Expediciones por el monte en Campo del cielo

Información General 19 de junio de 2019 Por
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Una expedición por el monte siempre entusiasma, aunque los propósitos sean puramente científicos. Internarse en las picadas abiertas a golpe de hacha y machete, silenciando las bandadas de chillonas cotorras, loros y chartas o alentando el paso de una tortuga que camina lentamente por el estrecho sendero, árboles caídos, secos, ramas sin vida, troncos retorcidos, una naturaleza que parece haber sido esculpida a golpes, donde todo es áspero, duro, espinoso.
Es notable y pintoresco -en contraste- el monte abierto que los yanquis llaman "sabana Woods" con sus manchones de árboles formando isletas entre los pastos amarillentos. El otro tipo de monte es el cerrado o monte fuerte, penentrarlo es casi imposible, sino es abriéndose paso a machete.
Arboles espinosos, algún ejemplar de quebracho colorado o blanco, algarrobos gigantescos, breas, itines, simbol, palo azul, vinal y palmera carandaí.  A veces puede penetrarse en él por angostos senderos abiertos por las vacas o los chivos. En el monte cerrado jamás hay viento. Ni la más leve brisa. El calor es allí intenso y el silencio parece ser parte de la tierra misma.
Aquí sopla de modo constante el viento norte, arrastrando cantidades impresionantes de tierra suelta, que lluvias aisladas no alcanzan a aplacar. 
Solo en el monte se puede descansar del viento. Es un refugio para templar los nervios y encontrar la calma.
Pero el monte absorbe los secretos de una doble vida vegetal y animal con los más preciosos y variados trinos y colores, y también con sus alimañas y fieras.
Junto a boyeros, tordos, pájaros carpinteros, brasitas 1 y dormilones 2, conviven pecaríes, zorros, guasunchos, gatos monteses y víboras  de varias especies. Si bien de estas últimas solo he podido ver en abundancia yararás y víboras de la cruz, sé por los lugareños, que existen también la de cascabel y otras especies tan peligrosas como estas. En general, las víboras  huyen ante la presencia del hombre, pues el ruido las espanta. Es así que la mayoría de las personas con mordeduras, han sufrido la picadura al pisarlas.
Salen de sus cuevas los días de calor y sol radiante. Sobre todo cuando sopla el viento norte, hay que tener especial cuidado al caminar entre los pastos altos. Raramente se las ve de noche. Un 60% de las personas muere al ser mordidas por la yarará si no han recibido el suero antiofídico a tiempo.
El suero debe aplicarse lo más rápidamente posible  después de la mordedura pues después de algunos minutos, el veneno ha entrado en el torrente circulatorio y la salvación del enfermo es muy difícil.
La mordedura de la yarará, cualquiera sea el tamaño de la víbora es siempre grave. El veneno tiene una intensa acción  destructiva de los músculos y con frecuencia provoca gangrena. He visto un niño de 7 años mordido por una yarará. A una hora de la  picadura y ya aplicado el suero, se sumergió en un sueño delirante con transpiración fría y una temperatura de 40ºC. Este estado pareció hacer crisis cinco o seis horas después cuando el enfermo se sumergió en un sueño más sereno y su pulso se fue normalizando lentamente.
Los lugareños  toman las víboras con la mano agarrándolas por la cabeza rápidamente, desde atrás e inmovilizándolas de esta manera la colocan en botellas de aceite (por su boca ancha), de donde las traspasan después a los envases especiales del Instituto Malbrán de Resistencia. otros las enganchan con un palo con horqueta por la mitad del cuerpo y así las levan hasta el recipiente.
Las víboras cambian varias veces al año su piel y así se ve en muchos  lugares escondidos o en los huecos de los árboles, las camisas o las mudas que van dejando en su camino. La piel de la víbora es elástica, pero la capa exterior se muy rígida, razón por la cual la víbora debe  mudarse varias veces a medida que se desarrolla. La camisa se desprende y luego la serpiente va saliendo de ella poco a poco como si fuera realmente una camisa sacando primero la cabeza y después el resto del cuerpo. A veces la muda queda íntegra como si fuera un guante y se ven claramente en ella la forma y el número de escamas del reptil, por lo cual hasta podría reconocérsela.
Hay lugares del monte en que se parece estar viviendo un paisaje africano, en que a falta del león de impresionante melena, aparece el puma, temido por su astucia y ferocidad.
Me contaba el administrador de la Estancia "San Lorenzo", en Santiago del Estero, que en el año 1964, en quince días los pumas habían muerto tres mulas y seis caballos. La estancia está rodeada por un espeso monte, seguro refugio para las fieras y de inaccesible acceso para el cazador. Sin embargo el puma siempre vuelve al lugar del crimen, pues ha dejado allí bien escondidos los trozos de carne fresca que no ha podido devorar. Es en esa oportunidad cuando las partidas de gente avezada le dan muerte. A otros los matan envenenado la carne que la bestia ha dejado enterrada.
Pero ha sucedido algunas veces que el puma no vuelve a buscar los restos  de su víctima, o bien por haber logrado una nueva presa o por haber olfateado la presencia del hombre.
la pregunta que nos hacemos es esta:  si el reino animal es tan prolífico, ¿qué nos deparará en el futuro el reino mineral, acerca del cual se abren tantas posibilidades desde el punto de vista científico?
Después de una jornada larga y fatigosa, nada mejor que un rato de descanso en el silencio del monte, a pesar de las alimañas, de los pumas y de los incontables peligros que nos pueden acechar en cualquier momento.




1 nombre vulgar aplicado a un pequeño pájaro que ostenta copete rojo. En algunas partes se lo llama "fueguero", "solcito" y "churrinche". los guaraíes lo llaman "guirapitá" o sea "pájaro de fuego " o "pájaro colorado".

2 Curiosa especie, que por el tamaño, plumaje y pies cortos recuerdan al avión, pues se conducen como si no tuvieran pies. Se los encuentra en los caminos, por lo cual se los llama también "ataja caminos", se levantan del suelo de improviso y vuelan muy cerca del suelo para volver a posarse de nuevo en él. Por esta razón algunos también lo llaman "pájaro zonzo" o "pájaro bobo".

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