En busca de… Centro Cultural La Fábrica, protagonista

La Palabra 06 de julio de 2019 Por
Había una vez… y sigue habiendo Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina conocida como IMPA, es una de las principales empresas recuperadas del país. Dedicada al procesamiento y comercialización de aluminio en sus fases de fundición, laminación, extrusión e impresión. Su derrotero que llegó a ser incierto y preocupante, se fue ordenando con el tiempo. La lucha, la perseverancia, la actitud, el esfuerzo mancomunado de muchos permitió que esté en pie. Pero además, que el lugar de las maquinarias, también permita el desarrollo de la actividad cultural con un centro de gestión permanente. Conversamos con Alicia Unzalu, fundadora y dirigente del espacio didáctico y educativo.
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1 / 2 - archivo IMPA - Ingreso a la cultura: El Centro Cultural “La Fábrica” recibe a quienes deseen participar

LP - El amplio edificio alberga muchas propuestas.

A.U. - El bachillerato, una diplomatura de promotores de salud, algunos profesorados. También dentro del espacio hay otras cooperativas, una de diseño industrial compuesta solo por mujeres, otra para medios de comunicación alternativos, una librería profesional. Y se abrió el museo que trata de mostrar la historia del lugar. Y en el cuarto piso tenemos radio y televisión con Barricada TV y Radio Semilla. Antes estuvo Subte Radio de los empleados del subte.

LP - ¿Y qué produce la fábrica recuperada propiamente dicha?

A.U. - Los compañeros producen envases de aluminio como ser pomos para pinturas, adhesivos, cementos. Y papel aluminio para envoltorio y bandejitas de aluminio corrugado.

LP - Las actividades del Centro Cultural son múltiples y variadas también.

A.U. - Tenemos alrededor de treinta talleres de oficios y artísticos por donde pasan más de cuatrocientos alumnos por año. Tenemos varias obras de teatro los viernes y sábados. Armamos un taller de electricidad domiciliaria, otro de 3D pero aprenden a hacer su propia impresora, también de serigrafía que es una salida laboral. Como la época es muy difícil apelamos a hacer convenios con sindicatos, con organizaciones para que puedan participar con un descuento y pueda venir más gente a los talleres y a las obras. Tenemos dos seminarios teatrales, de percusión, canto con caja.

LP - ¿Cómo es la forma de trabajar?

A.U. - Hay un muy buen clima. Por esto de respetar, que no todos pensemos igual, a veces alguna gente que ha venido y no conoce el lugar suelen hablarlos del trato, del cariño. Este año pusimos como norma que, al comienzo de cada actividad, cada director de grupo firma con nosotros un nota de qué es violencia y que acá adentro no. Terminamos diciendo “no es no” en todos los órdenes de la vida. Y en la nota pedimos que la lean a sus grupos y si surgen dudas tienen un lugar donde consultar con la confidencialidad garantizada.

LP - Hay lugares destacados en la institución.

A.U. - En estos tiempos fuimos como inaugurando sectores. El primero fue el Teatro Nora Cortiñas. En esos momentos de soledad que tuvimos ella siempre estuvo. Por el dos mil ocho pensé esta mujer está donde es necesario, no donde es políticamente correcto. Después inauguramos la sala Mirta Baravalle. Al principio empezamos con un evento de Derechos Humanos que era Derechos Humanos ayer y hoy donde el primer homenaje se la hicimos a Chicha Mariani en vida. Siempre para garantizar el aspecto económico para los compañeros que tienen que vivir de esto, por lo menos aportar y por otro lado también ser solidario. Y cada vez que hacemos una actividad que no se cobra entrada pedimos un alimento no perecedero que después se llevan los comedores de los compañeros de La Garganta Poderosa.

LP - ¿Qué tenés para decir teniendo en cuenta tantos años dedicada a esta actividad?

A.U. - Lo que siento es que somos una construcción sólida, como dije, siempre pensando cómo organizarnos mejor para que seamos más democráticos. Y por otro lado, que es lo que sentimos todos después del receso de verano al llegar, es qué suerte que volvimos. Porque IMPA es un refugio de la resistencia en todo su sentido, con todos los problemas que hay en todo grupo humano, pero esto es un símbolo de aguante y al mismo tiempo de creatividad, de cosa ofensiva en la creatividad, en la educación, en la lucha.

LP - ¿Cómo analizás el fanatismo en la participación de los militantes?

A.U. - Así como hablo de lo pacífico te digo que cuando salimos también somos picantes. Hay una cosa maravillosa que hacen nuestros compañeros de Impacto todos los años que es la intervención los 24 de marzo. La vez pasada fuimos con el “chancho burgués” con traje que iba sobre un carro con los trabajadores agarrados con sogas y era una cabeza real del chancho. Tenemos una postura que nos es social, una cosa es lo fraternal. A veces la infiltración también se da. Y puede haber también alguna organización que crea que ésa es la forma. Hay cuestiones de intolerancia, hay cuestiones de sectarismo y de fanatismo, pero me parece eso responde más a lo perdido. Creo que nuestros treinta mil no es solamente la pérdida dolorosa de nuestros compañeros, sino también la ruptura de vasos comunicantes entre las generaciones de lucha de los sesenta y setenta, y lo que vino después. Y eso nos dejó famélicos. No es casual el bajo nivel político que hay en general, y eso después lleva a esto de que el árbol nos tapa el bosque.No voy a hacer idealismo, pero ante la gravedad del ataque de la Triple A y demás me acuerdo que militaba en el trotskismo que fue el primer local atacado esa agrupación, se llevaron a los compañeros y los mataron. Cuando llegamos al local que estaba en Once estaban todas las fuerzas políticas, no faltaba nadie, porque no importaba que eran los trotskitos lo que importaba era que habían atacado a un partido. Hoy hay mucha violencia y lo importante es que el árbol no nos tape el bosque. Hasta hace poco veíamos a los sectores peleándose en público.Esto trae mucho debate porque es una construcción que está en camino. Todo lo nuevo molesta. Lo importante es lo central, y no es el hombre o la mujer, sino el patriarcado. Y eso nos atraviesa a todos, porque no es casual, por lo general, quienes crían a los hombres son las mujeres. Y nos hacemos cargo. Es un momento de cambio. Más allá del duro momento que vivimos, es para apostar.

LP - ¿Por qué elegiste la Psicología social?

A.U. - Terminé sexto grado en Rafael Calzada y tuve que salir a laburar. No hice el secundario. Y viajaba a la casa de mis tíos en Merlo y me traía unos libritos rojos que los leía y no entendía nada. Con el tiempo me enteré que esos libritos eran las obras completas de Freud que mi tía me prestaba.Pero me di cuenta mucho después, y estaba esto de no haber podido hacer mi secundario que logré en el bachillerato de acá. Pero un día a través del colegio de mi hija, empecé en el grupo de teatro, y me encuentro con una amiga que me informa lo de psicología social y como tenía mucha experiencia de trabajo con la gente, busqué una cosa muy fuerte en lo intelectual, en la formación y fui a la Escuela de Pichon Riviere con Ana Quiroga. El hecho de que al mismo tiempo me formé y empecé a trabajar con los compañeros de Cedepo -Centro Ecuménico de Comunicación Popular- que son los primeros que traen los libros de técnicas participativas, y era una comunión entre estas dos cosas. La última vez que vino Pablo Freire a la Argentina, habíamos armado el centro de estudiantes y nos dieron la seguridad de Pablo, y realmente hablando con él, entre Pichon y Pablo lo que es matrices y aprendizajes tienen la misma visión. Entonces para mí fue una mezcla donde las dos herramientas las uso todo el tiempo. Porque tiene que ver con la formación que uno recibe en la Escuela de Psicología social donde aprendés a ver ciertos emergentes.

LP - ¿Para qué vivís?

A.U. - Vivo para luchar y disfrutar de la vida. Aun sabiendo que todos los días hay que pelearla, pero hacer como dice Eduardo Galeano con el horizonte. Este es un momento en el que hay que preservarse mucho, hasta en lo físico hay que cuidarse.Salvo en los primeros seis meses de la dictadura después no podía dejar de buscar la mitad del vaso lleno que son estos pequeños gestos solidarios que podían darse en los momentos más terribles. Eso es lo que me mantiene viva.

por Raúl Vigini

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