De justicialista vertical a compañero de fórmula

Nacionales 12 de junio de 2019 Por
Pichetto tiene 68 años y pasó 26 dentro del Congreso de la Nación.
FOTO NA MIGUEL PICHETTO.
FOTO NA MIGUEL PICHETTO.

BUENOS AIRES, 12 (NA). - Tras una extensa carrera dentro del Partido Justicialista (PJ), Miguel Pichetto se convirtió en el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri por Cambiemos y llegó así a la meta de un camino que empezó a transitar en 2015, tras la salida del kirchnerismo del poder.
Pichetto tiene 68 años y pasó 26 dentro del Congreso de la Nación: tuvo dos mandatos como diputado nacional, desde 1993 hasta 2001 y ese año, días antes de la crisis que derrumbó al gobierno de Fernando de la Rúa, asumió como senador.
Bajo el ala de Eduardo Duhalde, por entonces presidente interino, Pichetto se convirtió en jefe de la poderosa bancada peronista del Senado, cargo en el que luego fue ratificado por Néstor Kirchner y por Cristina Kirchner.
Cuando se lo consultaba sobre su lealtad a distintos presidentes, Pichetto siempre respondía lo mismo: "Yo soy dirigente del Partido Justicialista, cuando mi partido está en el Gobierno mi deber es acompañar".
Eso cambió ahora, porque por primera vez el senador se ubica en un espacio que tiene poco y nada que ver con el peronismo, aunque este desenlace empezó a madurar el 10 de diciembre de 2015, con su ruptura definitiva con el kirchnerismo.
Cuando Cristina Kirchner dejó la Presidencia el senador inmediatamente marcó que la acompañó "como corresponde al jefe del bloque oficialista" hasta el último día pero que, a partir de entonces, él recuperaba su "capacidad de pensar".
Pichetto no tardó en diferenciarse del discurso "progresista" del kirchnerismo para expresar ideas que muchas veces levantaron polémica, como cuando sostuvo que Cambiemos había hecho "kirchnerismo blanco" al aumentar la cantidad de planes sociales.
También dijo que la Argentina funcionaba "como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú", pero el senador no se cansa de afirmar que sus declaraciones no son xenófobas, sino parte de un análisis de la realidad.
En el transcurso de estos tres años y medio de gobierno de Mauricio Macri, Pichetto se consolidó como el garante en el Senado de las leyes pedidas por el Gobierno, siendo en un principio el encargado de negociar las condiciones puestas por los gobernadores peronistas.
Paralelamente mostró también cada vez con mayor frecuencia una faceta que durante el kirchnerismo reservó solo para las conversaciones privadas: una forma cruda de expresar ideas, alejada del "correctismo político" que, según dijo varias veces, le molesta.
En diversas oportunidades se puso en el papel de orientador al tratar de darle "lecciones" a Cambiemos sobre cómo gobernar: hubo varias sesiones en las que le recriminó a la Casa Rosada que "no expliquen" las medidas que toman y les recordó que "cuando uno es Gobierno pone la cara".
Su carácter áspero -que muchas veces puede llevarlo a enojarse hasta con un micrófono que funciona mal al grito de "no anda nada en este Senado"- lo llevó a terminar estableciendo una regla no escrita de la Cámara alta que al día de hoy todavía se cumple: está prohibido aplaudir.
Esa norma logró imponerla durante el kirchnerismo, cuando en lugar de manifestar su espanto por las gradas llenas de militantes que aplaudían a los suyos en la Cámara de Diputados (para él las "emociones" no son buenas para la política), optó por repetir varias veces que "en el Senado está prohibido aplaudir". Y así quedó fijado.
"La política no es para almas sensibles", suele decir el dirigente oriundo de la localidad bonaerense de Banfield y rionegrino por adopción, que acostumbra valorar la "razonabilidad" por sobre la "emoción".
En la conferencia de prensa que dio tras conocerse su candidatura a vicepresidente, volvió a hacer gala de esta característica en un momento en el que le falló la voz y aclaró: "No estoy emocionado. Las emociones no forman parte de mi temperamento".


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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