La ola del lenguaje inclusivo

Editorial 20 de agosto de 2019 Por
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A finales de 2017, el gobierno francés rechazó el uso en los textos oficiales del lenguaje inclusivo, una polémica iniciativa que pretende acabar con el predominio del masculino y tachada por la Academia Francesa de "peligro mortal" para la lengua. Con el creciente respaldo de los círculos feministas, el lenguaje inclusivo pretende acabar con la regla de concordancia del idioma francés que prevé que el masculino siempre prime sobre el femenino como lo muestra el siguiente: las tres mujeres y el hombre sentados en la mesa eran franceses. En cambio, la iniciativa por un lenguaje inclusivo propone grafías alternativas como "los diputado.a.s" o concordar un adjetivo con el sujeto más próximo, como por ejemplo: Luis y Luisa son bellas.
La cuestión suscitó una fuerte polémica en Francia, especialmente tras la edición de un manual escolar sobre lenguaje inclusivo, que llevó a la Academia Francesa a tacharlo de "aberración" y "peligro mortal para la lengua", lanzando una advertencia "solemne" en su contra. Las administraciones públicas "deben adecuarse a las reglas gramaticales y de sintaxis, especialmente por motivos de inteligibilidad y claridad", escribió el primer ministro, Edouard Philippe, quien de todos modos consideró que su posición contra esta iniciativa no altera en nada el compromiso del gobierno para "reforzar la igualdad entre mujeres y hombres", según la circular. 
El caso francés refleja como el avance del lenguaje inclusive en determinados ambientes gana terreno, en forma gradual, en la agenda en la que se debaten los asuntos públicos. En lo que hace al idioma español, la Real Academia Española se pronunció nuevamente año en contra de modificar las reglas. La institución no avala el llamado ‘lenguaje inclusivo’ porque "niega el valor genérico del masculino gramatical y altera artificialmente el funcionamiento de la morfología de género en español" según precisó en sus redes sociales en abril pasado.
En la Argentina crecen los planteos a partir de la irrupción formal de los grupos feministas en la escena pública para imponer el uso del lenguaje inclusivo. Organizaciones enroladas en estos espacios difunden comunicados de prensa o documentos redactados bajo las nuevas normas del lenguaje inclusivo. Y en este presente mes de agosto dos noticias surgieron de los ámbitos universitarios a favor de esta práctica. 
Primero, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aprobó el uso del lenguaje inclusivo en las producciones realizadas por sus alumnos de grado y posgrado. A partir de la resolución, el lenguaje inclusivo, que por primera vez es reconocido oficialmente en un ámbito académico argentino, podrá ser utilizado "en cualquiera de sus modalidades" como "recurso válido en las producciones realizadas por estudiantes de grado y posgrado".
En los considerandos de la medida, las autoridades académicas señalan que "el lenguaje con el que nos comunicamos y relacionamos comporta sentidos que reflejan desigualdades entre los géneros, naturalizando la segregación, discriminación o exclusión". La medida incluye además la instrucción a la Subsecretaría de Políticas de Género para que instrumente acciones de capacitación y difusión "a fin de comprometer a la comunidad universitaria a comunicarse con un trato respetuoso de los derechos de las mujeres, la diversidad sexual y de género".
Más recientemente, la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) aprobó la utilización en
la comunicación institucional y en las producciones académicas del lenguaje inclusivo. La institución se convirtió en la primera en aprobar la utilización de la "e" y la "x" en ciertas palabras del lenguaje también denominado "no sexista", después de las facultades de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y la Universidad de Buenos Aires.
La resolución reconoce -pero no obliga- la utilización del lenguaje inclusivo en la escritura de documentos de difusión interna y comunicados institucionales. También acepta la modalidad en "las producciones escritas y verbales realizadas por estudiantes de grado y posgrado, así como docentes y no docentes". Según señala la resolución, "se entiende por lenguaje inclusivo aquel que nombra a las mujeres y diversidades sexuales, rompiendo con la idea del uso del masculino como universal y neutro", lo que se traduce en el reemplazo de la terminación de palabras que denominan género por la "e" como "niñes" o por x, como por ejemplo "todxs".
Sin embargo, el lenguaje inclusivo sigue encontrando resistencia en otros sectores académicos. En un texto crítico con su implementación, el presidente de la Academia Argentina de Letras, José Luis Moure, advirtió que la imposición del "e" en los sustantivos que se generalizan a partir del masculino "no surge como cambio `desde abajo`, es decir como una progresiva y por lo general lenta necesidad expresiva de un número considerable de hablantes". Consideró en cambio, en una columna publicada en el sitio de la institución, como "una propuesta ´desde arriba´, numéricamente minoritaria nacida de un grupo de clase media que busca imponer con marca en la lengua un valor en torno a un reclamo social".










Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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