Sensaciones y sentimientos

Sociales 25 de junio de 2019 Por
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TANGOS MUY PASIONALES
Contamos en encuentros anteriores con ustedes, lectores atentos, la historia de “Rosa de fuego”, pavorosa mujer que abrasaba a los hombres al abrazarlos, pero no es ese el único tango que la referencia. Tampoco el que se llama “Pasional”, de autoría de Caldara y Soto y que parecería el más cargado e intenso. (…“Tus labios que queman / tus besos que embriagan / y que torturan mi razón / sed que me hace arder y que me enciende el pecho de pasión…”).
¿Puede haber tangos con más pasión que esos dos?
Si. Carlos Bahr fue uno de los poetas que aportó su arte a las letras surgidas en los cincuenta y sesentam y le dio inusitada fuerza a sus contenidos. Como en el caso de “Muriéndome de amor”, uno de los ejemplos más claros de tangos emparentados con los boleros, al punto que entre sus mejores versiones está la del especialista Roberto Yanés.
“Tu boca puede más que mi cordura / y me tortura la tentación / con solo imaginar que tú me besas / ardo en intensa fiebre de amor / … hay algo siempre en ti que me provoca / y hay algo siempre en mí que me apasiona / y en medio de los dos la furia loca / que enciende la pasión en nuestras bocas / …qué embrujo del amor caldeó mi sangre / qué fiebre me enardece el corazón / y anima en mi flaqueza irresponsable / el ansia irremediable que puede más que yo.”
También se hace presente el límite moral en las letras de Bahr, quien recibiera el aporte del compositor Manuel Sucher. De los dos surgieron, además, “Prohibido” y el emblemático “Pecado”.
Dice “Prohibido”: “Yo sé que aunque tu boca me enloquece / besarla está prohibido sin perdón / y sé que aunque también tú me deseas / hay alguien interpuesto entre los dos /… el deseo nos junta / y el honor nos separa /…tu destino es quererme / mi destino es quererte / y el destino es más fuerte / que el prejuicio el deber y el honor”
“Pecado” ganó la preferencia de consagrados cantantes del nivel interpretativo de Rosamel Araya y Simone, entre muchos más. La versión de Caetano Veloso es indiscutiblemente antológica.
“Yo no sé si este amor es pecado / que tiene castigo / si es fatal a las leyes honradas / del hombre y de Dios / solo sé que me aturde la vida / como un torbellino / que me arrastra y me arrastra a tus brazos con ciega pasión / Es más fuerte que yo que mi vida / mi credo y mi tino / es más fuerte que todo el respeto / y el miedo hacia Dios.”
Al mismo tiempo y en sentido inverso, boleros y canciones de distintos orígenes americanos fueron recreadas por orquestas y cantantes argentinos, con su misma esencia pero habitadas de una sensibilidad nueva
Hay un elemento común en estas obras quemantes de pasión; es el que, usando casi las mismas palabras en todos los casos, confirman la voluntad de no renunciar al amor por más que no sea legítima su aspiración (“aunque sea pecado te quiero / te quiero lo mismo / aunque todo me niegue el derecho / me aferro a este amor”)
El canto y la vida guardaron raíces en campos sembrados de vivencias profundas. Dejaron interacciones de no siempre visibles contactos, y un tiempo estacionado en las hondas, inquietantes sensaciones a partir de sentidas imágenes.
Pocas variantes de la pasión –o posiblemente ninguna- quedó sin ser integrada. “Sigamos pecando” y “Entrega total”, entre otras, son ejemplos de esta corriente unificadora del canto.
La música, con todo el sentimiento fundamental que incluye y hace más completa a los humanos, debe haber quedado, más aún que agradecida, esencialmente enriquecida.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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