Acuerdo Mercosur

Notas de Opinión 11 de julio de 2019 Por
Nos invitan a jugar en la Champions League y los políticos quieren jugar solteros contra casados.

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El acuerdo de integración económica entre el MERCOSUR y la Unión Europea ha generado apoyos y rechazos. Los rechazos más llamativos vienen del kirchnerismo considerando que Cristina Fernández había manifestado su apoyo a ese acuerdo en 2014. Los que formularon declaraciones en contra fueron el candidato a presidente, Alberto Fernández; el ex ministro de Economía, Axel Kicillof; y Fernando Solanas, el hombre de los 35 asesores.
Ese rechazo parece demasiado apurado para sostener que todavía no somos competitivos porque recién el próximo año se prevé que va a estar pulido y traducido a todos los idiomas de los países que integran la Unión Europea. Luego ese acuerdo tiene que ser aprobado por el parlamento europeo con mayoría calificada, lo que significa el voto positivo de 16 de los 28 países miembros; y también tiene que ser aprobado por los congresos de los países que integran el Mercosur.
Una vez sorteados todos estos pasos, comienza una etapa de reducción arancelaria en un plazo de 15 años, así que cuando pueda comprar mi primer auto importado de Europa sin aranceles, ya voy a ser un economista entrado en avanzada edad. De lo anterior surge que los que se oponen al acuerdo parecen oponerse más por deporte e ideología proteccionista que por argumentos serios.
Lo concreto es que, si se sortean todos estos pasos, al Mercosur en general y a la Argentina en particular, se les abre un mercado de 508 millones de habitantes con un ingreso per capita promedio de USD 36.500; mientras que el bloque sudamericano tiene una población de 275 millones de habitantes con PBI per cápita medio USD 12.000.
Hay que tener mentalidad de piquetero prefiriendo cortar calles en vez de trabajar si te ofrecen un mercado del doble de población y más del doble de ingreso per cápita.
Antes de continuar, vale la pena resaltar que este proceso de integración va llevar más de 15 años, de manera que argumentar que con estas tasas de interés, esta carga impositiva y esta legislación laboral no podemos acordar no tiene sentido. Hay suficiente tiempo como para que los partidos políticos acuerden las reformas estructurales para ser competitivos y cuando llegue el momento ser competitivos.
En un paper que publicó el economista de UCEMA, Jorge Ávila, en 2008 sobre tratados de libre comercio, identifica incorporaciones al mundo en forma individual al estilo Chile o Argentina en el siglo pasado. Acuerdos comerciales con superpotencias como el que hizo México con EE.UU. vía el NAFTA y tratados supranacionales como los de España e Irlanda con la UE.
Chile hizo una integración al mundo en forma unilateral estableciendo un arancel único del 11% que luego lo fue reduciendo y, además, firmó tratados de libre comercio. Ese arancel único fue establecido en 1979, aunque previamente se habían removido trabas y reducido aranceles a las importaciones, pero el proceso de apertura económica e integración al mundo fue mucho más agresivo a partir de 1979.
Por ejemplo, mientras la Argentina incrementó la relación entre las exportaciones y el PBI en 8,4 puntos porcentuales entre 1961 y 2018, Chile, con la apertura comercial, la duplicó, subió 17,4 pp; Irlanda 88,4 pp; Hong Kong 105 pp; Corea del Sur 40 pp y España 26,3 puntos porcentuales.
Mientras que en el gráfico puede observarse cómo evolucionaron las exportaciones de ambos países entre 1961 y 2018. Chile toca un pico del 45% por el precio de las materias primas por sus exportaciones de cobre, mientras que la Argentina, exportando también commodities llega a un pico de 22,3% en ese año.
Como siempre salta el que dice que ese es un negocio para pocos (esperemos que ahora no digan que Alemania, Italia, Francia u Holanda hacen dumping social como decían de las importaciones del sudeste asiático cuando querían cerrar la economía) y la población no se beneficia. El gráfico muestra la evolución del PBI per cápita en dólares constantes de 2010 comparando Argentina y Chile. Con su integración al mundo y su amplio proceso de privatizaciones, Chile nos ha pasado el ingreso per cápita.
Si se ven los casos de países que hicieron tratados supranacionales, es decir con un conjunto de naciones desarrolladas y disciplinadas, la forma en que crece el PBI por habitante respecto al de Argentina deja enmudecidos a muchos.
España comienza sus grandes transformaciones económicas e incorporación a la UE luego de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 e Irlanda inicia su proceso en 1987. Irlanda, con un territorio de 70.000 km cuadrados, menor al territorio de la provincia de Formosa y con una población de 4,8 millones de personas, exporta por USD 400.000 millones al año y tiene un ingreso per cápita que es casi 8 veces mayor al de la Argentina; y España, con la misma cantidad de habitantes, tiene un ingreso per cápita 3 veces mayor y exporta por USD 489.000 millones al año.
Ninguno de estos países tiene Vaca Muerta, la pampa húmeda o el litio, pero se anclaron a instituciones serias que los obligan a adoptar políticas públicas sustancialmente más razonables que las de la Argentina.
Seguramente esos países cometerán errores, pero no tan groseros como los nuestros. Es que al estar aislados del mundo se cree que hacer barbaridades económicas e institucionales no tienen costo. Creen los populistas y los progres que la riqueza está en la pampa húmeda y solo hay que redistribuirla. El resultado es que los países que se integraron al mundo en forma aislada, con superpotencias o con supraestados, todos salieron ganando en bienestar para sus poblaciones.

Un claro camino descendente
Los argentinos lo vivimos a fines del siglo XIX y principios del siglo XX cuando el país se incorporó al mundo (y no vengan con que era un país en que la gente se moría de hambre porque ningún español, italiano o alemán iba a cruzar el atlántico para ser sometido a trabajo esclavo y morirse de hambre). Fue un período en que al incorporarse al mundo e incrementar el comercio se atrajeron inversiones las cuales generaron puestos de trabajo y mejoras en el nivel de vida. Por eso en 1895 y 1896 la Argentina registró el ingreso per capita más alto del mundo.
Y si alguien viene a sostener con que antes ese ingreso estaba mal distribuido y unos pocos se quedaban con la mayor parte, les digo que en todo caso hoy estamos peor porque la pobreza explotó y solo la casta política y algunos empresarios prebendarios viven bien, el resto es sometido a un sistema de esclavitud impositiva y los otros viven de los mendrugos de los punteros políticos y líderes piqueteros.
En síntesis, el tratado de libre comercio entre Mercosur y UE es una de las mejores noticias que hemos tenido en mucho tiempo. Sin duda que falta mucho para su implementación y hay suficiente tiempo para hacer las reformas necesarias para ser competitivos. Tal vez demasiado tiempo para mi gusto. Pero lo cierto es que Argentina solo puede salir adelante integrándose al mundo para anclarse a la calidad institucional de los países más serios y atraer un volumen importante de inversiones destinadas a las exportaciones. Esas inversiones permitirán bajar la pobreza, la desocupación y mejorar el ingreso real.
Tenemos la oportunidad de jugar en la champion league y algunos políticos ya se están quejando porque prefieren seguir jugando el campeonato de solteros contra casados. No vaya a ser cosa que la gente mejore sus ingresos reales de tal manera que, sin la legión de pobres que hoy tenemos, esos políticos pierdan su trabajo y tengan que ponerse a trabajar ellos y sus asesores.





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