En busca de… Rafael de la Torre, músico cubano

La Palabra 07 de septiembre de 2019 Por
La real fantasía de la Trova Se radicó en la Argentina, pero llevó su música por el mundo. Viene de la Nueva Trova Cubana. Integró la Clave Cubana con Ibrahim Ferrer Junior. Premios y reconocimientos respaldan su trayectoria. Es compositor, cantante, guitarrista y comediante. En su taller de canto recibió a LA PALABRA y compartió en esta charla los momentos más destacados de su profesión.
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archivo La Palabra - En el taller: LA PALABRA compartiendo con Rafael de la Torre la charla en su espacio cultural

LP - ¿Cuándo saliste de Cuba por primera vez?

R.D. - En el año setenta y seis estuve en el Africa, después Europa en el ochenta y uno en el Festival de la Canción Política en Berlín con el grupo Manguaré.

LP - ¿Y a Argentina cuando llegaste?

R.D. - En el noventa y tres. Me prepararon una gira de lo más bonita por el sur como solista con mi guitarra. Y allí actué en lugares destacados de Buenos Aires. 

LP -Estuviste en el Festival de Folklore de Cosquín un año.

R.D. - Lo de Cosquín se da cuando estábamos en ese tiempo tocando en Ron y Son. A partir de un vínculo con un amigo. En una reunión se terminó de redondear la idea en octubre de dos mil uno. Hicimos un concierto en La Calera antes del festival.

LP - ¿Viajás seguido a Cuba?

R.D. - Sí, cuando puedo voy. Voy de vacaciones, pero cuando mis amigos se enteran, me organizan conciertos y cuando llego tengo una lista de presentaciones. Me gusta porque uno no pierde vínculo con la raíz que es muy importante. Por otra parte, también es muy hermoso que la gente se acuerda de uno como si estuviera permanentemente.

LP - Y Argentina es parte de tu lugar de radicación…

R.D. - Vine a trabajar, no es que programé venir a este país a establecerme. Sucede que el tiempo fue pasando y haber armado una familia en Argentina tiene una lógica, y se dio por la permanencia. Pero tengo otros hijos mayores que no están en Argentina…

LP - Pero además del escenario te dedicaste a la docencia.

R.D. - Sí. Yo va venía con eso hace rato con parientes pedagogos y psicólogos al fin. Me inocularon ese maravilloso virus que es enseñar lo que uno sabe.

LP - ¿De quién aprendiste canto?

R.D. - Aprendí en Cuba. Después en Argentina entrené con varios profesores incluso del Teatro Colón que tienen una preparación extraordinaria. Y mi inquietud literaria, leo mucho, y estudio mucho, y tengo un vínculo muy grande con la medicina, porque estudié radiología en Cuba. Eso me posibilita conocer mejor el tema. En tu país he ido a varios posgrados a la universidad yendo como oyente a clases porque la Constitución argentina lo permite a extranjeros. Y me he hecho de un parque técnico extraordinario. En cualquier momento voy a hacer un examen de suficiencia.

LP - ¿Qué le exigís al alumno?

R.D. - Hay una cosa que es importante. Una gran profesora de canto que además es una gran fonoaudióloga que es Magdalena León que es una gran cantante, a quien le tengo mucho respeto, dice: “Dime cómo respiras, y te diré cómo cantas”. No se lo robé porque siempre le doy el patrimonio de su autoría, pero es importante decirlo y es el aire. Por otra parte, la gente no sabe, no se da cuenta, que uno lo tiene de fábrica y otro lo va perdiendo con el tiempo. Pero un ser humano con muy buena dicción y muy buena respiración, es un ser que está muy cercano a tener una buena técnica para cantar. Le faltan otros detalles que no conoce. Porque el problema es la herramienta. Uno lo trae todo, pero hay gente que no lo echa a andar nunca. Lo otro importante es que ese cuento de que se canta con el corazón es mentira. Se canta con la cabeza. Vos podés tener un muy buen corazón, pero si tenés un zapato en la silla turca tú vas a ser un magnífico repetidor de melodías, afinadas pero vas a ser una heladera. Entonces es complejo.

LP - Hay que saber combinar, ¿no?

R.D. - Exactamente. Hay que cantar muy bien. Como decía el compositor José Antonio Méndez: “Yo tengo voz de vendedor de mangos”. Pero con eso avanzaba. Y lo reconocieron los mexicanos que le decían El King.

LP - ¿Tenés producciones discográficas?

R.D. - Son todas independientes. ¿Sabes lo que pasa? es que no hago concesiones. Hice uno con Ibrahim Ferrer hijo. Hice uno solo con temas propios y tradicionales. Otro con los amigos Julián y Juanjo Hermida que tiene muy buena crítica. He recibido el premio Gardel por alguno.

LP - ¿Qué te queda por hacer?

R.D. - Mira, mi dedicación al ska es un sueño hecho realidad.Es un ritmo originado a mediados del siglo veinte como fusión de lo afro con lo jamaiquino. A lo que estoy apuntando con un montón de cosas, con varias ideas que tengo ahí ya se han ido dando e incluso a propósito de este tiempo están sucediendo hechos con los músicos jamaiquinos y cubanos, que vengo haciendo acá. Y eso iba a suceder en algún momento por el mismo reciclaje del Caribe en sí mismo. Sería solamente darle al ska lo que le quitaron los ingleses, el tambor. Porque los ingleses no permitían que los esclavos tocaran tambor, por eso los americanos no tienen un buen conguero -tienen buenos bateristas- porque perdieron la relación con el parche tocado con la mano. Por eso aparecieron los negro spirituals, y las canciones en los grandes algodonales, porque los chicos como no podían tocar tambor, trasladaron el tambor a la laringe y desarrollaron esa maravillosa cosa que es gospel, y esas condiciones de vocales desarrolladas como un acting percutivo muy interesante y con algo del que también son precursores que es el canto antifonal. Así que es muy interesante. Pero por hacer en la música siempre se le ocurre algo todos los días. Es infinitesimal todo lo que podés hacer con la música. Es tremenda. El otro día estaba escuchando música celta y dije en cualquier momento voy a mezclar tambores con esa música. Porque está todo muy cerquita.

LP - Una anécdota de tu inquieta vida artística…

R.D. - Me pasaron tantas cosas… Estaba cantando en el Festival de Berlín en mil novecientos ochenta y dos, cerrando el espectáculo de Berlín, con el grupo Guaicán, con Sara González que cantaba con nosotros en esa época, una gran figura de la Nueva Trova. Y de repente estábamos cantando la Guantanamera como final de fiesta, y sentí una voz a mi espalda, tronándome en el oído izquierdo, y cuando me vi era la Negra Mercedes Sosa. Uhhhh… (risas) ¿tú quieres una cosa más linda que ésa? Terminamos abrazados todos cantando con ella y ella con nosotros. No sabíamos que iba a subir al escenario, cosa que nos alegró infinitamente. Ella había cantado en el festival otros días y había tenido conciertos aparte. Pero nosotros esa noche cerrábamos el festival, casualmente.

LP - ¿Te garantiza la felicidad el hecho de ser músico y cantor?

R.D. - Sí, totalmente. No se puede vivir sin la música. Y sin la música es estar sin alma.

por Raúl Vigini

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