Sin odios ni rencores

Notas de Opinión 19 de agosto de 2019 Por
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Las sociedades tienen un crecimiento lento y de allí surge el aprendizaje, a partir de las vivencias colectivas. El problema principal consiste en la formación intelectual del individuo, los más inteligentes no han de ser los mejores.
El aprovechamiento colectivo de unos sobre otros, hace que una sociedad esté entregada a una indiferencia persistente, de una opresión que genera el querer tener, para tratar de vivir mejor.
Todos aspiramos a vivir mejor, pero los caminos a transitar en muchos casos son extremadamente desiguales. El estado en un sistema democrático, requiere de dirigentes capaces de conocer la idiosincrasia y las necesidades que permitan que el sector más débil, más castigado, recupere su libertad de poder vivir en principio cubriendo sus necesidades básicas. 
Si un pueblo o buena parte de él, no puede sustentarse con su trabajo para poder pagar, la luz, el agua, el gas y por sobre todas las cosas los alimentos y los remedios, estamos entrando en un espiral de desintegración social.
La anarquía estará a un paso para hacer tronar el escarmiento. Países desarrollados, sub desarrollados, emergentes, pobres y claudicantes, todo una escala de valores que solo marcan las desigualdades de unos sobre otros. El desperdicio diario de alimentos en el planeta originados por el consumismo en los países desarrollados, alcanzaría para alimentar las grandes mayorías pobres del mismo. 
La producción de armamentos generada por “El señor de la guerra” es de una magnitud tan incomprensible que no cabe en la mente humana, tal despropósito. Billones o trillones de millones de U$S (dólares) producidos para la guerra permanente en uno u otro lugar, para mantener territorios o seguridades internas de cada país. 
Hoy no estamos en la guerra fría generada en su momento, por EEUU y la antigua URSS, pero la obra de teatro tiene una misma proyección. ¿Hay otros actores hoy? ¿Rusia, China, EE. UU., Inglaterra, Francia, o son los mismos?
Hoy la mediocridad ha llegado a buena parte de los presidentes de nuestro pequeño globo terráqueo y en los sistemas democráticos los pueblos han votado y esto no parece ser lo mejor, pero es lo real.
El ciudadano de a pie, a partir de su propia protección va perdiendo valores y solo lucha por su espacio presente, descreyendo de un gran número de ellos, lo que genera soledad y angustia.
Todo gira alrededor de la política, palabra acuñada en la antigua Grecia, donde el dólar no existía y la CIA tampoco.
Nuestra sociedad se encamina a un nuevo proceso electoral, que ha de ser una prueba más de nuestras capacidades y oportunidades para evaluar situaciones acontecidas recientemente.
Votar con criterio, no es lo mismo que votar en contra de, cuando nuestros efectos sean negativos, volveremos a tener nuevas experiencias de nuestras actitudes. Un gobierno en nuestro país, como en muchos, dura cuatro años, con un sistema presidencialista, que no significa que todo el poder lo tenga el eventual elegido.
En cuatro años con un mal gobierno, cerrarán empresas, se producirán desocupaciones, inflación y todo una serie de sufrimientos para muchos. Siempre habrá un sector privilegiado minoritario que moverá los hilos de las marionetas
de cartón, para seguir cumpliendo sus objetivos. La nueva odisea consiste en pensar, pensar y pensar, para creer que la democracia, sin falsedades, ha de ser el mejor sistema de una comunidad organizada, sin odios, ni rencores.
“Los presidentes no heredan problemas, se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir dichos problemas, culpar a los predecesores es una salida fácil, mediocre”, dijo alguna vez Angela Merkel, física y política alemana, canciller desde el año 2005. Para tener en cuenta.


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