En busca de… Ingrid Briggiler, escritora y médica

La Palabra 15 de junio de 2019 Por
Literariamente saludable Con inquietas vivencias familiares, valiosos liderazgos desde su adolescencia, importantes desafíos en la juventud, encaró un proyecto personal sensible hacia sus semejantes. Estudió en la Universidad Nacional de Rosario con sede en la capital santafesina y actualmente está radicada en la ciudad de Buenos Aires desde donde canalizó su energía positiva en desarrollar emprendimientos que hoy son destacados en la sociedad. En su lugar de trabajo ofreció esta charla con LA PALABRA para compartir su experiencia que incluye una visita a la casa de Gabriel García Márquez.
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1 / 2 - archivo La Palabra - Emprendedora: La Palabra con Ingrid Briggiler en su lugar de trabajo

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LP - ¿Cuántas veces lloraste en el viaje?

I.B. - No sé si lloré antes del robo. Después del robo sí. Estuve muy triste. También lloré cuando me metí en el río de Aracataca de la emoción. Fue una emoción muy grande porque tal cual como ocurre en Cien años de soledad, estaban las abuelas bañando los nenes en el río, lavando la ropa en el río. Dije: no puede ser. Se escribió hace cincuenta años el libro y pasa lo mismo. Es increíble. Me sentía adentro de Cien años de soledad. Dije me tengo que meter. Me metí, me bañé, pedí jabón, me lavé, hice lo mismo que hacían ellos.

LP - ¿De qué se habla con García Márquez en una charla de dos horas?

I.B. - Y eso era mi inquietud, porque dije de qué voy a hablar. Tenía preguntas y todo preparado, por supuesto que yo ya conocía las respuestas porque había visto todas las entrevistas que él dio. Lo que más me sorprendió es que ellos me hacían más preguntas a mí de las que yo les hacía a ellos. Estaba él, después apareció su señora Mercedes y estaba Mónica. Los cuatro charlando. Me decían “¿Pero, cómo que venís de la Argentina? ¿Cómo que hace tres meses que estás viajando? ¿Cómo que sos médica? ¿Cómo que te gusta escribir si sos médica? ¿Qué tiene que ver?”. Y así. Entonces charlamos de eso, de Argentina, le conté que en nuestro país en todos los colegios leemos algunos de sus libros. Y él hizo un chiste ahí de qué no llegaban las regalías, así que debían ser fotocopias. Charlamos de la situación lamentable de inseguridad en Latinoamérica.

LP - ¿Quisiste saber algo en particular de su trabajo como escritor?

I.B. - Sí, por supuesto. Dije, bueno, quiero que me dé la receta de cómo escribir como él. Entonces le dije: Vine acá porque quiero ser escritora y quiero que usted me enseñe a escribir. Y él me dijo: “Es muy fácil. Escribir se aprende como a cantar, cantando, y como a bailar, bailando”. Genio. Genio total. Las dos horas pasaron rapidísimo. En un momento me dice: “¿Querés ver mi estudio?”. Así que me pidió que lo ayude a levantar del sillón, y me dijo: “Dame la mano y vamos juntos”. Fuimos del brazo cincuenta metros caminando desde el living, pasamos por el patio, y en el fondo había un cuadrado que era el estudio, blanco, divino, con todo vidriado, con libros, con cuadros, con fotos con todos los presidentes más importantes del mundo, premios por todos lados, y su bibliografía encuadernada toda en rojo, discos, música también. Una maravilla.

LP - ¿En qué términos concluye ese encuentro?

I.B. - Hablamos bastante varias veces después. Le enviaba correos electrónicos. Dos veces lo llamé para su cumpleaños. Siempre me atendía muy generoso. Seguimos en contacto con la esposa a quien saludo para su cumpleaños también. Quedamos en una muy buena relación.

LP - Hoy a la distancia ¿Qué aprendiste con Gabriel García Márquez?

I.B. - Creo que lo que más aprendí de él es que una persona curiosa como era Gabriel no podía con su genio y me hacía preguntas a mí, porque decía que se aburría de escucharse a sí mismo. Quería que yo le cuenta cosas. Y siempre me decía: “Bueno, si no me lo contás me lo invento”. Porque él quería ideas nuevas, ideas frescas. Y una persona curiosa no pierde la ingenuidad, no pierde la frescura, no pierde el humor, y eso fue lo que descubrí. Además, que muy humilde, porque sentados en un living con la mayor de las tranquilidades, dos horas. Imaginate que podríamos haber estado quince minutos y yo ya estaba contenta. Y por más que sea una estrella internacional, una figura de renombre, un premio Nobel de Literatura, pueda tomarse unas horas de su vida para compartir con alguien que a él le parecía quizás interesante o quizás diferente, o nuevo. Y creo que eso es invalorable.

LP - Pero la inquietud en tu vida no se termina. Después de eso que fue cumplir un gran sueño, ¿tenías otras cosas para desarrollar?

I.B. - Sí. Siempre estoy buscando cosas nuevas por hacer. Cuando estaba en la mitad de mi residencia médica, dije retomar una idea que tenía en mente, que es poder conectar médicos y pacientes de manera inmediata a través de una aplicación. Como médica, incluso en la facultad como estudiante, veía que los pacientes querían hablar con el médico fuera del horario del consultorio, le enviaban mensajes por teléfono, por Facebook a cualquier hora, y yo les contestaba porque entendía de esa necesidad. Porque yo como paciente también lespreguntaba a colegas de otras especialidades. Y siempre tenía la facilidad porque obviamente era médica. Y empecé a trabajar fuertemente para desarrollar lo que se llama Llamando al doctor, que es un servicio que acerca a médicos y pacientes en una aplicación mobile. La idea se me ocurre, pero no bien empiezo a investigar de qué se trata comprobé que existía en otras partes del mundo y me puse contenta. Dije: existe, está validado, y funciona. Me empecé a meter en el mundo emprendedor que desconocía totalmente, y a participar de concursos para emprendedores. En dos mil dieciséis gano un concurso de emprendedores, había terminado mi especialidad y ya era tocoginecóloga. Mi primer emprendedor me dice que están listos para invertir en mi proyecto, pero tenía que dejar lo asistencial de la medicina. Y ahí fue otro desafío, otra encrucijada de mi vida, porque dije tanto tiempo estudiando medicina, preparándome, además era algo que me encantaba. Porque todo lo que hago lo hago con pasión o no lo hago. Y tomé la decisión de hacer el cambio porque pensaba -y después comprobé que es así- que puedo ayudar a muchos más pacientes a través de una aplicación como este sistema Llamando al doctor que uno a uno en el consultorio. Ahora los atiendo a través de la plataforma.

LP - ¿En qué consiste concretamente Llamando al doctor?

I.B. - Es un servicio de telemedicina que conecta a médicos y pacientes a través de una aplicación mobile, donde el paciente tiene instalada la aplicación Llamando al doctor en su celular, aprieta un botón, pone sus antecedentes y dice: quiero hablar con un médico y en ese mismo momento habla con un médico. Puede elegir al médico o no, pero en general llaman para especialidades. Atendemos tres especialidades: medicina general, pediatría y tocoginecología. Y tenemos convenios con obras sociales, prepagas y aseguradoras, para que el servicio sea gratis para el paciente afiliado.Tienen acceso a hablar con un médico las veinticuatro horas. Todos nuestros pediatras son del Hospital Garraham y eso da un nivel de calidad de nuestros servicios. Tiene un componente de ayuda social porque imaginate aquellas personas en áreas rurales donde un médico tiene que hacer muchos kilómetros con el gasto que eso implica, entonces es un servicio que democratiza el acceso a la salud. Cualquier persona con un teléfono móvil podría hablar con un médico hoy, y eso es invalorable. Muy valioso.

LP - ¿Cuál es el próximo paso de este emprendimiento?

I.B. - Este año queremos incorporar más países, estamos en tres países de Latinoamérica: Uruguay, Bolivia y Argentina. Lanzamos este mismo mes en Perú, el mes que viene en Brasil, así que queremos ir expandiéndonos en toda la región.

LP - ¿Qué balance hacés de todo lo que te sucedió en tan poco tiempo?

I.B. - Un balance muy bueno, por supuesto. Sigo estudiando y capacitándome. Creo que nunca voy a dejar de hacer cosas porque está en mi espíritu ser así, inquieta y todo el tiempo estar haciendo cosas nuevas. Todo lo que uno aprende en la vida, todo lo que uno experimenta, sirve para hacer mucho, sobre todo lo que aprendí este último tiempo. Atender a pacientes de otra manera, escuchar a los pacientes y saber lo que ellos necesitan, tener la capacidad de identificar problemas y resolverlos. Ese para mí es mi principal valor agregado personal.

LP - ¿Seguís escribiendo?

I.B. - Sigo escribiendo también. Tengo algunas notas donde cuento la experiencia como emprendedora.

LP - ¿Cuál es el mejor médico?

I.B. - El que sabe escuchar al paciente y responde lo que el paciente fue a preguntar. Porque a veces los médicos somos evasivos.

por Raúl Vigini

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