Abriendo la mente desde el arte

Información General 12 de junio de 2019 Por
"DESERTO"
Que el paso del tiempo modifica las ideas porque la sociedad es dinámica es algo que todos sabemos. Sin embargo, el proceso de abrir nuestra mente para aceptar esos cambios no es tan sencillo como parece. De hecho, sobran los ejemplos y, en todos los ámbitos, de lo que nos cuesta abrirnos y aceptar nuevas corrientes de pensamiento. Hace poco tuvimos la oportunidad de ver una obra artística que recomiendo como ejercicio para saber si somos tan abiertos como decimos o no. Deserto parte de un camino totalmente distinto al de la danza moderna tradicional. En principio, los bailarines tenían la posibilidad de hacer cambios impredecibles en ritmos, velocidad o dirección. Así, el espacio rompía el marco escénico conocido porque el uso de la improvisación era más importante que el uso de cualquier técnica del proceso artístico. Jugaron tanto con las luces y las sombras como con los silencios, los sonidos y la música. Quizás para algunos este conjunto haya tenido una apariencia desordenada en su estructura, pero, la verdad es que estaba muy bien pensada por sus creadores. No había posturas rígidas, ni movimientos que tuvieran puntos culminantes, ni tuvieron necesidad de usar determinadas zapatillas o vestuario. Esa
posibilidad de improvisar, de revelarse en una dinámica distinta en la que un bailarín podía moverse individualmente y el grupo lo seguía o, parte del grupo lo seguía mientras otro se apartaba, nos hizo percibir la obra desde una dimensión a la que no estamos acostumbramos quienes gustamos de la danza en general. La expresividad de los artistas fue fundamental para sugerirnos con sus cuerpos conceptos sobre los que deberíamos reflexionar. Desde mi percepción, en la obra se cuestionaba la alienación, las miradas rígidas sobre la sexualidad, el individualismo y la realidad. Este tipo de danza post moderna conlleva
una de las más valiosas cualidades que tiene el arte. Y ello es la representación real de lo que son las emociones, los pensamientos, la forma de vida del ser humano en su contexto histórico. Y el contexto histórico que vivimos hoy es el que nos exige abrirnos a nuevas concepciones, entender que lo que mueve al mundo no es lo mismo que hace siglos. Desde esta mirada no más cultura machista, no más diferencia salarial de géneros, no más femicidios, no más educación escolástica y no más tantas situaciones que creíamos
naturales pero que no lo son. Si el arte que opera en un continuo cultural, puede abrirse y transformarse sin perder su valor, quizás sea hora de que nosotros mismos aceptemos los cambios culturales que vivimos y entendamos que los tiempos son otros y que, si no nos adaptamos, quedaremos marginados de la realidad.

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