía que irse, lejos de enojarse, esperó a que terminase y lanzó el desafío: “Quédese tranquilo, m’hijo; yo he sido un gran puteador (SIC). Apele a su memoria y saldrá adelante”.
Durante muchos años recordé ese desafío. De hecho, lo hago ahora. Ya el querido “Mito” Grande alertaba sobre los riesgos de andar grabando sin anotar, pero cuando uno es joven no le teme a nada, salvo al ridículo, claro.
La nota salió espectacular. Se había hablado de todo y la vieja y querida “Olivetti” anduvo a full hasta la madrugada. Salí adelante.
Como no podía ser de otra manera, Cordero me llamó por teléfono para felicitarme y lo mismo hizo con el director de LA OPINION.
Podría acudir a muchas citas, pero no vienen al caso. La verdad, esto pretendía ser un homenaje a todos los maestros; esos que sufren, que padecen y se hacen cargo de las carencias de un sistema que siempre fue el mismo amarrete, pero que aman y disfrutan lo que hacen, dejando su vida en ello, porque siempre serán maestros. Como el querido Virgilio Cordero, que desde algún lugar se estará preguntando si hizo bien en dejarme entrar a su escuela hace casi medio siglo. Ya es tarde.
Feliz día a todos los maestros. A todos, de corazón.
(Dedicado también a la querida memoria de Elva de Ternavazio y Mercedes “Coca” Fruttero, que andan por el cielo con sus guardapolvos blancos y sus convicciones.)

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