Pa’ la Dorita

Sociales 03 de agosto de 2019 Por
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La casa del maestro, donde vivió el maestro, tiene una vereda que lo recuerda; tiene forma de arte, de un teclado, del ámbito donde el hombre hizo su historia musical, del sentir andar por la vida.
Adentro, está su elemento, su piano, el receptor de la inspiración artística –según su propia definición- que supo acompañar con esfuerzo de largas noches de sueños entregados y cigarrillos interminables. El piano suena en estos días por las manos de la descendencia y hasta ayer, custodiado por ella.
Hace más de tres décadas el maestro Remo Pignoni pasó con su cuerpo a otro plano. No importan detalles; dejó su talento para que nosotros lo disfrutemos y, los que lo siguen, aprendan.
En este invierno de agosto ayer lo siguió Dorita. Fiel compañera de vida, de alegrías y lágrimas, y custodia de su historia. La vida hace de las suyas, y los tiempos la acompañan, pero jamás –jamás!- la biología podrá con la esencia misma del ser humano: ser y recordar.
El, el Maestro, le dedicó un tema con nombre propio, es el que titula este humilde espacio de memoria. Sabía que siempre sería poco, aunque como tantas cosas, eso es lo que sólo saben un hombre y una mujer que se aman.
Mientras su familia la despide, el escriba se queda pensando en aquello de las evocaciones vanas y los supuestos que nadie podría probar. Decidí quedarme con el piano, ese elemento que se hizo extensión de las manos del hombre que tanto cuidó ella y sus hijos (mis amigos), y pensaba que hoy no estará en silencio; en algún lugar, en el espacio donde nada termina, el Maestro Remo la espera transitando teclas, haciendo sonar sus mejores notas, porque ya están juntos para siempre. Chau, Dorita.

Edgardo Daniel Peretti


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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