Diseñar la casa ¿para siempre?*

La Palabra 24 de agosto de 2019 Por
por Rodolfo Livingston - arquitecto (Buenos Aires)
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1 / 2 - archivo Estudio Livingston - El Método: Así denomina su propuesta Rodolfo Livingston

La sabiduría popular dice que la casa hay que hacerla dos veces para tenerla como uno quería. ¿Es así la cuestión?

Y sigue siendo así. La prueba está en que más del setenta por ciento de las casas se reforman. Porque no se pensó. Se piensa el esquema: dos dormitorios son dos cuadrados con un baño en el medio. Las medidas y todo está establecido en la mente. Es decir, las casas están prefabricadas en la mente de la gente y en la mente de los arquitectos que es levemente distinta, con prejuicios. Por eso mi trabajo, básicamente son reformas. Y mi desafío es lograr revertir sin añadir metros cuadrados, nada más que rectificando errores originales, sin tirar abajo dentro de lo posible. Y ése es un tema que no figura en la facultad y que no figura en ningún lado. Y la gente hace a pulmón como puede.

Si tuviera que diseñar la casa desde cero. ¿Hay alguna posibilidad de que no necesite tener la reforma que mencionamos?

Sí. De hecho, las que nosotros hacemos casi nunca tienen las reformas después. ¿Por qué? Porque hay que imaginar toda la película. Nunca la podemos acertar el ciento por ciento. Pero hacer el esfuerzo por imaginarla. Imaginando centenares de películas se pueden sacar algunas conclusiones más válidas que las que sacan siempre. Por ejemplo, que el centro de la casa no es el living. La gente imagina una reunión de quince personas que no se produce casi nunca. Sino la cocina. Y a veces la cocina se trata como antes, una cosa que, si fuera posible, ponerla al fondo, dándole poca importancia. Y ése es el centro de la casa. Cuando uno llama por teléfono la gente está en la cocina.

Cuando hablamos de hacer la casa y del análisis previo con el interesado. ¿es un poco psicólogo el arquitecto en ese momento?

El arquitecto no es psicólogo por suerte. Tiene que preguntar. Y yo he perfeccionado un sistema de escucha, que sinceramente no existe, no se estudia. Por ahí trabajo. Desarrollé una estructura donde he perfeccionado el sistema donde no pregunto directamente las cosas sino doy una vuelta, basada en mis experiencias de reformas. Le consulto: Bueno, dígame todo lo que odia de la casa, todo lo que no le gusta. Me dice: Sí, pero para eso habría que hacer esto y aquello, y habría que tirar esta pared. Le contesto: No me importa nada. Diga lo que le molesta, lo que está en contra, y cómo se hace, si es caro o si es barato no existe ahora. Le tengo que descubrir el pensamiento. A eso lo llamo CFD, que significa “casa final deseada”. Y después, son principios, no son dibujos. Entonces después, cuando el cliente hace su proyecto, realmente empieza por ahí, le ponemos al lado la lista de lo que él se quejaba de su casa. Y comprobamos que muchas cosas siguen ocurriendo u ocurren otras. Entonces eso lo ayuda a pensar. En realidad, nosotros no interrogamos, sino ayudamos a pensar la casa. Las casas que voy dibujando, que voy buscando, teniendo adelante las cosas, que había en general, de las casas, y las que le gustan para sacar en limpio el mensaje final del dueño que ni él mismo sabe.

Las inquietudes de chico, lo que me rodeó, que a lo mejor o no determinó después lo que soy

Satisfacer a la gente en la realidad. No lo que la gente dice.

Cómo veo el paisaje urbano en lo que a arquitectura se refiere

Y… no se piensa demasiado. No hacen arquitectura. Cada cosa tiene un valor en sí mismo. Cada manifestación expresa, pero también un valor simbólico. Vamos a tomar un café, quiere decir vamos a conversar, no es el café. Y así todo. Quien pide la reforma de casa, y quiere un cuarto más, entonces la mente empieza a buscar huecos, que es un camino equivocado, porque resuelve el ambiente y tapa los otros dos ambientes.

Entonces con la docencia pude lograr tanto como con la profesión de arquitecto…

Sí. Empezó en Cuba donde lo adoptaron con entusiasmo. Y acá no. Ahora la adoptaron acá, no las autoridades de la facultad, sino que prestan las aulas.

El estudio profesional también ocupó mi tiempo

Sí. Nos remontamos a los años cincuenta y sesenta. Es un lugar donde fui incorporando alumnos y exalumnos míos. Ahora que estoy más grande, mi mujer que es arquitecta se compenetró totalmente en el Método y lo lleva adelante. Así que ella cumple funciones de esposa, madre de un adolescente y está a cargo del estudio.

Los libros fueron una posibilidad de comunicar las ideas…

Sí. Son diez libros. El primero fue Cirugía de Casas, que es una recopilación de artículos y es un libro que se sigue vendiendo. Ahí está la filosofía de la profesión, anécdotas. El Método -punto por punto- está todo escrito en otro de esos tomos. Desarrolla desde el llamado telefónico hasta el final, muchos casos, teoría sobre los casos.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Rodolfo Livingston

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