Si decimos IMPA, decimos…*

La Palabra 06 de julio de 2019 Por
por Alicia Unzalu - fundadora y dirigente del Centro Cultural “La Fábrica” (Buenos Aires)
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archivo IMPA - Plena producción: Operarios de la cooperativa de trabajo IMPA

Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina, porque esto era un complejo de varias fábricas. Se construyó en el año veinte, acá y en algunas de las otras plantas se hacía hasta fuselaje de avión. Y sí se hacía acá la bicicleta Ñandú que repartía Eva Perón. Por eso es una fábrica con muchísima historia. De todas las plantas quedó ésta. Primero fue nacionalizada por Perón, cooperativizada por Frondizi y en el año noventa y ocho cansados de que la cooperativa no era tal ahí es cuando ellos la toman. En mayo del año dos mil dieciocho se cumplieron veinte años de la recuperación. Mientras tanto la fábrica fue teniendo vicisitudes porque estaba en un lugar clave de la ciudad de Buenos Aires y había mucha hambre sobre el lugar. Cuando los compañeros recuperan se acercan algunos militantes metalúrgicos y lo que proponen es devolverle a la comunidad parte de lo que la comunidad da en estas luchas, y ellos plantean el tema de educación y de cultura. Se abre el bachillerato. Con mucho orgullo hablo de los compañeros porque empezaron sesenta docentes para sostener un bachillerato en forma sistemática sin cobrar un peso y los pibes en la primera camada ya salieron con título oficial. Después se organizaron en cooperativa y hoy cobran salario. Ahí funcionó también el primer centro cultural que duró poco tiempo. Los compañeros empiezan a trabajar, el bachillerato se suspende y después vuelve, ahí me van a buscar. IMPA ha sido el baluarte para la recuperación de muchas empresas como el Hotel Bauen, Maderera Córdoba, Globos Global. Pasaron un montón de cosas y por primera vez entran en quiebra por el dos mil ocho. Hubo dos intentos de sacar una ley que había en la ciudad como tenencia provisoria de las cooperativas, pero el juez de la quiebra la tiraba a la basura. Una compañera que ya falleció me había venido a buscar con su hija por el tema de las mujeres, porque no había experiencia previa militante en fábricas recuperadas. ¿Viste cuando se habla del amor que tiene mariposas en el estómago?, bueno, ellas tenían mariposas cuando tenían que hablar con un diputado o con un juez. Entonces empezamos a trabajar en cuestiones de formación. Después viene la quiebra y se produce un momento de mucha soledad en IMPA. Estas dos compañeras me vienen a buscar para reabrir el centro cultural, y porque hay que volver a rodear el IMPA de gente y la verdad que lo logramos. Nadie daba dos mangos, ni siquiera los compañeros de la cooperativa.

El Centro Cultural estuvo sin actividad varios años…

Sí, a mediados de dos mil ocho me vienen a buscar, empezamos a ver qué cosas habían sido buenas del otro centro cultural. Hicimos una evaluación de lo bueno y de lo malo, de lo que había que aprender. Y el primero de mayo de dos mil nueve largamos la fundación partiendo de cero con un lugar histórico. Y eso era una ventaja. De cero porque entre nosotros juntábamos la plata para limpiar los sectores. Hay una anécdota que era el karma: ni siquiera la manguera. Había que comprar una manguera para la hidrolavadora y no podíamos, entonces les digo hagamos una peñita. Vinieron doscientas personas sin movernos, estábamos chochos porque recuperábamos la plata nuestra y comprábamos la manguera. Y le terminamos dando la recaudación a la cooperativa porque eran los años duros para ellos, y después la devolvieron. Sonia, que era la que tuvo la idea con su hija, era de pocas palabras, mucha reflexión y bajaba línea a lo pavote. Le pregunté qué quería cambiar de lo anterior y me dijo que los baños tenían que estar limpios, que la gente para adentro tenemos que cuidarla y así todos reconocían cómo estaba el lugar. Un día dijo: a mí me parece que el arte y la cultura en una empresa recuperada no puede ser igual. La conclusión que sacamos de allí es que nosotros no íbamos a hablar de artistas, íbamos a hablar de trabajadores del arte. Y esa fue nuestra columna vertebral. Nunca tuvimos subsidios. Pero fuimos aprendiendo. Estamos hablando de trabajadores y su tiempo vale. Cada uno de los talleristas le pone precio a su trabajo y su tiempo vale. La gente paga por adelantado y se puede equilibrar para el que quiere y no puede. Y así los primeros becados fueron los alumnos del bachillerato. Uno de los compañeros que después integramos armó una programación teatral. Nos llaman del Centro Cultural Rojas para darnos una mención por el desarrollo teatral. Las obras no están más de un mes en cartel por la cantidad de propuestas que tenemos. Son de grupos de teatro nuestros y otros que vienen de afuera. Con recursos técnicos limitados, pero con un desarrollo con el que estamos contentos.Cuando empezamos hicimos talleres de formación interna, fuimos avanzando y la verdad es que los objetivos los fuimos cumpliendo. Soy psicóloga social y educadora popular, entonces armamos un taller de metodología para planificación. El día que nos reunimos para hacer la planificación vino la cooperativa y nos dijo que se venía el desalojo. Ya habíamos tenido en dos mil ocho ese intento del juez y a la noche desalojó violentamente la fábrica con un operativo impresionante. Había un gran apetito porque querían el terreno para hacer negocios por intereses creados. Nosotros recién empezábamos y el bachiller ya estaba. Entonces articulábamos así: a la mañana producía la fábrica, al mediodía el bachiller hacía las clases abiertas en la puerta, y con ellos desde la media tarde hasta la madrugada -todos los vecinos se bancaron eso sin denunciar, sin enojarse- manteníamos la fábrica ocupada. Lo tuvimos que hacer dos veces cuando le sacaban el expediente al juez así no corríamos riesgos. Hasta que un día, Sonia, la que hablaba poco, me dijo: tenemos que sacar la ley. Estás pensando en el Congreso Nacional, le dije. Sí, me respondió. Bueno, el no ya lo tenemos. Fuimos a mesa de entradas con una carpeta con todo lo que funciona acá, y pedimos sacar por el Congreso Nacional la ley. Llevó tiempo, pero finalizando el gobierno anterior, la ley nuestra había pasado a senadores y quedó firme. Entonces este espacio está expropiado por el Congreso Nacional en comodato a la cooperativa en la medida que tenga su forma cooperativa. Y por todas las cosas y las vicisitudes se agregó un punto donde queda la educación en manos del bachillerato y la cultura en manos de nuestra asociación. Esto ocupó la mitad de los diez años de vigencia del centro.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Alicia Unzalu

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