Sensaciones y sentimientos

Sociales 10 de septiembre de 2019 Por
Leer mas ...
NO HAY DEMOCRACIA SIN DISENSO
La idea básica de la necesidad de la democracia implica que deba existir convivencia civilizada: la propia palabra (democracia) da por verdadero y justificado que en las sociedades existan personas que opinen en una dirección o en la contraria. Democracia personifica así, al mismo tiempo, la comprensión de una realidad determinada y el remedio que se necesita para solucionar los conflictos de opinión ante cada acto político; sea ya consumado, anunciado o a concretarse.
En este régimen es necesario el debate: tal como se lo entiende, con amplitud, a primera lectura del párrafo antecedente. Se elige una autoridad máxima para el país (llámese presidente o primer ministro, según los casos), originado en un partido político y con derecho a concretar actos de gobierno por un período clara y previamente establecido por la Ley, siendo todo esto conocido y consensuado por los ciudadanos en y por el propio acto de emitir su voto. Todo este sistema incluye la presencia de alguien que “presida” y también, en otro sector, de las autoridades e integrantes del partido que no ha triunfado en la última elección; resumiendo, hablamos de “gobierno” y de “oposición” y, por supuesto, es necesario recordar que tanto en los actos de “gobierno” como en los mensajes y propuestas de la “oposición”, debe tenerse en cuenta el principio fundamental del “bien común”, que no es otra cosa que la indispensable tendencia a beneficiar a la comunidad.
Será lógico entonces que exista, en las campañas para reelección, el apoyo con nombre y apellido al candidato que esté ocupando la presidencia, ya que representa un partido ganador de una elección y la propuesta de gobierno vigente. Al sostenerlo a éste con su nombre, se ayuda al mismo tiempo a su proyecto.
Está previsto que la “oposición” (la palabra no debe interpretarse como rechazo sistemático a los actos de gobierno) puede ejercer su derecho a hacer conocer su opinión y propuestas, teniendo en cuenta que la práctica de la democracia exige mesura en lo que se dice y sabiduría en la intención, además del absolutamente reconocido respeto a las expresiones y figuras de los demás partidos.
Puede ocurrir que, en el fervor partidario, un sector se atribuya el derecho y lugares concretos para expresarse pretendiendo negárselos a los demás grupos. O que agreda verbalmente, quejándose si se le responde con otra agresión. O que, en un avance por sobre los derechos del otro sector, quiera criticarlo por opinar distinto que él o intentar que no exprese su mensaje.
Cuentan la democracia y el bien común, evitando excesos que puedan llegar a irritar a personas que están simplemente circulando: las calles y rutas no son propiedad de nadie en particular.
La libre circulación de vehículos es un derecho consagrado para todos. Ningún sector puede interrumpirla (y menos sistemáticamente) o criticar al otro grupo de opinión por hacer una manifestación, cuando esa no interfiere en el tránsito vehicular y además cumple con los requisitos legales y de respeto a los ciudadanos habilitados y cumplidores de la ley.
La consagrada frase de que los derechos propios terminan cuando empiezan los de los demás, merece ser puesta en vigencia y permanentemente a la vista. Las sociedades deben crecer y madurar diariamente, teniendo como objetivo el bien común.
Los participantes en política son todos mayores de edad y se postulan voluntariamente a los cargos: pedirles madurez no es una exageración sino lo mínimo con que deben responder si es que ya fueron elegidos o están pretendiendo serlo.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar