Los plásticos de un solo uso

Editorial 26 de agosto de 2019 Por
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Con el respaldo de las Naciones Unidas, el Panel de expertos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pone especial acento en la relación entre uso de la tierra y el cambio climático. En este marco, la deforestación y la ganadería se destacan como elementos claves en la actual emergencia climática. La protección y restauración de los bosques como también la reconversión urgente del sistema alimentario mundial a través del cambio en la dieta son las soluciones clave para la creciente crisis de la tierra y el clima, según un informe autorizado por la ONU.
El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) revela que, desde el período preindustrial la temperatura sobre la tierra ya ha aumentado 1.53°C en comparación con el promedio global de 0.87°C de aumento, teniendo en cuenta la temperatura sobre el océano y la tierra. El aumento de la temperatura está afectando la seguridad alimentaria e impulsando la desertificación y la degradación de la tierra advierte a gritos.
Otro de los problemas medioambientales está dado por la contaminación por los llamados plásticos de un solo uso. Al respecto, la diputada nacional por Córdoba, Brenda Austin, presentó un proyecto de ley de presupuestos mínimos con el que busca promover acciones de protección ambiental para la reducción progresiva y prohibición específica de los plásticos de un solo uso. La legisladora planteó un inquietante dato en el texto de la iniciativa, en el que señala que todo plástico que desechamos, nos vuelve: micropartículas y pedazos diminutos entran en nuestros ecosistemas y contaminan nuestra comida, agua y aire. Así, se calcula que comemos 5 gramos de microplásticos por semana, el equivalente a una tarjeta de crédito. 
Los plásticos de un solo uso son aquellos que se convierten en basura inmediatamente después de ser utilizados; su propio diseño es para una vida útil breve, inversamente proporcional al tiempo que estarán presentes en el ambiente. Se calcula que tienen un promedio de uso de 20 minutos y que tardan entre 150 y 500 años en desintegrarse. Esta durabilidad junto con el uso incremental de productos descartables, acrecienta el impacto ambiental, sostiene el texto del proyecto. Asimismo, explica que los plásticos representan el 85% de la basura marina y que cada año tiramos al mar 8 millones de toneladas de este material a los mares y océanos, lo cual equivaldría a arrojar 348 ballenas australes adultas o el equivalente en peso a 268 Congresos de la Nación por año. También incluye una alarmante proyección, la cual indica que si no cambiamos nuestros hábitos de consumo y nuestras prácticas de gestión de residuos, se calcula que para 2050 habrá más plástico que peces en los océanos. 
Con más de 8.300 km de costa marítima y la tercera reserva de agua dulce más grande del mundo, Argentina tiene la posibilidad de liderar la reducción de contaminantes plásticos en la región, señala la legisladora. Si bien se pueden observar avances a nivel municipal como es el caso de Ushuaia, Pinamar y CABA es necesario implementar normas a nivel nacional que regulen la utilización, la distribución, comercialización, producción e importación de los productos plásticos de un solo uso, subrayó la legisladora.
Al mismo tiempo, manifestó “preocupación” por los datos revelados sobre los peces Sábalo en el Paraná, y los mejillones en Ushuaia, que dan cuenta de la existencia de microplásticos en el organismo del 100% de los casos analizados. Si bien la gran presencia de plásticos en los océanos genera preocupación, actualmente la realidad demuestra que la contaminación por plásticos es cuatro veces más importante, en cuanto a su dimensión e impacto, en la tierra. 
El proyecto propone distintos niveles de acción de acuerdo al tipo de productos de que se trate. Por ejemplo, respecto a sorbetes, platos, vasos, cubiertos, hisopos no compostables y bolsas, se plantea una prohibición progresiva en un plazo máximo de dos años. Respecto a productos de más difícil reemplazo, se incorporan reglas de etiquetado para reducir su uso y promover la gestión adecuada del residuo, por ejemplo pañales. En el caso de los recipientes de delivery se apunta a promover el uso de retornables, el uso de recipientes propios y eventualmente, la incorporación de recipientes compostables.
La iniciativa también contempla zonas de mayor protección como son los Parques Nacionales y áreas protegidas. Un capítulo completo dedicado al Estado, para promover el cambio de hábitos dentro de la propia administración pública, y a las facultades de la autoridad de aplicación completan el cuadro. El proyecto busca además promover el cambio de hábitos en el consumo de descartables e incentivos y programas para acompañar a la industria plástica en su proceso de reconversión.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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