¿Es obligación perdonar?

Información General 23 de julio de 2019 Por
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(Por Miguel Pettinati). - Es posible que, sin buscar mucho, nos encontremos con personas que están disgustadas consigo mismas, por no querer perdonarse algún error; o con familia en las que se ha instalado el el rencor por la carencia de perdón entre sus miembros -o con una sociedad, incluso con toda una nación- donde el odio ha carcomido muchos corazones que no quieren perdonar a quienes piensan distinto o a quienes los damnificaron gravemente. Lo cierto es que, cuando falta el perdón inteligente, las personas se denigran, y su obstinación las torna irracionales, y las sociedades se envilecen y se destruyen a sí mismas. (J. L.K.)
En consecuencia, se pueden encontrar no pocas personas que, por las razones más insólitas, viven hundidas en la oscuridad del odio y el cieno de la venganza, son varones y mujeres que perdieron la paz y la alegría.
Sin embargo, aún en los casos más extremos y desgraciados, también para ellos hay una esperanza cierta de un cambio y de una nueva realidad.
Nunca nadie podría ser tan lacónico como para afirmar que todo está irremediablemente perdido -al menos si se buscan- aunque sea a tientas la verdad, la justicia y la paz.
De hecho, Dios ha mirado con misericordia a la Humanidad -a pesar de los rechazos a su voluntad- y se humilló hasta hacerse hombre, anunció el Evangelio de la salvación y lo ratificó con el misterio pascual... ¡Dios perdonó!
Durante su misión evangelizadora y con una pedagogía propia de quien es verdadero Dios y verdadero hombre - Cristo Jesús y también se refirió al perdón entre los diversos problemas que podían vivirse en su Iglesia.
Si bien, desde alguna perspectiva el perdón podría ser visto como un acto generoso del hombre en que él mismo da y retiene el perdón, según su voluntad, como si el otorgarlo fuese prerrogativa humana. Por otra parte, en la parábola de los deudores (Mateo 18,23-35) se entiende que, en realidad, el ser humano está obligado a perdonar, porque antes ya fue perdonado - muchísimas veces, hasta ortorgarnos -con la redención-, el perdón por una deuda impagable contraída por el género humano en los orígenes de la historia.
Entonces, cuando se trate de perdonar a un semejante, nadie debe olvidar que, innumerables veces, él mismo ha sido perdonado por delitos contra Dios y sus designios. Si se suscitara el lamentable caso de que alguien no quiera perdonar  a otro, aquel corazón endurecido difícilmente alcanzará el perdón de Dios.

Querido lector
Pienso algo más: la debilidad humana suele inducir a los mezquinos para que consideren el perdón como una pérdida o una concesión al adversario. Quien perdona de corazón nunca será derrotado -todo lo contrario-, porque el perdón es el triunfo del amor sobre el odio, -es el éxito de la esperanza sobre el pesimismo- es el  inicio de la vida sobre la muerte.
Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que Dios los sane? No tiene misericordia de un semejante a él. Y se atreve a implorar por sus pecados. El, un simple mortal, guarda rencor ¿quién le perdonará sus pecados? (Eclesiástico 28,1-7). ¡en efecto, el perdón es una gracia que viene de Dios y una experiencia de amor en él!
Felices los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, así por ejemplo: vengan a mí, los que van cansados, llevando pesadas cargas, yo los aliviaré, carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy paciente y humilde de corazón y sus almas encontrarán descanso, pues mi yugo es suave y mi carga liviana (Mateo 12.25-30).
¡Señor mío y Dios mío que tu palabra se cumpla en mí!.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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