Se despertó tarde

Deportes 04 de julio de 2019 Por
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FOTO WEB DECEPCION. / La de Messi, mientras Brasil celebra el pasaje a la final.  FOTO LA OPINION CHARLA. / Néstor Clivati junto a Oscar Ruggeri tras el 0-2 de Argentina ante Brasil.
FOTO WEB DECEPCION. / La de Messi, mientras Brasil celebra el pasaje a la final. FOTO LA OPINION CHARLA. / Néstor Clivati junto a Oscar Ruggeri tras el 0-2 de Argentina ante Brasil.
Es saludable alejarse un poco de la escena para una segunda lectura o una mirada más relajada. Las emociones son conspiradoras, lo sabemos y en estos eventos, donde la carga energética, es tan fuerte, el análisis objetivo, encuentra muchas más influencias que lo debido.
Escribo esta columna, desde el hotel Brasil Palace ubicado en el centro geográfico de Belo Horizonte, mientras “arrumo” dicen acá, el equipaje y espero que el bus, que me trajo una vez más, a esta capital mineira, me devuelva a Río de Janeiro; es evidente que la logística de un viaje tan complejo por las distintas sedes a donde nos llevó Conmebol y el Seleccionado Nacional, contemplaba los días finales de esta Copa América, en la sede donde se va a definir esta cuestión y que estaba dentro de las expectativas, que ese partido final lo tuviera como protagonista al combinado de nuestro país.
Ese pálpito conllevaba un riesgo, pero tampoco se trataba de una moneda al aire, ya que Argentina había jugado ese encuentro de cierre de torneo, en cuatro de las últimas 5 ediciones y si bien, en lo previo, las señales no eran claras por el pobre nivel de juego y a la identidad de un equipo en etapa de transición, por sus valores individuales y la mística de una casaca con enorme predicamento en el continente, lo colocaba naturalmente, como uno de los candidatos a presentarse en el estadio Maracaná el domingo 7 de julio.
Ahora y con el diario del lunes, este pasaje me lleva a un lugar equivocado y en el cual, otros aficionados serán los que se ilusionen, con celebrar una conquista de esta dimensión.
No serán los argentinos, los que muden desde esta ciudad a la Bahía de Guanavara, el ingenio y esa clásica presunción de pertenecer al planeta de los mejores; no preguntarán, que sienten los brasileños, al tener en casa a “su papá”, no se referirán a Pele de manera socarrona, ni gastarán a cuenta por un título que estaría al caer y nada menos, con los anfitriones como meros espectadores.
Nada de todo ese espectáculo callejero se va a desplegar sobre la Av. Atlántica de Copacabana y entonces, la vuelta a Río es solo una escala, para luego tomar aire y rectificar el rumbo hacia Sao Paulo, el punto final de este derrotero, para asistir al último partido del equipo albiceleste que no tendrá ni el glamour ni las luces de la final, será un sábado mortecino y de insignificante interés, porque, la competencia lo puso en el lugar adecuado a las circunstancias.
Despedirse por la puerta de servicio, siempre resulta algo mortificante para los equipos que han escrito la historia grande de este deporte y que procuran, no con pocas dificultades, seguir haciendo equilibrio en la cresta de la ola. Argentina, potencia indiscutible en el fútbol, por títulos y por una genética que le ha permitido, proveer al resto de las principales ligas, de los jugadores más brillantes de todos los tiempos, 3 de los 5 más influyentes de todos los tiempos, nacieron entre nosotros, Alfredo Di Stefano, Diego Maradona y Lionel Messi, vive un tiempo de grandes postergaciones en la renovación de aquellos logros y acumula mas de un cuarto de siglo, sin títulos con su seleccionado mayor.
Miro otra vez el horario de la partida, no sea cosa, que el tránsito por momentos alocado de esta mega ciudad, me retrase y además, de seguir mordiendo el polvo de la noche del Mineirao, esa falta de previsión, me imponga quedarme unas horas más, en una región, donde de alguna manera, fuimos felices en tiempos del Mundial, pero que un lustro después, nos dejó otra cicatriz, que acumuladas, son parte, de una indeseable, identidad futbolera.
Lo del sábado será algo bizarro, los albicelestes no están emparentados con esa instancia de definir, un lugar en el podio, varios escalones debajo del campeón; será una nueva experiencia para este cronista, que a pesar de esta queja, admite, que ha tenido mucha fortuna siguiendo a la Selección argentina por todo el mundo y en las ultimas décadas,
las estadística son irrefutables, al menos en este tipo de competencias.
La ultima vez que un combinado nacional jugo por el tercer puesto, fue en 1987 y paradójicamente, esto se dio en la edición jugada en nuestro país, en aquella oportunidad, cerró pobremente esa competencia, cayendo en Buenos aires 2 a 1 ante el Seleccionado Colombia y finalizo en 4to lugar.
No habrá final, si, este curioso consuelo.

“HUBO BUENAS SEÑALES,
PERO FALTA MUCHO TRABAJO”

Lo dice con la autoridad de campeón y también, de hombre mediático, que es el lugar en el cual, hoy se lo encuentra a Oscar Ruggeri. "Tuve una buena sensación a pesar del final, hay un grupo de jugadores nuevos que seguramente, nunca se olvidarán de esta noche. Estos partidos te marcan y siempre serán un referencia, aún en la derrota. Ojalá que saquen buenas conclusiones, jugar en un estadio como este, sintiendo la presión, motiva pero también te llena de preguntas. Acá vas aprendiendo a tomar las mejores decisiones y que cosas no debes hacer en un partido donde hay tanto en juego", dice el Cabezón.
Ruggeri fue parte de una generación que ganó todo en los equipos que integró, tanto en clubes como con la albiceleste, temperamental, polémico y muy arraigado a un estilo que ya no tiene sucesores. "El sentimiento no se delega, nosotros en el vestuario de un partido como este clásico tan esperado, nos alentábamos con mucho fervor, era necesario, frente a Brasil, tenés claro que podés perder, ellos siempre han tenido equipos bárbaros y una manera de activarlos, era con entrega y buena táctica. Hoy se vio un equipo que no habíamos visto antes en esta Copa por eso me duele menos quedar afuera, pero no es suficiente, se necesita mucho trabajo y constancia para volver a tener un nivel de alta competencia".
Palabra de Capitán, del último de los mohicanos.

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